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Tanto los partidos de derecha e izquierda temen que la xenofobia aliene al electorado cada vez más

Los fantasmas sociales siempre surgen en momentos de crisis. El odio al extranjero es el resultado de un cóctel letal de mala política, información irresponsable y crisis económica. Ahora, en Italia, todos los rumbos se han perdido por completo y un clima de campaña electoral interminable ha desencadenado una reacción en cadena que nadie parece capaz de controlar: toda la campaña política se centra en el tema de la inmigración.

Los inmigrantes son percibidos como la razón principal de la longevidad d la crisis económica e incluso del riesgo de que se produzcan ataques. Aunque debe tenerse en cuenta que el único ataque que podría considerarse una genuina masacre ha sido perpetrado por un italiano contra extranjeros.

Pero es posibles que haya leído esto antes, ciertamente en Italia, aparece en artículos que terminan diciendo: “Pero si los italianos tienen miedo, debe haber una razón para ello”. Es casi una pérdida de tiempo proporcionar datos y enfatizar que la inmigración no es una crisis, sino un fenómeno que, cuando se maneja de manera responsable y con previsión, podemos controlar.

Un desperdicio también al notar que existe algo llamado buenas prácticas y que hay ejemplos excelentes que podríamos seguir. Tampoco tiene sentido comentar sobre la caída de las tasas de criminalidad porque, alguien afirmará, y tendrán menos problemas que yo al pronunciar una nota popular, que si los italianos se sienten en peligro, debe haber una razón para ello. Hoy, los sentimientos, sean lo que sean, son más importantes que la realidad.

 

Las historias que se cuentan sobre los inmigrantes son el resultado de un cálculo electoral y uno que ha emergido para llenar el espacio que siempre ha pertenecido a la Lega Nord y en el cual el Movimiento Cinco Estrellas se ha deslizado con una nueva narrativa, una que va de la siguiente manera: la derecha y la izquierda ya no existen; lo que sí existe, sin embargo, son los italianos con problemas y que se presentan antes que los demás.

Después del ataque, sucedió algo que en Europa hasta ahora no tiene precedentes: Matteo Renzi, secretario de la División de Policía y Luigi di Maio, líder de la M5S, instaron a todos a guardar silencio sobre los acontecimientos. ¿Por qué? Para no perder los votos del electorado xenófobo: este es su miedo, la consecuencia de un sistema político ahora vacío.

¿Acaso el hecho de que Luca Traini, el terrorista que abrió fuego contra personas desarmadas simplemente porque eran africanos y que había sido candidato para Lega Nord, nos dice que el partido de Salvini está presentando candidatos extremistas criminales y violentos para las elecciones? Absolutamente no, nos dice algo que es válido para todas las partes, y es que ya no tienen sustancia alguna, que ya no pueden presentar candidatos en el terreno porque ya han perdido todo contacto con el mundo real.

Hoy en día, cuando un político, periodista o un intelectual comienza con declaraciones como: “Lo que sea que piense acerca de la inmigración”, deben darse cuenta de que están actuando irresponsablemente. En un periodo tan delicado como el que vivimos, no se puede tolerar ninguna ligereza. En papel, en la pantalla chica y en las redes sociales, todas y cada una de las palabras deben ser sopesadas y pesadas.

Con información de The Guardian