Especial/ Cuando las empresas solicitan la protección del Capítulo 11 en Estados Unidos -como en el caso de Aeroméxico y Grupo Famsa
Cuando una compañía entra en bancarrota, el primer golpe para los inversionistas es la caída en el precio de las acciones

A medida que se profundiza una crisis económica, algunas empresas se declaran en quiebra. Si la compañía cotiza en Bolsa, el primer impacto que sufren los inversionistas es la estrepitosa caída en el precio de las acciones. Si no salen a tiempo, difícilmente podrán ver de nuevo su dinero.

En la última semana, dos empresas ya han enfrentado esto: Aeroméxico y Grupo Famsa. El precio de sus acciones tocó un mínimo histórico en ambos casos.

Ante una noticia negativa, los inversionistas empiezan a vender sus acciones haciendo que caiga el precio. A medida que éste baja, más inversionistas venden con la esperanza de no perder tanto, generando una bola de nieve con consecuencias millonarias.

Sin embargo, no todas las declaratorias de quiebra son iguales. Hay dos vías: la liquidación de activos (capítulo 7 en Estados Unidos) o por la reestructuración de los pasivos (capítulo 11 en Estados Unidos), explica Jorge Martínez, director del Think Tank Financiero de EGADE Business School.

Cuando es una liquidación del activo, la compañía empieza a vender todos los activos que tiene: maquinaria, equipo, inmuebles y hasta la marca. El dinero obtenido se usa para pagar a los acreedores.

Los primeros que reciben su pago son los empleados y los proveedores, luego se liquidan los bonos de corto y de largo plazo. Después de eso sigue el capital referente (accionistas que no tienen derecho a voto pero que sí están recibiendo un dividendo) y, por último, los accionistas comunes. Ellos “comparten el riesgo con la compañía y por eso es que tienen un rendimiento y un dividendo mayor (a lo que ofrecen otros instrumentos, como los bonos)”, señala Martínez.

Cuando las empresas solicitan la protección del Capítulo 11 en Estados Unidos -como en el caso de Aeroméxico y Grupo Famsa-, significa una “oportunidad de reorganizar el pago de las deudas con la finalidad de mantener su operatividad”, señala, en reporte sobre Aeroméxico, Brian Rodríguez, analista de Monex.

El programa es una ayuda para refinanciamiento de deuda y las empresas no dejan de cotizar, explica Guillermo Delgado, director de Operación de Black Wallstreet Capital. Contrario a lo que sucede si es en México, donde “tienen que entrar en concurso mercantil y sus acciones se deslistan”. Si las firmas entran a concurso mercantil, al igual que en el capítulo 7, los accionistas son los últimos en recibir dinero.

Existen casos en que las empresas logran salir del concurso mercantil y consiguen hacer “borrón y cuenta nueva”. No es algo común, pero llega a pasar, el ejemplo más reciente es el de Comercial Mexicana, que en julio de 2010 entró en concurso mercantil, sus acciones estaban en mínimos históricos, pero una vez arreglada su cuenta, el precio de sus títulos comenzó a subir: en cinco años, el valor de sus acciones se multiplicó 19 veces.

Comprar acciones cuando la empresa está al borde del precipicio es una oportunidad, pero es solo “para los inversionistas especulativos”, comenta Delgado. Es una apuesta riesgosa no apta para todos.

Miguel Sagnelli

Editor Web de secciones Coahuila, México e Internacional. Egresado de la carrera de Ciencias de la Comunicación. Con más de 10 años de experiencia en medios de comunicación europeos y nacionales. Tanto en redacción, producción y docencia de los mismos.