Las amenazas de Trump y el ataque a Venezuela dejan a México en un dilema
La presidenta Claudia Sheinbaum ha intentado rechazar la intervención militar estadounidense en Venezuela y al mismo tiempo evitar un lenguaje que pudiera provocar al presidente estadounidense
Por: Paulina Villegas and James Wagner
Desde que el presidente Donald Trump asumió el cargo y empezó a presionar a México para que tomara medidas enérgicas contra los cárteles de la droga, la presidenta Claudia Sheinbaum ha proyectado confianza en la relación bilateral de ambas naciones, al tiempo que ha defendido la soberanía mexicana.
Pero tras el ataque estadounidense en Venezuela, las amenazas de Trump de emprender acciones militares contra México se han vuelto más directas. El jueves por la noche, en una entrevista en Fox News, dijo que Estados Unidos va a “empezar ya a golpear por tierra, con respecto a los cárteles”, concretamente los que están en México.
La entrevista se produjo días después de la captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y dejó a Sheinbaum y a su círculo dando vueltas sobre el tono adecuado que debía darse a la respuesta del país y a cada mensaje en adelante, a sabiendas de que la Casa Blanca estaría observando de cerca, según tres altos funcionarios mexicanos que hablaron bajo condición de anonimato dada la delicada naturaleza de la situación.
Durante meses, los funcionarios mexicanos observaron con inquietud cómo Trump planteaba la idea de “ayudar” a desmantelar los cárteles de la droga —incluida la presencia de soldados sobre el terreno o los ataques selectivos—, pero muchos colaboradores pensaron que las amenazas eran sobre todo fanfarronerías, dijeron dos funcionarios. Creían que los profundos lazos económicos entre los dos países y la mejora de la cooperación en materia de seguridad protegerían a México de una acción unilateral.
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Pero esa suposición se ha hecho añicos, dijeron los funcionarios.
Un alto funcionario del gobierno, que solicitó el anonimato por no estar autorizado a hablar libremente, dijo que, cuando vieron lo que estaba pasando en Venezuela, se dieron cuenta de que la situación era más grave de lo que habían pensado, pues ya habían sido advertidos de que México podría ser el siguiente.
En los últimos días, Sheinbaum ha intentado enhebrar una angosta aguja diplomática: rechazar la intervención militar estadounidense en Venezuela —y, en consecuencia, cualquier sugerencia de una acción similar en México— y al mismo tiempo evitar un lenguaje que pudiera provocar al presidente estadounidense.
Pero el gobierno de Trump ya ha mostrado su descontento con algunas de las palabras de Sheinbaum.
Horas después del ataque en Venezuela, la presidenta mexicana publicó en X un pasaje de la carta de la ONU que dice que los países deben abstenerse de usar la fuerza contra la soberanía de otra nación. La Casa Blanca respondió con un fragmento de video en el que Trump decía en una entrevista televisiva que Sheinbaum era “una buena mujer, pero los cárteles dirigen México”.
La respuesta hizo que los funcionarios mexicanos se dieran cuenta rápidamente de que tenían que replantearse cómo comunicar su postura y, como dijo un colaborador, proceder con absoluta cautela.
A la mañana siguiente de la entrevista con Fox News, Sheinbaum dijo que había dado instrucciones al secretario de Relaciones Exteriores mexicano para que hablara con su homólogo estadounidense, el secretario de Estado Marco Rubio.
Sheinbaum ha intentado en repetidas ocasiones restar importancia a la amenaza de una intervención militar estadounidense en México. Pero el martes admitió que las designaciones estadounidenses del fentanilo como arma de destrucción masiva y de los grupos de cárteles como organizaciones terroristas pueden dar al gobierno de Trump “más elementos” para justificarla.
Ahora, Sheinbaum —quien también debe apaciguar a su partido político de izquierda, que tiene una amplia mayoría en México y que nunca ha condenado abiertamente a Maduro— tiene poco margen de error a la hora de sopesar hasta dónde puede México reafirmar sus convicciones sin pagar un precio, dijeron los funcionarios.
Parte de la preocupación del gobierno mexicano es el acta de acusación contra Maduro, que menciona a México 25 veces.
Los fiscales estadounidenses han acusado a Maduro de narcoterrorismo y conspiración para importar cocaína, y lo acusan de asociarse con narcotraficantes, incluido el poderoso Cártel de Sinaloa, para enviar cocaína a Estados Unidos a través de México. También dicen que Maduro facilitó el movimiento de dinero de la droga de vuelta a Venezuela desde México.
Sheinbaum es muy sensible a que se vincule a su país con Maduro, e incluso se enfadó públicamente con un importante periódico mexicano por publicar esas acusaciones en su portada.
Para calibrar el nivel de riesgo al que podría enfrentarse México, los funcionarios del país pasaron gran parte de la semana pasada analizando cada palabra de Trump. El equipo de Sheinbaum hizo un seguimiento de la frecuencia con que se mencionaba a México en la cobertura de los medios de comunicación estadounidenses, y comparó esas referencias con las de otros países, como Colombia, Groenlandia y Cuba.
Un gráfico elaborado por el equipo de la presidenta y revisado por The New York Times mostraba que las menciones a México aumentaron de forma constante desde el día del ataque a Venezuela, pero descendieron bruscamente a partir del lunes, al tiempo que incrementaron las referencias a Groenlandia, territorio que Trump ha prometido tomar.
El funcionario que compartió el gráfico expresó su alivio por el hecho de que México estuviera, por ahora, fuera del foco.
A pesar del frente público unificado que México ha tratado de proyectar, han surgido fuertes desacuerdos dentro del gabinete sobre el cuidado con que debe calibrarse su reacción al ataque estadounidense en Venezuela, dijeron tres funcionarios.
Existe un amplio acuerdo en que México debe oponerse al ataque estadounidense y a la captura de Maduro, de acuerdo con el derecho internacional y la doctrina de larga data de no intervención del país. Pero funcionarios y analistas dijeron que expresar esa posición sin desencadenar repercusiones diplomáticas se ha convertido en un acto de equilibrismo político.
A algunos miembros del gabinete les preocupa que las repetidas condenas públicas de Sheinbaum a los ataques en Venezuela puedan resultar contraproducentes, según un funcionario mexicano y una persona cercana al gobierno con conocimiento directo de los desacuerdos. Los altos cargos están especialmente preocupados por su efecto en las negociaciones arancelarias en curso, así como en la revisión prevista del tratado de libre comercio entre Estados Unidos, México y Canadá este verano, dijeron los funcionarios.
En el último año, Trump ha citado la inmigración ilegal y las drogas, concretamente el fentanilo, como justificaciones para imponer aranceles a México.
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Las autoridades mexicanas temen que la amenaza acrecentada de una acción militar unilateral dé a Trump una mayor influencia en las negociaciones y, en caso de un ataque estadounidense, podría tener consecuencias económicas desastrosas para México, el mayor socio comercial de Estados Unidos.
Jesús Silva Herzog, analista político en Ciudad de México, dijo que la presidenta está acorralada por todos los frentes.
Trump dijo que había ofrecido repetidamente a Sheinbaum enviar al ejército estadounidense a su país para ayudar a combatir a los cárteles. Pero ella lo ha rechazado sistemáticamente para preservar la soberanía mexicana y favorecer la cooperación.
Sheinbaum intentó tranquilizar a la opinión pública diciendo que tales amenazas son “formas de hablar” de Trump, y argumentó que los lazos económicos y la relación en materia de seguridad entre ambos países eran demasiado profundos para deshacerse.
No obstante, su gobierno actuó agresivamente para demostrar su atención a la seguridad, y vigiló más la frontera, detuvo a miles de miembros de cárteles, incautó grandes cantidades de drogas, incluido fentanilo, y allanó laboratorios de drogas. También entregaron al menos a 55 traficantes de alto nivel buscados desde hacía tiempo por las autoridades estadounidenses.
México amplió el intercambio de inteligencia y la coordinación formal en materia de seguridad con Washington, y el mes pasado se alineó aún más con Estados Unidos al imponer aranceles a las importaciones de países como China.
Sin embargo, el gobierno de Trump ha seguido presionando a México para que haga más.
Dos funcionarios mexicanos dijeron que el principal objetivo del país ahora era subrayar su compromiso con Estados Unidos, golpeando a los cárteles con más dureza. El gobierno de Sheinbaum podría y debería perseguir —e incluso entregar a Estados Unidos— a funcionarios mexicanos sospechosos de tener vínculos con el crimen organizado, dijo un funcionario.
Como dijo otro funcionario, las acciones dicen más que las palabras.
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