Análisis. El TPP no es más que lo mismo, el libre mercado sin margen de maniobra para México, pero sí para EU, dice el autor. Foto: Especial

A más de 20 años de firmado el TLC son pocos los sectores productivos mexicanos que se han posicionado competitivamente en América del Norte. Más aún, se aseguró un crecimiento sostenido del PIB de entre 4 y 5% y empleo seguro, bien remunerado y en ascenso… lo que no resultó. 

En todo caso el mercado nacional abrió sus puertas a los productos del norte, a la inversión directa con reducidos costos salariales y al inestable mercado financiero.

Pues bien, el recién negociado —por otros Países, no por México— Acuerdo Transpacífico de Asociación Económica (ATP) amplía el TLC y reducirá a cero o paulatinamente barreras arancelarias para productos de los Países firmantes: Australia, Brunei, Canadá, Chile, EU, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú y Vietnam. Este acuerdo abarca un mercado de 800 millones de personas, representa alrededor del 40% del PIB mundial y, según cifras oficiales, se estima una ganancia anual de 295 billones de dólares, lo que no se dice es como se repartirá dicha ganancia.

El ATP (TPP por sus siglas en inglés) no es más que lo mismo, esto es el libre mercado sin margen de maniobra para el Estado mexicano, pero sí para Estados Unidos, País que con este acuerdo aplicará estrategias de geopolítica y geoeconomía: ampliar con ventaja la colocación de mercancías de las grandes corporaciones;  enfrentar el avance de la India y China –sobre todo el 2°- en su influencia de expansión económica en Asia, América Latina y al Mediterráneo por los acuerdos con Rusia; evitar el posicionamiento del Yuan chino como moneda de referencia para el intercambio; y sostener su presencia política y militar en el mundo, presencia que ya se ve amenazada. 

Son muchos los productos agrícolas que con el TTP inmediata o paulatinamente quedarán sin arancel, lo que implica otro golpe al agro mexicano. Esta reducción también será en compras del sector público, tecnologías digitales, cadena de suministros, asimismo se pretende desregular zonas de integración y PyMEs, así como estandarizar los derechos laborales y elevar derechos de propiedad, esto último en favor de los países más avanzadas en ciencia y tecnología.

Quedan muchas dudas respecto a controversias y las empresas de otros Países que por decisiones Gubernamentales vean reducirse su ganancia esperada tendrán el derecho, en arbitraje privado, de demandar indemnización por el daño económico. 

Ampliación del TLC, pero sin participación en las negociaciones puesto que iniciaron en 2002, pero los negociadores de la Secretaría de Economía se incorporaron a éstas hace dos años y sin posibilidad de modificar lo ya acordado. Sumisión y acatamiento a las órdenes del mal vecino. Por algo esta decisión ejecutiva se mantuvo en secreto todo este tiempo.

No es equivocado que nuestro país se inserte en procesos de intercambio amplios, sino que estos deben negociarse con posición de ganar-ganar y no sólo por instrucciones gringas que no dejan margen de maniobra para favorecer a la sociedad mexicana.  

Se trata de exportar y así lo podrán hacer empresas nacionales y extranjeras según reglas de origen de la producción, de ahí la tendencia a pauperizar el salario para precios competitivos, pero también de importar con cero o reducidos aranceles, entonces la competitividad se sustenta así, como ya habían señalado los análisis económicos desde el Siglo 19, en la reducción de costos salariales.  

¿Dónde está el bienestar esperado?

Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía señaló: “Con el TPP México está pagando un precio muy elevado por muy poca cosa a cambio… una mayor integración comercial y de inversión con el mundo es muy prometedora… pero el TPP no es la manera de lograrla”. El tiempo lo dirá.