El primer ministro de Italia, Matteo Renzi (c), el presidente de Francia, François Hollande (i), y la canciller de Alemania, Angela Merkel (d). Foto: EFE
Ante la pequeña isla de Ventotene, en el Mediterráneo, los tres dirigentes intentarán trazar una hoja de ruta para sacar a Europa de la crisis tras el "Brexit".

¿Tres capitanes en un barco de guerra? ¿La cumbre de los débiles? ¿De las nuevas alianzas en Europa? Mucho material para la interpretación deja el encuentro que hoy mantienen la canciller alemana Angela Merkel, el jefe de Gobierno italiano Matteo Renzi y el presidente de Francia, François Hollande.

Ante la pequeña isla de Ventotene, en el Mediterráneo, los tres dirigentes intentarán trazar una hoja de ruta para sacar a Europa de la crisis tras el "Brexit".

Otra cosa bien distinta es si el simbolismo de un portaaviones de la Marina como el "Giuseppe Garibaldi" es el acertado, pero claro, esta embarcación es el buque insignia de la "Operation Sophia", la misión de la Unión Europea para perseguir el tráfico de personas y entrenar al personal de la guardia costera libia. La problemática de los refugiados afecta a toda Europa y está lejos de quedar resuelta.

El "Garibaldi" como embarcación de guerra también da a entender que Europa se aisla, se defiende. Tras los atentados de París y Niza, con cientos de muertos, la política de Seguridad y de Defensa ha subido en la escala de intereses de Hollande.

El lugar recuerda además la comparecencia del ex presidente estadounidense George W. Bush, quien subido a un portaaviones anunció en 2003 aquel "misión cumplida" en la guerra de Irak, aun cuando la guerra se prolongase durante años y nadie se atreva a decir que se ha cumplido misión alguna.

Merkel, Renzi y Hollande no pueden solucionar en medio día los problemas de la Unión Europea, que tras el "no" de los británicos se han agravado. Cada uno se preocupa de lo suyo y nadie sabe realmente cómo transcurrirá la salida de los británicos del bloque. Y hasta la fecha no es que Merkel, Hollande y Renzi hayan expuesto una visión similar de la nueva UE, a pesar de que a fines de junio ya se reunieron los tres.

Cada uno de ellos tiene su propia preocupación a nivel interno. En Alemania y en Francia hay elecciones antes de final de año y en la primera mitad del próximo.

Merkel está en lo más bajo de las encuestas. Su "lo conseguiremos" con los refugiados se ve en Alemania cada vez más con mayor escepticismo y partidos derechistas como el Alternativa para Alemania (AfD) va ganando terreno. Los atentados terroristas como el de Ansbach o Wurzburgo han llevado a que muchos más alemanes se sientan inseguros, mientras que los refugiados siguen muriendo en el Mediterráneo.

El primer ministro de Italia, Matteo Renzi (i), el presidente de Francia, François Hollande (c), y la canciller de Alemania, Angela Merkel (d), durante su reunión en el portaaviones 'Garibaldi' de la Marina Militar italiana en la isla Ventotene. Foto: EFE

La popularidad de Hollande se arrastra por los suelos en las encuestas desde hace tiempo. Se le reprocha sobre todo que el desempleo siga tan alto y sus reformas económicas se topan cada vez más con una mayor oposición. A raíz de la serie de atentados sin precedentes, muchos franceses han dejado de tener confianza en su política. Y el partido ultraderechista Frente Nacional impulsa con fuerza un "Frexit" (salida de Francia de la UE), por lo que Hollande quiere tomar ahora la iniciativa para dar "un nuevo impulso a Europa".

Por su parte, al anfitrión, Renzi, la cumbre le sirve para perfilarse él mismo. Con la marcha de los británicos, Roma se ve ya en el cuadro de mando de la UE. "Italia vuelve a estar en el grupo de cabeza de la UE", dijo Renzi la víspera del encuentro. El político socialdemócrata no quiere que su país sea visto como "el enfermo" del grupo, a pesar de la fuerte amenaza de la crisis bancaria y no consiga que la economía arranque del todo. Renzi quiere de Bruselas más flexibilidad y poder incrementar el gasto público para reavivar la economía.

Renzi quiere dar una clara señal a Europa de que hay de reconfigurar la Unión "de pies a cabeza", dijo. Y esa es una de las razones por las que escogió la isla de Ventotene, cercad de Nápoles como sede de la cumbre. Allí el europeísta convencido y antifascista Altiero Spinelli escribió en tiempos de la Segunda Guerra Mundial el "Manifiesto de Ventotene", en el que se sentó la base de una Europa unida. "La Unión necesita de los valores italianos", dijo Renzi.

Las índices de popularidad del italiano también están por los suelos y un encuentro con los "poderosos" de Europa llega en buen momento. Justo en la víspera del encuentro se ha anunciado además de forma inteligente que Italia volverá a elegir en 2018 a su nuevo primer ministro, sin importar el resultado del importante referéndum sobre la reforma constitucional convocado para octubre próximo. Se trata de un golpe de timón, ya que el primer ministro había asegurado que dimitiría si el "no" se imponía en el referéndum. Ahora señala que esa "personalización" fue más bien un "error".

Y para que la cumbre no se interprete como una demostración de poder de los tres gobernantes, Merkel proseguirá las próximos días visitando distintas capitales europeas. Se reunirá con los gobiernos de Estonia, Polonia, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Suecia y Finlandia.

También Renzi se dejará ver bastante ante las cámaras. El 31 de agosto recibirá a Merkel en la localidad italiana de Maranello, la sede del fabricante de coches Ferrari. De nuevo se trata de una visita simbólica: alta velocidad en lugar de buque. Europa tiene que pisar el acelerador para salir de la crisis.