Si bien la idea del triunvirato nos remonta a la antigua Roma y nos trae a la mente una forma exitosa de alianza política, económica o social para ejercer el poder, quisiera en las presentes líneas traer esa noción de amalgamiento de diversos elementos para hablar de otro tipo de alianza: la de los derechos humanos, la filosofía de género y la educación. Esta tríada constituye un elemento necesario en la construcción de sociedades incluyentes, igualitarias y democráticas.

Sin el afán de priorizar la importancia de uno sobre otro, lo cierto es que la educación representa el vehículo idóneo para impregnar a la sociedad con filosofías derechohumanistas, incluidas las de género y, consecuentemente, libres de estereotipos.

Cabe mencionar que en México si bien se ha venido abatiendo la brecha de género en el acceso a la educación, ello no ha sido suficiente para acabar con los rezagos en la materia.

En efecto, no se trata sólo de garantizar igualdad de oportunidades en el acceso a la educación, sino en educar bajo criterios igualitarios abrazados a la perspectiva de género y libres de estereotipos.

Lastimosamente, son las múltiples falencias de la educación las que han impedido que el sistema educativo se vea permeado por esa visión y, consecuentemente, ha reprimido la construcción de nuevas filosofías, estilos de vida, identidades, convicciones y conciencias libres de prejuicios.

La educación con perspectiva de género implica tomar en cuenta los intereses y expectativas de las personas, independientemente de su género o bien de su identidad, expresión y orientación de género, y no sólo enfocarse en temas de inclusión e igualdad para las mujeres. Ello permitirá que la desigualdad y discriminación por esas razones pueda comenzar a ser erradicada.

Tal formación con perspectiva de género traerá inclusión e igualdad en la comunidad educativa. Además, contribuirá a construir estilos de vida que podrán verse reflejados en los ámbitos sociales, familiares, laborales y prácticamente cualquier otro. Justo en este hecho radica la importancia de la formación con perspectiva de género desde niveles básicos de educación.

Si bien la educación y formación de las personas se encuentra inicialmente en el seno de la familia y comienza prácticamente desde que se nace, a los pocos años las riendas son cedidas a las instituciones educativas. En este sentido, la educación básica tiene las primeras guías en la formación de la ciudadanía.

Así, entendemos que el triunvirato urgente y necesario —derechos humanos, perspectiva de género y educación— representa una filosofía de vida en la que el profesorado de educación básica tiene participación inicial y directa. Esto porque potencializa las capacidades del alumnado, pero también da sentido a sus aprendizajes y, por tal motivo, les crea consciencia para después ser proyectada en la sociedad.

Por esto es estrictamente necesario implementar estrategias para concientizar primordialmente al profesorado de niveles básicos sobre la necesidad de encauzar su enseñanza hacia la perspectiva de género. Así se sentarán las bases para el respeto y garantía de los derechos humanos e instituir y fomentar en el alumnado una mentalidad incluyente.

Esta guía y transversalización inicial es necesaria en todos los niveles educativos y no se deberá dejar de lado ninguno de ellos. Pero la importancia de que esta inclusión sea primordialmente en los niveles básicos es mayor si se toma en cuenta que justo en ellos se puede impactar al alumnado con estas filosofías derechohumanistas.

Por lo anterior, los primeros años de educación institucional deben ser el punto de partida para realizar el cambio de paradigma aquí propuesto. Ello permitirá deconstrucciones profundas y necesarias para construir estructuras mentales derechohumanistas.

Ahora bien, el triunvirato humanista deberá ir en dos sentidos: la formación teórica y la formación personal. Es decir, se considera que la educación básica deberá comprender esta enseñanza en las currículas. Pero también en la formación del día a día, aterrizando los conceptos aprendidos con la ayuda del profesorado.

Sólo entonces estos cimientos podrán trasladar realidades educativas teñidas por la igualdad bajo perspectivas de género e inclusión que lograrían que no sólo el alumnado, sino la comunidad educativa en general reconozcan y respeten las diversidades bajo una perspectiva de género.

La necesidad de amalgamar los derechos humanos, la filosofía de género y la educación es urgente e indispensable en la construcción de sociedades más incluyentes, igualitarias y democráticas. Así se permite transmitir esas filosofías y formas de vida basadas en derechos humanos y específicamente en la aplicación de perspectivas de género.

 

La autora es investigadora del Centro de Educación para los Derechos Humanos de la Academia IDH