Peor aún: no son escasas las voces que incluso niegan la existencia del problema y afirman que el virus es tan solo un mecanismo de propaganda

De acuerdo con un estudio del Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud (IHME, por sus siglas en inglés), de la Universidad de Washington, en Seattle, Estados Unidos, el uso del cubrebocas y el sostenimiento de la distancia social son claves para impedir que el número de muertes por COVID-19 se incremente de forma alarmante.

Tan solo en Coahuila, de acuerdo con dicho estudio, el número de víctimas fatales podría llegar a 7 mil 31 muertos en diciembre próximo si estas dos medidas dejaran de observarse. Esto implicaría multiplicar casi por seis el número de muertos provocados hasta ayer en la entidad por el coronavirus SARS-CoV-2.

De cualquier forma, es necesario decirlo, las proyecciones del IHME no son halagüeñas para nuestra entidad, pues incluso si el 95 por ciento de las personas utilizamos rigurosamente el cubrebocas y mantenemos la distancia social, los decesos podrían rebasar los 3 mil 600.

Los desalentadores escenarios que los especialistas plantean, obligan a cuestionar si no hemos pasado un punto de no retorno en términos de lograr que la información correcta sea escuchada y atendida por la población general, sobre todo por los más vulnerables.

Puede parecer anecdótico, pero no lo es: las afirmaciones contradictorias que han realizado de forma insistente las autoridades sanitarias en torno al uso del cubrebocas acaso han “inmunizado” a la población sobre la necesidad de asumir este sencillo consejo.

La línea de decisión asumida por la población parece muy clara: debido a la inexistencia de una política uniforme, según la cual todas las autoridades formulen el mismo discurso todos los días y en todos los escenarios, muchísima gente ha decidido que las medidas de protección son excesivas o acaso innecesarias y por ello no las observa con rigor.

Peor aún: no son escasas las voces que incluso niegan la existencia del problema y afirman que el virus es tan solo un mecanismo de propaganda con el cual se busca “controlar a la población”.

Resultado: la velocidad de propagación de la pandemia en México no ha disminuido y, como todos sabemos a estas alturas, no hizo sino acelerar a partir de que se decretó la reanudación de actividades el 1 de junio pasado. En estos momentos acaso se haya estabilizado, pero formando una meseta altísima sin que se vea que la curva comience a descender.

El problema es que, de acuerdo con los especialistas, las cosas están lejos de mejorar e incluso pueden empeorar si no asumimos con disciplina la necesidad de mantener la distancia social y utilizar rigurosamente el cubrebocas en la calle y los lugares públicos.
La cifra de muertos se volvió inaceptable hace ya mucho tiempo. Pero podría crecer mucho más todavía: podría incluso multiplicarse varias veces a partir del punto actual.

Que eso no ocurra está, literalmente en nuestras manos.