Al cacique de Macuspana... se le ocurrió declarar que la cerveza no es una industria esencial… y los estragos están a la vista

Vivimos tiempos raros, atrofiados. Cuando se pensaba que esta época iba a ser de las mejores en la historia de la humanidad, por aquello de la panacea del internet (todo el conocimiento del mundo a un click de distancia y en “tiempo real”, lo que eso signifique), todo se fue al traste. En momentos, por el tipo de gobierno y personajes que teníamos; luego, por el tipo de vida y acontecimientos que se fueron presentado; ahora, por la llegada del virus chino que vino a poner en pausa al mundo entero. Estamos a merced de las autoridades y sus políticas erráticas. Aquello que decían con sorna nuestros padres y abuelos se sigue cumpliendo a la fecha: sube el piano, hijo; no, dijo tu papá que no, baja el piano. Oye hijo, vino tu abuelo y dijo que mejor no, sube el piano, tu papá está de acuerdo…

Un día, gobernaba en Coahuila el tristemente célebre Humberto Moreira Valdez. Le gustaba la tauromaquia. Mandó hacer un museo para honrar dicho arte. Se elevó a patrimonio cultural en Coahuila. Nadie dijo nada e incluso se pronunciaron sentidos y lacrimógenos discursos en el Congreso para fundamentar lo que el patrón decía. Uno de esos apologistas fue Francisco Tobías, en ese entonces, diputado local. Pero luego llegó a la gubernatura Rubén Moreira. A este no le gustaba el trago ni los toros. Y como la moda era penar y castigar el arte de la tauromaquia (“pobres animalitos”, espetaban las féminas. Pero nunca se pronunciaban por la pandemia de suicidas que se siguen incrementando a la fecha en Coahuila. En fin, nada nuevo, los jóvenes son manipulables. Le creen a sus “redes sociales”), Rubén Moreira prohibió en su sexenio los toros y limitó con medidas dictatoriales la cerveza y la operación de tabernas, bares y antros. Y el mismo personaje, Francisco Tobías, cambió de opinión: ahora dijo que sí, los toros eran una cosa bárbara y harto violenta. Nada de arte. En fin, así son los “políticos” cuando se trata de sobrevivir y seguir en nómina.

Al cacique de Macuspana, Andrés Manuel López Obrador, se le ocurrió declarar que la cerveza no es una industria esencial en el País… y los estragos están a la vista. Al momento de redactar estas notas, no hay cerveza en ningún lado. Bueno, sí hay, sólo hay que hacer las preguntas pertinentes donde deben de hacerse y donde a uno lo conocen de siempre. Para mi fortuna y mi sed ancestral, no he batallado en surtir mi refrigerador con tan refrescante líquido (38 grados diarios aprietan con saña y muerden en las tardes soporíferas). Otros humanos no han tenido tal suerte. Los reflejos se están dando en varios estratos y niveles de la sociedad: el incremento de la violencia familiar, la angustia compartida con la misma mujer, el temor, el insomnio, la desesperación, la agresión física y verbal…

ESQUINA-BAJAN

El pasado domingo 3 de mayo, VANGUARDIA daba su noticia en la portada de su edición: “Desafían virus por cerveza. Hacen largas filas en expendios”. Y días antes, sólo días antes, también se daba cuenta del robo de un tráiler atascado del vital líquido. Ese día, los ladrones se robaron, amén del tráiler y su cargamento más caro que el oro del Perú o la plata de México, dos autos nuevos. Un auto, sólo a cuadras de distancia de la envasadora y almacén, lo dejaron en el camino. Pero pura madre que iban a dejar un six de cerveza en la calle. Insisto, eso nos retrata de cuerpo entero: sin cerveza, a 39 grados diarios, encerrados y con la misma mujer todo el tiempo… es mejor el suicidio. Es broma, pues.

Lo anterior es inaguantable. Bueno, maticemos un poco. En ocasiones sí vale la pena estar con la misma mujer un buen tiempo de la vida (“estabilidad” le nombran los terapeutas del amor que siempre truenan en sus relaciones. Ni ellos mismos toman sus consejos). Y claro, también es bueno por etapas dejar de beber. Pero caray, con este tiempo de pandemia y de confinamiento, la cerveza es agua de uso con la cual uno puede pensar mejor y esperar con mejor talante, un tiempo esperanzador que no, no va a llegar en muchas lunas y soles.

El silencio y aparente orden (el estar encarcelados y sin abrazar al vecino) empiezan a ser un silencio catastrófico, letal, ilusoriamente absoluto, pero ominoso. En algunos sectores el silencio es ruido de vecinos sin control ni medida. Saltillo, entonces, está divido en dos, como siempre. Como en su inicio de vida y fundación. En un lado, los españoles y lusitanos, los pocos nativos aquí nacidos; del otro lado, los pobres, los pobres tlaxcaltecas traídos de su tierra para las labores rudas. Dividida la ciudad en dos. Ahora es lo mismo: el norte de la ciudad opulento, con el miedo en sus ojos y sumidos en la rutina del silencio y en su cárcel. El sur: pobre, atrasado y olvidado, pero con vida soberana y con atisbos de “aquí no pasa nada”.

La cantina, la taberna de la esquina, no es el ejemplo de la irresponsabilidad cotidiana del mexicano, sino el espacio de cohesión, dilatada charla y convivencia del juez y el talabartero, del mecánico y del notario; aquí conviven el obrero que, encorvado, deja diario su vida en la fábrica, junto al abogado de capa caída al cual el juzgador en turno le tiene mala fe y sus procesos no avanzan. Espacio democrático, plural y ancho, la taberna es una válvula de escape de presión y control social, no el lugar donde mora la mafia ni la disipación. En una taberna fue engendrada parte de una obra portentosa y eterna, la obra de Charles Dickens. No menor es la de Malcolm Lowry. Cliente asiduo de tabernas fue Charles Bukowski, Lautrec, Picasso…

LETRAS MINÚSCULAS

¿No hay cerveza por la prohibición de AMLO? Pues hay que beber alcohol… adulterado. En Jalisco van 40 muertos, en Puebla 54, en Morelos 23, en Yucatán 7, 5 en Veracruz. ¿Es culpa de AMLO? Sí.

Jesús R. Cedillo

Columna: Contraesquina / Salpicón

Jesús R. Cedillo nació en Saltillo, Coahuila en 1965.

Escritor y periodista. Ha publicado en los principales diarios y revistas de la república Mexicana. Ha publicado varios libros de poemas entre ellos: Sometimiento al relámpago (CNCA. Con dos ediciones, 1993 y 2001) y Alabanza de los frutos (Verdehalago, 2000).
Ha obtenido siete premios de Periodismo cultural de la UA de C en diversos géneros periodísticos. Su trabajo ensayístico está antologado en volúmenes editados en la capital de la república. Actualmente tiene en preparación el volumen de ensayos: Las formas del fuego y el libro de poemas, El Libro de los Reinos. Se dedica al periodismo y la literatura de tiempo completo. Cursa estudios de teología.