Plagio. Dalí replicó la escultura para un pabellón que hizo para Nueva York, con modificaciones menores, de la cual solo se conservan fotos. INTERNET
Un cuerpo/megáfono unió de manera inusual las vidas de estos dos grandes artistas del Siglo XX, luego de que, durante gran parte de sus vidas, ambos artistas estuvieran alejados

Regalo para uno, plagio del otro. La escultura surrealista de Óscar Domínguez “Jamais”, es ahora objeto de estudio pues de forma inusual unió las vidas de Pablo Picasso y Salvador Dalí en un momento en el que ambos artistas estaban separados ideológicamente.

La pieza, de una cualidad erótica, muestra las piernas de una mujer saliendo (o entrando) en el altavoz de un megáfono, del cual la aguja es una mano y en lugar de disco se ubican un par de pechos (o glúteos) de mujer.

Esta obra, que formó parte de la Exposición Internacional del Surrealismo de 1938 —donde Dalí la conoció—, ahora es el centro de una muestra que estará hasta el 8 de noviembre en el Museo Picasso de Barcelona, donde se explora el contexto de la misma y la relación que Domínguez tuvo con el cubista.

El trabajo del artista nacido en Tenerife es considerado producto del impulso, más que de una búsqueda intelectual u onírica, como sucede con sus colegas, miembros del movimiento del surrealismo, y esto podría explicar los orígenes conceptuales de la pieza, sobre la cual en sí hay poca información y el autor mismo la consideraba una pieza menor, aunque en la actualidad haya adquirido tal prominencia gracias a su historia.

Regalo. Domínguez, quien admirada mucho a Picasso, le obsequió al cubista esta obra sin saber que se convertiría en un objeto muy valioso.

La pieza fue restaurada para la exposición y es considerada un tesoro, pues resguarda la memoria de tres artistas, de una generación y de un momento en la historia del arte universal.

En el caso de la relación de “Jamais” con Picasso se trata de una muestra de la admiración y respeto que Domínguez le tenía a su colega y maestro. De acuerdo con La Vanguardia el autor de esta curiosa escultura, quien alguna vez escribió a su colega, el artista Edward Westerdahl lo siguiente:

“Mañana miércoles me marcho a la Costa d’Azur con Picasso, y estoy muy contento pues vamos a pasar solamente unos días, y dos días que tendrán para mí más importancia, en la compañía de don Pablo, que dos años en la vida normal. Lo poco que sé se lo debo en un 80% a Picasso. Es una persona que constantemente te abre los ojos y te muestra horizontes nuevos”, se muestra en la misiva.

Si bien no hay información sobre las condiciones en que fue regalada la pieza sí hay registro de un momento en que ya estaba en posesión del autor del Guérnica, y es de hecho en el taller donde realizó esta pintura masiva que se ubica la fotografía donde el artista esta posando al lado del gramófono surrealista.

Mientras tanto, el así llamado plagio de “Jamais” fue exhibido en un pabellón que Dalí diseño en Nueva York, donde se instaló una réplica bastante similar a dicha escultura, de la cual el pintor nunca aclaró públicamente de dónde venía la inspiración, aunque parece ser que tampoco ocultó su origen.

De esta obra, sin embargo, no se conserva vestigio físico, y solo se puede confirmar su existencia a través de una serie de fotografías donde se puede ver al artista en su taller trabajando la obra.

Picasso y Dalí, quienes por motivos ideológicos estuvieron separados, desde los 40’s nunca más se volvieron a ver, a pesar de que este último lo invitaba a pasar una temporada juntos cada años, en una carta que siempre estuvo consciente de que la respuesta sería negativa.

Si bien sus caminos jamás volvieron a cruzarse, de manera indirecta el trabajo de Domínguez —quien no acabó en buenos términos con Dalí y admiró a Picasso hasta su suicidio en 1957— los une en la eternidad y esta exposición da cuenta de esta reunión tan singular. Con información de La Vanguardia