En las últimas décadas se ha hecho explícito el rechazo hacia la violencia en contra de las mujeres. Los movimientos feministas han expresado su repudio, además de que han denunciado y exigido justicia ante la impunidad de los delitos contra las mujeres y han señalado que hay diversos tipos de violencia de género. Pero, entonces, ¿qué es la violencia de género?

En términos generales, nos referimos por violencia de género a aquella producida en un marco de desigualdad en el que las mujeres están en el lado desfavorecido. Un factor importante para comprender este fenómeno es la asimetría que existe entre hombres y mujeres. Así, la violencia de género corresponde a una violencia estructural que se encuentra dentro una cultura patriarcal donde la relación de poder se encuentra normalizada.

Las expresiones más visibles de violencia contra las mujeres son la física y verbal. Sin embargo, hay otros tipos de violencia, como son la económica, psicológica o la simbólica. Y la violencia simbólica ha recibido una mayor atención en los últimos tiempos.

La violencia simbólica es la que opera al nivel de las representaciones sociales. Dicho tipo de violencia, eventualmente, es difícil de visualizar porque, tal como lo señala Lena Krook, se encuentra situada en la cultura. Y las manifestaciones son particularmente poderosas, tanto que se ven y se sienten correctas, consiguiendo que la víctima sea con mucha frecuencia cómplice de estos actos. Además, con esta violencia se busca deslegitimar a la mujer por medio del uso de estereotipos de género.

Es decir, la violencia simbólica no se ejerce por medio de un contacto físico, sino a partir de imágenes, discursos y actuaciones en los que existe una dominación masculina frente a la femenina. Las manifestaciones de violencia se efectúan de manera sutil y algunas veces son difíciles de percibir.

Este tipo de violencia toma importancia si consideramos el impacto que genera la difusión de la información a través de los medios electrónicos y, en específico, en las redes sociales.

Es imposible negar que en las últimas décadas el internet ha representado un nuevo universo que permite relacionarnos, informarnos, compartir imágenes y, en específico, ha generado un espacio virtual para la manifestación de las ideas y la opinión pública sobre diversos temas en dichos medios.

De esta forma, las redes sociales no solamente nos han acercado a las personas y generado un medio de comunicación más rápido y fácil. Estos espacios, de igual forma, han permitido que se agreda o discrimine a las mujeres sin la necesidad de la fuerza o la interacción.

Es decir, con el uso de las redes sociales ha surgido una forma de comunicación. Pero, además, en estas se está cimentando una nueva cultura de violencia simbólica específicamente hacia las mujeres. En este sentido, al modificarse las relaciones interpersonales, también se están creando nuevas formas de agresión.

En ocasiones cuando publicamos o compartimos imágenes o frases, muchas veces de manera inconsciente, promovemos modelos, normalizamos patrones de comportamiento y los legitimamos. Ejemplo de ello es que en las redes sociales podemos encontrar imágenes sexistas o discursos de odio hacia las mujeres.

Cuántas veces no hemos visto, enviado o recibido en las redes sociales comentarios como “eres una feminazi”, “no creo que la hayan violado”, “para qué anda en la calle en altas horas de la noche”.

También recreamos la violencia simbólica cuando compartimos videos, imágenes o memes ofensivos acompañados con frases como “atención, la mujer es muy frágil como un vaso de cristal”.

No podemos perder de vista que la violencia simbólica reproduce y naturaliza determinados comportamientos, valores o roles de género. Por lo tanto, debemos asumir el compromiso de utilizar las redes sociales con responsabilidad. Ello implica que debemos tener cautela en lo que publicamos o compartimos, a fin de no reproducir y normalizar estereotipos de género.

La autora es asistente de investigación del Centro de Derechos Civiles y Políticos de la Academia IDH