El artista alemán Gerhard Richter en 2014. Foto: EFE/Georgios Kefalas
El pintor alemán Gerhard Richter es considerado uno de los artistas vivos más importante del último medio siglo y el más valorado en la actualidad. Sus obras han alcanzado precios récords de ventas durante los últimos años.

Desde el enorme éxito y expectación que suscitó la retrospectiva que el Museo de Arte Moderno de Nueva York le dedicó en 2002, con motivo de sus 40 años en la pintura, Gerhard Richter (Dresde, Alemania, 1932) fue reconocido como “el mejor pintor vivo del mundo”.

Tal afirmación, que secundó toda la comunidad artística, la lanzó el historiador del arte y reputado crítico alemán  Benjamin Buchloh, especializado en la obra de Richter: "es el artista vivo más importante con una gran influencia en el restablecimiento de la pintura europea en el mundo". 

Según Buchloh, el alemán trata de manera "cuidadosa" y "enigmática" la relación entre la pintura y la historia y “ha sido el pionero en su estilo de mezclar diferentes tipos de arte, incluidas fotos y telas abstractas sobre la Europa de posguerra y, especialmente, sobre el Holocausto”.

El artista alemán Gerhard Richter posa delante de una de sus obras de la serie "Strips" en el museo de arte de Winterthur, Suiza, el 17 de enero de 2014. Foto: EFE

MÁS QUE UN  PINTOR ABSTRACTO

 

Pese a que gran parte de su obra se encuadra en la abstracción, Richter no se identifica en esta categoría, como él mismo dijo: "El término abstracción no es totalmente satisfactorio. Suena como si estuvieses abstrayendo algo. Y no creo que sea el caso en estas pinturas, o de la pintura abstracta en general".

En efecto, Gerard Ritcher pasa de la figuración a la abstracción a través de la fuerza de la fotopintura, usando imágenes borrosas, que consigue arrastrando la espátula por la pintura, creando esos acabados desenfocados tan característicos

En 2012 alcanzó un sonado récord de venta por una obra de un artista vivo. “Abstraktes Bild (809-4)” fue vendida por 34 millones de dólares, récord que superó en 2015 “Abstraktes Bild (599)” que llegó a los 46.3 millones de dólares. 

Pero detrás del pintor de ventas millonarias hay un hombre modesto e huidizo, que no le gusta prodigarse ni en los círculos artísticos ni sociales. Un hombre tímido que prefiere -y necesita- sumergirse cada día en el recogimiento que le da su estudio, y pasar allí largas horas concentrado en su obra.  

Él mismo ha manifestado en más de una ocasión que considera “absurdo y desproporcionado” el dinero que los coleccionistas pagan por sus creaciones.

Y es que, entre tanta lluvia de millones, Richter ha impulsado iniciativas solidarias. Ha donado en repetidas ocasiones varias de sus obras con fines solidarios. 

En 2018 destinó 18  obras a un fondo del Estado de Renania del Norte-Westfalia para la compra de viviendas a personas sin hogar.  Y no era la primera vez que lo hacía. Tres años antes,  colaboró en otro proyecto similar para el que donó otras de sus pinturas.

VÍCTIMA Y TESTIGO DE LA ALEMANIA DEL TERCER REICH

 

Nacido en Dresde, el 9 de febrero de 1932 a las puertas del ascenso del III Reich en Alemania, le toco vivir la explosión de la Segunda Guerra Mundial. Su padre, como la mayoría de los hombres, fue obligado a unirse al partido nazi y enviado al frente oriental.  

Dresde, denominada “la Florencia alemana”, fue una de las ciudades más bombardeadas de la guerra, sin ser un punto excesivamente estratégico a nivel militar, por lo que el joven Richter fue víctima y testigo directo de su destrucción. 

Inició su carrera en la Academia de Arte de esa ciudad, donde preparó varios murales que fueron repintados por cuestiones ideológicas cuando consiguió escaparse de la República Democrática Alemana a la Occidental y asentarse en Düsseldorf, en 1961, justo antes de que comenzara a levantarse el muro de Berlín. 

Gerhard Richter posa junto a su obra "7 Standing Panes (932), 2013" y obras de la serie "Strips" en 2014. Foto: EFE

Después continuó sus estudios en la Academia de Düsseldorf, de la que fue profesor de pintura hasta 1993.  Pero el punto más decisivo de su carrera fue cuando pudo conocer de cerca la  obra de Jackson Pollock en la “Documenta” de 1959, algo que le transforma y con la que comienza su etapa decididamente abstracta.    

Después, en la década de los años sesenta, con la irrupción del pop art en América absorbió también algunos de sus postulados que coincidían de alguna manera con los suyos: el interés por la actualidad, por la sociedad de consumo, los medios de comunicación o por la cultura popular.

El artista alemán Gerhard Richter posa para los fotógrafos frente a un trabajo titulado "Flow (933-3), 2013". Foto: EFE

Al tiempo  comenzaba a explorar sobre la relación entre la imagen pictórica y fotográfica, ese binomio de contrarios que, desde la aparición de la segunda, está condenado a entenderse. Y nadie como Gerhard Richter percutió tan profundamente en este estudio. 

 

IMÁGENES BORROSAS QUE EXPRESAN SUS INTERMINABLES DUDAS

 

Su obra tan extensa como diferente cabalga entre la figuración y la abstracción, calificaciones que no dejan de ser tan reducionistas como las que valoran su obra según los récords de ventas. 

"Juzgamos y creamos una sola verdad desde la exclusión de otras. No hay verdad absoluta. Por eso la buscamos siempre a través de lo superficial", afirma Richter tras cinco décadas de experimentación.

Gerhard Richter en 2012 en una conferencia. Foto: EFE

Como ejemplos figurativos destacan las fotos de su “Tía Marianne”, víctima de la experimentación médica nazi, o la de su "Tío Rudi" (1965) que sonríe con orgullo, vistiendo su uniforme de la Wehrmacht. 

La paleta en blanco y negro y el pequeño tamaño de la obra, evocan el álbum familiar pero, al mismo tiempo, al arrastrar un pincel seco sobre los aceites húmedos parece borrar tanto el sentimiento familiar como el engreimiento de aquellos jóvenes soldados. ¿Qué queda entonces?: neblina, desenfoque, reflejo plástico que traslada al espectador, ese distanciamiento, ese rechazo, incluso la culpa que siente. 

Difícil es no sentirlo, al igual que cierta frialdad y melancolía remarcadas por esa ausencia de foco, con la que Richter parece someter a la pintura a interminables críticas, dudas y cuestionamientos, algo presente también en “September” (2005) pintura sobre una imagen periodística del atentado a las Torres Gemelas de Nueva York. 

En definitiva, todas sus obras están envueltas en una silenciosa melancolía, en un aire de aspiraciones frustradas, de compromiso y despedida.  

Richter comenzó a trabajar con vidrio a finales de los años sesenta, cuando creó “Four Panes of Glass”, en 1967, pero su trabajo más monumental fue, sin duda, el diseño de una vidriera para la Catedral de Colonia, un particular templo gótico que terminó de construirse en 1880.

El pintor alemán Gerhard Richter asiste a una rueda de prensa en la inauguración de su exposición 'Gerhard Richter. Atlas' en el Lipsiusbau de Dresde, Alemania, el 3 de febrero de 2012. Foto: EFE

Se trata de un enorme vitral compuesto por miles de cuadrados de 72 colores diferentes, dispuestos al azar mediante un programa de ordenador, atendiendo solo a su simetría y cuyo resultado final es toda una "sinfonía de luz" que nos eleva y nos envuelve, cada vez que los rayos de sol atraviesan sus cristales. 

Como dice el artista alemán "Imaginar cosas, tener una mirada, es lo que nos hace humanos; el arte tiene sentido y le da forma a ese sentido. Es como la búsqueda religiosa de Dios". 

El artista alemán Gerhard Richter durante la inauguración de su exposición "Imágenes de una era", en el Foro Artístico Bucerius de Hamburgo, Alemania. Foto: EFE

DESTACADOS:

 

+ Expresionista abstracto y artista de la fotopintura, Ritchter es el pintor más relevante en la actualidad desde hace dos décadas. Hoy, a sus  89 años,  todavía sigue en activo

+ Gerhard Richter (Dresde, Alemania, 1932)  está considerado también uno de los creadores más influyentes del mundo, calificado el “Picasso del siglo XXI” por The Guardian

+  Autor omnipresente en el discurso del arte contemporáneo, tanto desde el punto de vista teórico, como estético, en el económico su obra ha aumentado diez veces su valor en sólo dos décadas.

Por Amalia González Manjavacas EFE/Reportajes