Unidad Democrática de Coahuila (UDC), como sabemos, es un partido político con alcance, presencia y registro local en el estado. Lo fundó Evaristo Pérez Arreola, quien fuera líder del STUNAM (Sindicato Único de Trabajadores de la UNAM). Pérez Arreola logró posicionar al STUNAM en la corriente del sindicalismo independiente que cuestionó seriamente al hegemónico “charrismo sindical”.

Evaristo regresó a Coahuila, tras una vida como trabajador y sindicalista en la Ciudad de México. ¿Puede decirse que UDC es un partido democrático de centro izquierda? Todo es según el color del cristal con que se mira, en todo caso, su presencia se focaliza en Ciudad Acuña, cuya ciudadanía le ha confiado el destino de la comunidad desde hace tiempo. Al morir Evaristo, heredó la posición de líder moral a su hijo Evaristo Lenin Pérez Rivera. ¿Qué queda hoy del origen y raíces de UDC?

Cabe destacar que la confianza de los acuñenses no es gratuita, Lenin ha sabido generar y cuidar una conexión importante, sensible y eficaz con sus paisanos. Lo he visto en acción, le quieren. Esta conexión le ha permitido ganar elecciones, incluso en las circunstancias más adversas, ganarle al PRI de Moreira o a Morena de López Obrador, no es poca cosa. 

En la última contienda, UDC consiguió su primer cargo federal por mayoría: la diputación por el Primer Distrito Federal de Coahuila, obtuvo también tres alcaldías, un número considerable de regidurías y se colocó como el fiel de la balanza en el Congreso del Estado, que su dirigente estatal Emilio de Hoyos Montemayor llegó a presidir, haciendo gala de inteligencia y astucia.

Cuando hay elecciones federales, UDC suele participar de la mano de los partidos políticos nacionales, tanto si buscan algún cargo federal de elección popular, o simplemente para avanzar su agenda. Por lo general han sido aliados del PAN, excepcionalmente del PRI y ahora han volteado los ojos a Morena. Siempre los persigue el fantasma de quedar desdibujados en una competencia entre gigantes que disponen de miles de millones de pesos para derrochar en publicidad. Perder impacto en el electorado supone perder votos y la posibilidad de perder el registro.

Tanto en México como en otras naciones, menudean partidos locales o regionales que enfocan sus baterías a una agenda que prioriza problemas y proyectos estatales o regionales y evaden casi todo esfuerzo por jugar en la política nacional que no es su cancha. 

Cuando llegan a hacerlo, es porque conviene a un interés específico o evita un daño a la organización o a los gobiernos que controlan. A fin de cuentas, para avanzar una agenda se requiere presupuesto y leyes amigables.

Para las elecciones estatales y federales en puerta, UDC decidió aliarse con Morena. Considero que es un error histórico que desdibuja al partido dentro de un movimiento personal y le hará perder la oportunidad de consolidarse y crecer como opción de gobierno para miles de coahuilenses. 

UDC estaba creciendo, Lenin ganó en 2018 en uno de los distritos más priistas de Coahuila y en pleno “huracán AMLO”, por tanto, carece de lógica supeditarse al partido gobernante, después de haberle ganado, es lógico que el desgaste recaiga en el gobernante y se consolide la oposición.

Además, UDC avanzó en gobiernos municipales y cabildos produciendo muchos liderazgos locales. Ciudad Acuña y Allende tienen todo para repetir el triunfo y Piedras Negras parecía un bastión con amplias posibilidades gracias al liderazgo y carisma de Carlos Jacobo Rodríguez, líder social que ha dado muestras de gran carisma. Apostar a ello le habría mejorado los números a niveles históricos, aunque perdiera la elección.

En pocas palabras, al aliarse con Morena, UDC perdió la posibilidad de convertirse en la tercera fuerza política de Coahuila, por encima del PAN y en abierta competencia con Morena y el PRI. Perdió también la posibilidad de ofrecer una alternativa a la bipolaridad política que domina el País. Los votantes antiAMLO buscan una opción distinta al corrupto y desgastado PRIAN. UDC renunció en Coahuila a ofrecer esa alternativa.

Nadie agradecerá su alianza con Morena, donde impera una anarquía de tal magnitud que, cuando falte el patriarca, reventará en un desastre total. Con su alianza, los errores de AMLO serán errores de UDC. Rendirán pleitesía a un líder que no conoce más interés que el suyo propio.

Muchas organizaciones se topan de pronto con el éxito, unas asumen el reto, otras no. Su propia historia, destino y esfuerzo confluyen pocas veces en la vida, así sucedió para UDC este 2021. UDC, siendo “cabeza de ratón” en franco crecimiento, optó por ser “cola de león”. En su porvenir lo hallará.


Regresando a las Fuentes
Jesús Ramírez Rangel