Molina ha sostenido desde hace varios años que los avances tecnológicos permiten hoy utilizar la fractura hidráulica sin afectar el medio ambiente.

Hace ya buen tiempo que se han establecido –y consolidado– claramente los polos en torno a la discusión sobre el uso del método de fractura hidráulica para extraer el gas natural que abunda en nuestro subsuelo: de un lado están quienes impulsan sin reservas tal posibilidad; del otro quienes se oponen de forma intransigente a su uso.

Unos y otros han expuesto larga y prolijamente sus argumentos. Unos y otros han ido consolidando su “base de apoyo”. Pero los segundos parecen ir claramente ganando la batalla debido a que, de forma implícita, el tema fue sometido a referéndum el primer día de julio de 2018.

En esa fecha, 30 millones de mexicanos respaldaron con su voto a Andrés Manuel López Obrador y, tácitamente, inclinaron la balanza en el debate sobre el fracking hacia el lado de la negativa. Y el candidato convertido en Presidente no ha dado muestras de estar dispuesto a modificar su posición.

Pese a ello, los promotores del fracking no han dejado de insistir en su propuesta de que el tema se discuta. Y muy seguramente les alienta el hecho de que, con todo y el discurso presidencial que declara “prohibido” el fracking en México, éste sigue utilizándose –si bien a una escala muy pequeña– e incluso el presupuesto de egresos de la Federación contempla importantes partidas económicas para su implementación.

Uno de los esfuerzos por mantener vigente la discusión sobre el tema es el que se traduce en la realización del Congreso de Sustentabilidad Energética: Retos y Oportunidades, que durante dos días reunirá en Saltillo a un amplio panel de especialistas en el tema.

El desfile de expertos que expondrán los argumentos por los cuales se considera conveniente utilizar el fracking como método para la extracción de gas natural será inaugurado esta mañana por el científico mexicano más relevante de nuestros días: el Premio Nobel de Química, Mario Molina.

Cabeza de un centro de investigación que busca convertir a la ciencia en una herramienta que permita el diseño e implementación de mejores políticas públicas, Molina ha sostenido desde hace varios años que los avances tecnológicos permiten hoy utilizar el fracking sin afectar el medio ambiente.

La condición para que eso ocurra, sin embargo, descansa en la necesidad de ceñirse estrictamente a un catálogo de recomendaciones que, al leerse, parecen muy difíciles de alcanzar en una cultura como la nuestra, en la cual tomar atajos es la regla y no la excepción.

Con estos elementos como punto de partida, lo que se discutirá en los próximos dos días bien puede resumirse en la existencia de dos certezas: es posible garantizar el uso del fracking con un mínimo impacto ambiental, pero muy pocos creen que las autoridades mexicanas sean capaces de generar las condiciones para que ello ocurra.

Valdrá la pena seguir el debate y averiguar si éste sirve para acercar las posiciones antagónicas –y que eso permita encontrar una fórmula que las concilie– o sólo contribuye a profundizar las diferencias y polarizar aún más la discusión.