Electores de Saltillo acuden a votar en una casilla instalada en una escuela
Luego de entrar a la fase dos de la contingencia sanitaria, las medidas para restringir la movilidad social no harán sino endurecerse en las próximas semanas. Eso hará sumamente difícil que se desarrollen las campañas políticas y debería obligar a que la posibilidad de posponer las elecciones de Coahuila e Hidalgo se discuta abiertamente

La pregunta está en el aire desde hace varios días y la razón es la misma que hoy amenaza con paralizar al mundo entero: la rápida expansión del coronavirus COVID-19 que ha obligado a todos los gobiernos a tomar medidas drásticas para reducir la movilidad social: ¿serán pospuestas las elecciones locales de Coahuila e Hidalgo?

Ya no se trata de un rumor, por lo demás, pues al menos dos partidos políticos -PAN y UDC- han planteado formalmente la necesidad de posponer la cita con las urnas programada para el día 7 de junio, un momento en el cual, de acuerdo con las proyecciones epidemiológicas, podríamos estar en el punto más álgido de la pandemia.

Días antes de esto, el propio Instituto Nacional Electoral decidió suspender el proceso de capacitación de los ciudadanos que deberán fungir como funcionarios de mesa directiva de casilla, justamente como una medida preventiva para no exponer a sus capacitadores o a la población.

De forma extraoficial se han conocido versiones según las cuales diferentes voces, en el INE y en el Instituto Electoral de Coahuila, estarían planteando que es necesario discutir la posibilidad de aplazar la elección de quienes integrarán la próxima Legislatura del Congreso del Estado.

Y no habría por qué no discutirlo. Sobre todo cuando la parte más delicada de todo el proceso -la integración de las mesas directivas de casilla- se encuentra en riesgo debido a la pandemia.

No habría que dudar de lo afirmado oficialmente por quienes, en el INE, están a cargo de la capacitación de los futuros funcionarios de casilla, cuando afirman que tienen el 90 por ciento de las casillas cubiertas. El problema no es que las tengan cubiertas en este momento, sino el altísimo riesgo de que las personas seleccionadas no acudan a cumplir su función el 7 de junio.

La psicosis -o la extrema precaución, si usted lo prefiere- ya llevó a todo el que pudo hacerlo, a resguardarse en su domicilio incluso antes de que las autoridades sanitarias del país reconocieran que hemos llegado a la fase dos de la contingencia sanitaria.

Si eso está pasando ahora, no hace falta ser demasiado perspicaz para imaginar lo que va a pasar dentro de dos, tres o cuatro semanas, cuando el número de infectados se cuente por miles y muy probablemente por desgracia, las víctimas fatales se acumulen diariamente.

Por otra parte, si en este momento se están decretando las primeras medidas para restringir la movilidad social y estas no harán sino endurecerse, ¿cómo van a llevarse a cabo las campañas que garanticen, eventualmente, el voto informado y consciente de los electores?

Lo más probable es que no haya campañas. Al menos no como las conocemos. Y aunque seguramente se dirá que las redes sociales y los medios electrónicos en general, “son suficientes” para garantizar que la información llegue a todas las personas, no necesariamente ocurriría así.

¿Deben posponerse las elecciones ante esta realidad? Al menos debería discutirse el tema abiertamente.