Mala. La película es un insulto para el espectador, no le importa su historia, rompe sus propias “reglas” y crea un universo ridículo lleno de contradicciones.
Malintencionada en todos los sentidos, esta cinta es casi como pasar el día metido en el celular viendo redes sociales: una pérdida de tiempo

Calificación: 1.5 de diez

Hay cintas malas, luego hay cintas malas que son nocivas para la salud de las personas. “Emoji: La Película” (“The Emoji Movie”) es una de ellas. Si acaso algo bueno tiene, y es la única razón por la que no le doy la calificación más baja (1), es que me hizo sentir como una pésima persona por pasar tanto tiempo en el celular. Poner en evidencia el terrible mundo que estamos construyendo y lo dañino que puede ser para futuras generaciones. Saber que yo, como millones de personas más que pasamos horas malgastadas en Instagram, Facebook o Twitter, soy en parte culpable por la existencia de esta abominación de película. Si hay una moraleja es que esta cinta nunca debió existir y algo estamos haciendo muy mal, como sociedad, para dejar que suceda. ¡Bienvenidos al mundo secreto de su celular! Terriblemente frío y abominablemente estúpido.

La película cuenta la historia del emoji Meh, que vive dentro del celular de un niño, junto con los demás íconos que usamos para “textear”. Él está listo para trabajar en la compañía donde todos los emojis saltan a la pantalla al ser seleccionados por su usuario. El problema es que Meh tiene muchas otras emociones variadas y los emojis sólo deben y pueden tener una. Así, las cosas se complican y deberá buscar la ayuda de una hacker en el mundo del celular, viajando de aplicación en aplicación, con ayuda de Hi-5, otro emoji. Mientras tanto, el niño usuario debe luchar contra el mayor predicamento de esta cinta, el conflicto que desata toda esta trama: conseguir el emoji adecuado para mandarle a la niña que le gusta, en lugar de, no sé, utilizar las palabras, escribirle o acercarse a hablarle. No, señor, como dicen en esta cinta: “las palabras no son cool”.

Tal vez sueno muy escandaloso al decir que esta cinta es dañina y refleja aspectos negativos de nuestra sociedad. Quizá lo sea, pero tome en cuenta que estamos hablando de un filme que, de entrada, comienza por decirnos que los emojis son “el más grande invento en la historia de la comunicación”. Y no, la lección o moraleja no es otra, nadie aprende nada mucho más profundo (en ningún sentido) para contradecir esa frase. Los emojis son los protagonistas, su importancia es el centro de la historia y se mantiene.

Siguiendo ese precepto, y con la idea de que no es nada “cool” utilizar las palabras, la crítica de esta cinta debería ser simplemente un gigantesco ícono de excremento sonriente (cuya voz original en esta película es la de Sir Patrick Stewart). Pero no vamos a darle esa satisfacción, hace falta más que un simple emoji para expresar todos los sentimientos que provoca esta abominación, aunque tampoco merezca tanta importancia.

Si bien ya hacer una película protagonizada por emojis suena a una idea deleznable, creada por empresarios hambrientos de dinero en busca de un éxito comercial, esa no es del todo una razón para que la cinta haya sido tan mala. El ejemplo es claro: “The Lego Movie” (2014). Quizá el mejor comercial jamás creado en la historia de los juguetes. Una película quizá hecha sólo para vender los populares bloques armables, pero realizada con cuidado e inteligencia, creando a su paso todo un mundo y dando una importante lección de vida a chicos y grandes. La idea de “Emoji: La Película” guarda varias similitudes (además de que sus protagonistas son amarillos): vivir en un mundo imaginario déspota y cuadrado que asemeja a nuestra sociedad, etc. La gran diferencia: una ejecución ridículamente desinteresada.

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En otras palabras, sí se puede hacer una cinta enteramente con intenciones comerciales, que sea buena. Y he aquí el gran problema con “Emoji: La Película”, sus intenciones son descaradas, no es ninguna sátira inteligente, su objetivo es vender. Lo único que busca es usar lo que está de moda para sacarle dinero, es decir, la idea más dañina en la historia del séptimo arte. Cínicamente vemos desfilar marcas, en quizá el ejercicio más desvergonzado de “product placement” que se haya visto en nuestros tiempos. La película es un insulto para el espectador, no le importa su historia, rompe sus propias “reglas” y crea un universo ridículo lleno de contradicciones. Por ejemplo, ¿por qué tienen que viajar entre aplicaciones si claramente vemos que caminan fuera de ellas, rodeándolas como si fueran calles de un vecindario? Ah, claro, porque tenemos que usar nombres como Instagram y Spotify, que seguro pagaron buen dinero.

Ni hablar de su historia de amor, ni la subtrama de un divorcio que sale de la nada. Por si fuera poco, ni en el aspecto más superficial funciona. La animación no es nada sobresaliente, ni interesante, ni colorida, hasta los niños más pequeños se distraerían jugando con las palomitas o cualquier cosa que se muestre más interesante, lo cual no será muy difícil de encontrar. ¿Los chistes? Son la cosa más plana que hay. No existe un solo momento que forme aunque sea el inicio de una sonrisa honesta. No, las bromas no son ingeniosas, ni mucho menos, cada una de ellas cae plana casi como acompañada del clásico sonido de grillos. El sentimiento más intenso que provocan es de pena ajena. Nada de esto importaría, de no ser porque esto es un reflejo de nuestra vida. Este es un producto de nuestra era. Nada más triste que ver a los niños de esta película hipnotizados en su celular, al grado de tropezar entre sí como robots descerebrados. 

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La película no es graciosa, porque intenta justificar este comportamiento. Su gran lección: sigue en el celular, sigue utilizándolo, no como una herramienta buena que complementa nuestra existencia y mejora nuestra vida como humanos, sino como un simple producto. Un aparato que merece toda nuestra atención, que no necesita profundidad, ni historia, ni nada de valor. Simplemente una pantalla donde se desarrollan cosas, donde hay emojis de todos los colores y sabores para distraernos de nuestra realidad. “Emoji: La Película” es una de las peores cintas animadas realizadas en la historia, si no es que la peor. El ejemplo perfecto de lo que resulta no de una película, porque ni siquiera deberíamos llamarle así, sino de una envoltura vacía. Como la aplicación más inútil, de esas que vienen incluidas cuando compramos un celular y que terminamos por borrar.

El dato
> Director: Tony Leondis
> Elenco: T.J. Miller, James Corden, Anna Faris, Maya Rudolph, Steven Wright, Jennifer Coolidge.
> Género: Animación.
> Clasificación: A
> Duración: 92 minutos