Cuartoscuro

Las primeras apariciones del subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, en las conferencias de prensa como vocero de la información que se fuese desarrollando en México con respecto al coronavirus, llamaron de inmediato la atención.

De tenerlo a él como alguien coherente en el discurso y profundamente seguro de sí mismo, a un Presidente que además de vago incitaba a continuar con la vida cotidiana como si nada pasara, a ofrecer besos y abrazos y hacerlo él mismo en las giras por la República Mexicana, hizo que de inmediato la gente volteara la vista hacia ese funcionario que se desenvolvía con soltura y conocimiento de causa.

Empezó a ganar simpatías porque generaba confianza, hablaba con autoridad del tema y de la manera en que se estaba comportando la epidemia en nuestro País.

Seguramente ello provocó escozor, pues en una de esas conferencias de prensa el presidente Andrés Manuel López Obrador dedicó un buen tiempo a presentar al secretario de Salud, Jorge Alcocer Varela, a quien le dio la palabra y por quien supimos que López-Gatell había sido su alumno, muy destacado alumno, además.

Las simpatías que se habían volcado en su persona se derrumbaron el día en que el subsecretario de prevención y promoción de la salud aseguró, con pésimo gusto y mucha zalamería, que “hasta sería bueno que el Presidente se contagiara del Coronavirus porque seguramente sanaría, como la mayoría de los infectados”. En esa misma conferencia de prensa señaló que la fuerza del Presidente “es moral no de contagio”.

Suficiente para ser crucificado en los medios de comunicación y las redes sociales. Luego, la entrevista con la periodista Denise Maerker donde le cuestionó sobre las neumonías atípicas y no respondió con claridad o no terminó por responder, hizo que de nuevo cayeran sus bonos en la opinión pública mexicana.

Después de que el Presidente siguiera con sus giras y fuera criticado en México y el extranjero, apareció por fin el llamado a la sana distancia colocando como figura icónica una representación de una mujer a la que bautizaron “Susana Distancia”.

La representación, que guarda un aire caricaturesco con la primera “Mamá Lucha” de Aurrerá, salvo la complexión, hace pensar que los que tienen en sus manos las estrategias para llamar a la población a determinada acción siguen pensando que los ciudadanos no pueden entender o captar mensajes si no es a través del juego o de técnicas de supuesto ingenio. ¿Es que solamente en el pasado quedarán líderes como Winston Churchill, quien una vez comenzada la Segunda Guerra Mundial advertía a su pueblo que únicamente ofrecía sangre, esfuerzos, lágrimas y sudor? Entre el personaje de caricatura de “Susana Distancia” y un deseable discurso político existe, eso sí, una distancia enorme.

Pues bien, finalmente, Hugo López-Gatell el sábado 28 de marzo fue determinante, contundente en su mensaje a la población mexicana de quedarse en casa. Por primera vez apareció con un discurso que ya indica al mexicano que no todo será miel sobre hojuelas. Había sido muy precavido y se había mostrado siempre con un rostro si no risueño, sí suficientemente optimista.

Él, a quien López Obrador ha asignado una de las mayores cargas en este que será un largo proceso, debe capitalizar, si todavía tiene, esperemos que sí, la credibilidad que necesitamos tenga los mexicanos. Y la verdad es lo que queremos escuchar, porque sólo de esta manera podremos enfrentar a ese enemigo que ha sido llamado como una bestia invisible por el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, quien se ha convertido en Estados Unidos en voz autorizada en esta crisis.

Si la vida a partir de estos tiempos habrá de cambiar radicalmente, es necesario que en todas las esferas, empezando por la que ocupan los funcionarios que toman decisiones, se ofrezcan certezas, por lo menos en el rango en que ello pueda ocurrir.

Y la transmisión de información verídica es el primero, pero importante, paso.