En 2016 la homosexualidad sigue siendo problema, tanto para quienes se sienten rechazados como para quienes discriminan y agreden por su incapacidad para comprender la(s) diferencia(s). El de la población gay en Occidente es un brete incomprensible: ¿para qué tanto conocimiento?, ¿para quiénes tantos discursos sobre tolerancia y ética de la responsabilidad?

La situación de la población gay en muchos países, la mayoría musulmanes, es un embrollo de vida y/o un delito: en 79 países la población homosexual es víctima de latigazos, prisión, deportación, multas, trabajos forzados y cadena perpetua. En siete –Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Irán, Mauritania, Somalia, Sudán de Sur y Yemen– se aplica la pena capital. En otros, como en Honduras o en México, los crímenes por homofobia son frecuentes; uso la palabra frecuentes porque es imposible conocer la cifra exacta: un asesinato es suficiente.
El anverso de la moneda no es alegre: el matrimonio homosexual y la adopción de niños por parte de ellos es legal en once países: Argentina, Noruega, Suecia, Sudáfrica, Canadá, Islandia, Bélgica, Países Bajos, España, y en algunos estados de México y Estados Unidos.

Los asesinatos contra la población homosexual son crímenes de lesa humanidad. Los crímenes de lesa humanidad son competencia de testigos –todos somos testigos– y de las autoridades que no imponen castigos suficientes contra quienes los cometen. Imposible cambiar la mentalidad de los países con población musulmana y regímenes dictatoriales –en noviembre de 2015 activistas gay de Uganda pidieron al Papa ayuda contra la homofobia– e imposible soslayar los sucesos en Occidente.

En mayo de 2016, Enrique Peña Nieto, dentro de sus (muy) contadas decisiones atinadas, propuso modificar la Constitución y el Código Civil para reconocer los matrimonios igualitarios. Sugirió modificar el artículo 4 constitucional, en donde se reconocerá como “un derecho humano que las personas puedan contraer matrimonio sin discriminación alguna”. A partir de entonces, la Iglesia, a pesar de ser México un Estado laico, no ha dejado de arremeter contra la iniciativa.

La Arquidiócesis Primada de México –a cargo del cardenal Norberto Rivera– ha publicado en el semanario Desde la Fe, una serie de textos para explicar por qué el catolicismo no aprueba la homosexualidad y el matrimonio gay. Una de sus editoriales sostiene, “ser homosexual es una ‘desviación’ que necesita que se le ayude a corregirla, no que se le propicie a caer en ella”, argumento que recuerda, “un poco”, las tesis nacionalsocialistas de Hitler que pretendían acabar con homosexuales, judíos, gitanos, discapacitados y testigos de Jehová para mejorar la condición humana y enaltecer la raza aria, tesis avaladas por Pio XII, conocido también como el Papa de Hitler.
En otra editorial, los escribas aseguraron en Desde la Fe: “El ano del hombre no está diseñado para recibir, sólo para expeler”, y, “La homosexualidad es un problema de salud pública en tanto que los homosexuales que sostienen relaciones sexuales contraerán algún tipo de enfermedad de transmisión sexual; VIH, herpes, papiloma humano, sífilis, gonorrea, etcétera”. A los editores les pregunto, ¿y qué con los abortos clandestinos?, ¿lo consideran un problema de salud pública o más bien un placer de la madre?, ¿y qué con los sacerdotes violadores de menores de edad?, ¿y qué con el inefable Marcial Maciel?

Los párrafos previos explican las razones de los párrafos finales. El papa Francisco, de quien aprecio su labor, sentenció, “Si una persona gay se acerca a Dios, ¿quién soy yo para criticar?”. Al papa Francisco, con todo respeto, y entendiendo las incontables trabas que se viven en la Iglesia, le falta ser más contundente en la defensa de la población gay. Bergoglio perdió una oportunidad cuando el teólogo gay Krzysztof Charamsa fue despedido de la Santa Sede.

Charamsa fue expulsado del Vaticano en octubre de 2015, en la víspera del Sínodo de La Familia. Una foto del teólogo recostando la cabeza sobre la de su pareja motivó su destitución. A partir de entonces vive con su pareja. Durante la celebración, en agosto de 2016, del festival de ocio gay Circuit en Barcelona, participó en un diálogo interreligioso. “En el Vaticano”, explica Charamsa, “no hay interés por entender la homosexualidad”, y agrega, “La Iglesia condenó a la homosexualidad sin ni siquiera intentar entenderla”. El teólogo considera que “el Papa es un hombre abierto mas no progresista”. En Barcelona el teólogo cumple su apostolado escuchando a homosexuales que sufren. La respetada voz del papa Francisco podría cambiar la situación de millones de homosexuales en el mundo, y quizás, sólo quizás, un poco el tono de los editoriales de Desde la Fe.

Notas insomnes. Victimizar a la población gay en el siglo XXI retrata la insalubridad social, política y religiosa de nuestros tiempos.