Para Jean-Paul Sartre la conciencia es muy importante, porque ella es el resultado del conocimiento, el cual no tiene otra ruta donde derivar sino en la libertad. Foto: Notimex
Jean-Paul Sartre es un referente de la filosofía Existencialista que con un gran ingenio logró unir como pocos su vida, ideas y acción en la literatura, teniendo como elemento central la libertad y la acción, su libro "El existencialismo es un humanismo" se puede considerar central en esta corriente filosófica y gracias a su novela "La náusea" fue merecedor del Premio Nobel de Literatura el cual rechazó.

Jean-Paul Sartre (París, 21 de junio de 1905-15 de abril de 1980) fue un escritor, filósofo y pensador francés que unió como pocos su vida, ideas y acción en la literatura, elementos que tenían en su centro la libertad y la acción. Cabeza más visible del existencialismo, de su pluma salieron los más diversos textos en casi todos los géneros, aunque él le daba prioridad al teatro.

Como tal, es casi imposible desvincular su obra literaria de su pensamiento filosófico, que tenía a su vez un fuerte lazo con la acción, es decir con la política. Para armar la estructura de su pensamiento, Sartre abreva de varias corrientes filosóficas, de varios autores, como la dialéctica marxista, la fenomenología trascendental de Edmund Husserl (1859-1938), el mismo existencialismo de Soren Kierkegaard (1813-1855) y el psicoanálisis de Sigmund Freud (1856-1939). Hombre de izquierda, nunca militó en ningún partido, aunque sí se propuso crear uno, sin lograrlo.

En su teoría, como se puede ver, hay una mezcla selecta de ideas procedentes de otras corrientes del pensamiento con la que arma la suya, la del pensamiento en la acción, y para ello lo mismo encabeza mítines populares, dicta conferencias, publica libros filosóficos o, ya en el ámbito literario, escribe ensayos, guiones de cine, textos de crítica literaria, elabora obras teatrales y novelas. De igual manera, a su pensamiento se le ha llamado marxismo humanista.

Para Sartre la conciencia es muy importante, porque ella es el resultado del conocimiento, el cual no tiene otra ruta donde derivar sino en la libertad, pero una libertad que se gana con la acción, la determinación que debe tener cada uno para romper las cadenas que le atan al pensamiento –y la acción– dominante. Por ello, su literatura es un llamado constante a la libertad de pensamiento, a la libertad de y para actuar, lo que es no otra cosa que un deber y una necesidad de cada uno.

Fue también un gran polemista, lo hizo con personajes como Raymond Aron, Albert Camus o con Charles de Gaulle. Asimismo, fue iniciador de proyectos culturales como el diario parisino Libération.

Jean-Paul Sartre (París, 21 de junio de 1905-15 de abril de 1980) fue un escritor, filósofo y pensador francés que unió como pocos su vida, ideas y acción en la literatura, elementos que tenían en su centro la libertad y la acción. Infografía: Notimex

Obra literaria

 

En el existencialismo pregonado por Sartre se encuentra su novela más famosa, La náusea (1938), la cual le hizo ganar en 1964 el Premio Nobel de Literatura, “por su estilo imaginativo y espíritu de independencia y libertad en la lucha por alcanzar la verdad”, de acuerdo con el fallo de la Academia Sueca. Reconocimiento que, sin embargo, con anticipación el autor francés había advertido que lo rechazaría, al ser consecuente con su pensamiento de no institucionalizarse.

En dicha novela, este autor de sobresaliente inteligencia, ecléctico cuenta una etapa en la vida de Antoine Roquentin, un hombre que ha viajado por medio mundo, es instruido, un gran observador que se entretiene viendo todo lo que se pone ante su mirada y es digno de verse, pero además es detallista; saca conclusiones, ata ideas. Sin embargo, no le encuentra ningún sentido a la vida, sin ser un nihilista, simplemente le aburre.

Roquentin se asienta en la población de Bouville para escribir la biografía del marqués de Rollebon, y en esa quietud que le da la escritura de la vida de un personaje ajeno, sumada a la que le ofrece la provincia francesa, el personaje se enfrenta a la náusea, al vacío existencial. Es decir, Sartre parece querernos decir que se podrá viajar, haber leído, formarse ideas puntuales, pero ello no llenará el sentido de la vida si no hay esa parte esencial: la acción, la libertad de actuar en lo que satisfaga a cada uno, y por extensión a la humanidad.

Para ver en perspectiva esta situación, el filósofo coloca en contraposición a Roquentin a un personaje al que llama Autodidacta, un ser trivial, optimista, pragmático, pero prácticamente incapaz de tener ideas propias; es decir, no es un individuo. Si hay acción en él, no tiene una razón. La vida, pues, debe encontrar una razón para vivirla, en libertad, conjuntando ideas y acción. Esa es la responsabilidad en vivir.

Su vida

 

Nacido en París, Jean-Paul Sartre fue hijo de Anne-Marie Schweitzer y Jean-Baptiste Sartre, quien habría de morir cuando el futuro pensador apenas tenía unos meses de nacido, por lo que fue criado en la casa de sus abuelos maternos, donde no tuvo una infancia fácil, que se complicó por la no aceptación de otros niños, en parte al estrabismo que le acompañó toda su vida. Estudió en los liceos Henri IV y La Rochelle, y en 1929 se graduó con un doctorado en Filosofía en la prestigiosa Escuela Normal Superior.

Al término de sus estudios, impartió cátedra en diferentes lugares de Francia hasta que fue contratado en París. Al iniciar la Segunda Guerra Mundial fue reclutado para servir como meteorólogo, pero en 1940 fue hecho preso y liberado un año después. Al finalizar la conflagración puso en el centro de su existencia a la escritura, depurando sus ideas y conceptos filosóficos, de existencia.

Así, además de impartir conferencias, encabezar mítines, participar en reuniones de tendencia de izquierda dentro y fuera de su país y viajando para exponer sus teorías, de su pluma surgieron publicaciones como La trascendencia del ego (1936), La náusea (1938), El muro (1939), Bosquejo de una teoría de las emociones (1939), La infancia de un jefe (1939), Lo imaginario: psicología fenomenológica de la imaginación (1940), Barioná, el hijo del trueno (1940), El ser y la nada (1943), Los caminos de la libertad (1945) y La edad de la razón (1945).

Asimismo, El existencialismo es un humanismo (1946), Reflexiones sobre la cuestión judía (1946), ¿Qué es la literatura? (1947), La muerte en el alma (1949), San Genet: comediante y mártir (1952), Las moscas (1955), El problema del método (1957), Existencialismo y humanismo (1957), Crítica de la razón dialéctica (1960), Las palabras (1963) y El idiota de la familia (1971), entre otros volúmenes.

Tras su muerte, en 1980, debido a un tumor en el pulmón, fueron publicados los libros suyos Cuadernos para una moral (1983), Cuadernos de lo irracional de la guerra (1983), Cartas al castor (1983), Crítica de la razón dialéctica II (1985) y Verdad y existencia (1989). El pensador mantuvo una sólida relación amorosa –e intelectual– con la también filósofa Simone de Beauvoir (1908-1986) desde que se conocieron, en 1929, cuando ambos estudiaban todavía la universidad, y que perduró hasta la muerte de él.