Monica Ojeda, autora de Las voladoras. / Fotos: Internet.
La más reciente obra de la escritora Mónica Ojeda es también su primer libro de cuentos. Ocho historias que la autora describe como violentas y sobre las cuales comentó más en entrevista

En la parte más dura de la pandemia, durante la cuarentena que confinó a los habitantes de España en sus casas, Mónica Ojeda escribió “Las Voladoras” (Páginas de Espuma, 2020). Para ese entonces, la autora ecuatoriana ya había decidido estar aislada no sólo físicamente, también mentalmente, para dar forma a los ocho cuentos que integran el libro.

 “‘Las Voladoras’ es un libro muy violento que trabaja temas que tienen que ver con la muerte, pero no con la enfermedad sino con la muerte a partir de la violencia. En ese sentido, yo no creo que la pandemia haya afectado demasiado mi escritura porque mis libros, por lo general, son muy violentos. Entonces no es que ahora escribí algo más violento a lo que usualmente estoy acostumbrada ni mucho menos”, relata Ojeda en entrevista. 

En “Las voladoras” el lector encuentra historias sobre brujas y curanderas, sobre mujeres que se desarrollan en una atmósfera de salvajismo elemental, no exenta de una suerte de erotismo y voluptuosidad. Al respecto, la escritora señala que el deseo forma parte de su obra.

“Uno de los mensajes que yo abordo en toda mi narrativa es el deseo, pero cómo el deseo está vinculado precisamente a la violencia y al miedo también. Es como si fuera un triángulo: deseo, violencia, deseo, miedo. Y siempre trabajo esto en toda mi literatura, en esas conexiones. En ‘Las Voladoras’ sí hay algunos relatos en donde está la vinculación del deseo con la violencia, pienso en el primero, que es una especie de alegoría del deseo en torno a estas brujas que se untan las axilas con miel y vuelan. Que de repente una voladora entra a una casa y con ella entra el deseo, es un deseo turbador, que genera miedo en la familia, no es un deseo agradable, es un deseo incómodo.

“También hay terremotos en un cuento que va sobre dos hermanas que tienen una relación incestuosa en medio del fin del mundo. Además, hay muchos cuentos sobre violencia sexual, donde hay violaciones, donde hay abusos familiares que son sexuales. El deseo y la violencia están presentes en este libro constantemente”. 

En uno de los relatos, una mujer ve la cabeza de una chica que fue asesinada y decapitada por su padre. A partir de ahí se suceden una serie de hechos cuasifantásticos en donde la fuerza femenina da paso a conjuros que se conectan con la naturaleza.

“Algo que me pareció interesante era mezclar esa historia de feminicidio con una característica que encuentro fascinante de las brujas andinas, que es que tienen el poder de despegar la cabeza del cuerpo por las noches y hacer que la cabeza vaya por ahí volando, invocando, hablando el lenguaje de los animales. Lo que hice fue jugar con esto, en el mismo cuento. Por un lado, la chica asesinada, y por otro, las brujas soltando su cabeza de forma voluntaria. Y creo que ahí hay una metáfora muy interesante que tiene que ver con el hecho de perder la cabeza, que en nuestra habla significa perder la razón. Pero justamente aquí pasa cuando la razón es extremadamente violenta, catastrófica y desgarradora. Entonces también había ese juego de ambivalencia”. 

Mónica Ojeda considera que “Las Voladoras” es un libro que cuenta historias de mujeres que se cruzan con la tradición oral andina, donde el paisaje es “un monstruo vivo”. Y si bien hay muchos elementos de esta región en sus relatos, la escritora señala que están muy lejos de ser costumbristas.

“Son historias que tienen que ver con violencias que les ocurren a cuerpos de mujeres. Hay cuentos que trabajan el tema del aborto, cuentos que tienen que ver obviamente con la violencia intrafamiliar que es, lo sabemos por estadística, la violencia que más sufrimos las mujeres. Todo esto está trabajado desde la imaginería andina, que era lo que a mí me interesaba, pero estas historias son universales. 

“Yo quería enfocarme en toda la imaginería andina para utilizarla a nivel simbólico en estos relatos. Y uno de esos aspectos son las brujas, que aparecen de múltiples maneras dentro del libro, está la típica bruja de esas que se pueden sacar la cabeza con sus conjuros de forma voluntaria, también están las voladoras que son estas brujas que simplemente vuelan y traen el deseo, pero luego están otro tipo de brujas que son las que no necesariamente manejan magia, en este sentido las dos gemelas de ‘Slasher’ son un poco brujas también en el sentido metafórico, pues no responden a ese ‘deber ser’ de la feminidad. O sea, hay distintas brujas, brujas más fantásticas y luego brujas más reales”, apunta la autora de las novelas “Mandíbula” y “Nefando”.

“Las Voladoras” se desarrollan en una atmósfera que ha tomado impulso en las letras castellanas, el llamado gótico latinoamericano, que también han explorado escritoras como Mariana Enríquez, Giovanna Rivero, Sandra Araya, Fernanda García Lao y Michelle Roche Rodríguez.

“Me parece que es un término interesante que puede funcionar para pensar en un tipo de literatura que no está restringida a la literatura de terror porque el gótico andino, o por lo menos como yo lo pienso, es un abordaje de la violencia y el horror que genera la violencia en un paisaje muy específico, que es el paisaje andino con toda su historiografía que genera por supuesto relatos, mitologías y simbologías propias. En ‘Las Voladoras’ yo hago un abordaje de historias que conjugan violencia, horror y belleza en el contexto andino, entonces puede perfectamente encajar dentro de esta categoría, siempre y cuando la entendamos de esta forma tan amplia, no se trata de cuentos de terror y ya está. El gótico no es nada más eso, tiene que ver con el paisaje, con la violencia, con el horror que se genera a partir de la violencia”, concluye.