Con el incremento de la tasa de interés de referencia al ahorro de 3.25 a 3.75 por ciento, el Banco de México finalmente cedió ante la volatilidad que había presionado al peso durante 14 meses reduciendo su precio en más de 27 por ciento, de alrededor de 14.30 a 18.80  pesos por dólar (inclusive llegó a rebasar los 19 pesos).  

Ya se había comentado en este espacio que la especulación iba más allá de la desaceleración económica de China y las amenazas de la Reserva Federal de Estados Unidos de que elevaría sus tasas varias veces en este año, pues ahora las autoridades monetarias y hacendarias lo han reconocido, que  la depreciación es producto de libre mercado de divisas, es decir de la presión de los poderosos inversionistas. Con la medida monetaria en sólo dos días la moneda nacional se apreció 0.55 centavos.

Al mismo tiempo, y dada la volatilidad y el menor ingreso fiscal, Luis Videgaray,  secretario de Hacienda, anunció una considerable reducción del gasto público en este año 2016, el cual es de 132.3 mil millones de pesos, pero la distribución de este sacrificio fiscal induce a sospechas ya expresadas y que cada vez más se van tornando reales.

De dicha reducción corresponden al Gobierno Federal 32.3 mil millones de pesos: 17.9 mmdp en gasto corriente y 11.9 mmdp a gasto de inversión y  2.5 mmdp en CFE. Según informa la SCT, quedarán inconclusos los trabajos en 10 carreteras, pero la noticia que consterna es que la reducción a Pemex es la friolera de ¡100 mmdp¡ lo que da a entender que de hecho es el inicio del desmantelamiento de la paraestatal para, obviamente, entregar paulatinamente todo el petróleo de la Nación a empresas privadas nacionales, pero sobre todo extranjeras.  

Es decir que la modernización de Pemex no será por parte del erario público (obviamente no se corregirá la corrupción sindical), sino de la inversión privada, así la participación en las sociedades que se firmen será cada vez menor por parte del Estado y mayor de capitales privados. 

En este tenor, aparte del despido de 15 mil empleados federales, también se anunció la liquidación de 10 mil trabajadores petroleros, el segundo despido implica reducir los costos laborales de los posibles inversionistas en la petrolera. Poco a poco se consolida el despojo.

Eso sí, continúa la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México y del tren ligero México-Toluca, el primer proyecto de dudosa licitación y el segundo por asunto político con el EdoMex.

Si desafortunadamente la caída de los ingresos del petróleo fue de poco más del 37 por ciento el año pasado, (un tercio de los ingresos federales), el tratamiento de la paraestatal debe ser diferente ya que de ésta dependen sectores sociales del País. Y la pregunta sigue en el aire: ¿dónde se han aplicado los recursos de la descomunal deuda federal de más de 2 billones 600 mmdp contratada en estos tres años de Gobierno?

Por otra parte, analistas financieros y académicos pronostican que el impacto del menor gasto público en el crecimiento del PIB será de 2.8 por ciento promedio previsto para este año a 2.1 por ciento, lo que implica menos generación de empleo y por tanto el incremento del empleo informal.

Conclusión: ya reconocida la presión alevosa al tipo de cambio, las estrategias con dosis de desesperación de menor gasto y más tasa de interés implican menos crecimiento y menos generación de empleos, pero también inducen a que se acelera el desmantelamiento de la empresa emblemática del nacionalismo heredado del General Lázaro Cárdenas, asimismo la ausencia de patriotismo en las “reformas de gran calado”.

*Catedrático de la Facultad de Economía de la UAdeC