Duke Buchan III fue nominado en la noche del jueves como nuevo embajador de Estados Unidos en España. Foto: College of Arts & Sciences
Duke Buchan III fue nominado en la noche del jueves como nuevo embajador de Estados Unidos en España. Para que asuma su puesto, aún debe ratificarlo el Senado, donde la Casa Blanca mandó ya la nominación.

El día de la toma de posesión de Donald Trump, Duke Buchan III y su esposa acudieron de mañana a la iglesia con él y su mujer, Melania. Ya durante la ceremonia, a los pies del Capitolio, estuvieron sentados cerca del nuevo presidente de Estados Unidos, a cuya campaña contribuyeron muy generosamente.

Este hombre con nombre que suena aristocrático en Europa (la traducción de Duke es duque; el resto lo hacen los números romanos que expresan que es el tercero en la familia) fue nominado en la noche del jueves como nuevo embajador de Estados Unidos en España. Para que asuma su puesto, aún debe ratificarlo el Senado, donde la Casa Blanca mandó ya la nominación.

Según medios estadounidenses, él mismo había expresado interés en el puesto y se sitúo desde el principio en lo alto de la lista de candidatos para suceder a James Costos en el emblemático edificio entre el Paseo de la Castellana y Serrano.

Nacido en Carolina del Norte, Buchan es inversor: es el CEO de la compañía que él mismo fundó en 2001, Hunter Global Investors, y que está situada en Palm Beach (Florida), donde se encuentra Mar-a-Lago, la famosa mansión-hotel de Trump a la que el presidente se desplaza desde Washington muchos fines de semana.

Buchan no es un hombre especialmente conocido en Estados Unidos. La información que circula sobre él no es mucha. Su cuenta de Twitter, @Duke_Buchan_III, está protegida y aunque tiene perfil en Linkedin, la red social profesional, ahí no se cuenta de él nada más que su cargo. Los contactos profesionales que tiene son solo tres.

Duke Buchan III fue nominado en la noche del jueves como nuevo embajador de Estados Unidos en España. Foto: College of Arts & Sciences

Tampoco él y Trump se conocían demasiado cuando el año pasado, a finales de la primavera, donó junto a su mujer, Hannah, 898,000 dólares, el máximo permitido por ley, al comité de acción política (PAC, por sus siglas en inglés) creado en pro de la victoria de Trump. Antes había apoyado a Jeb Bush.

Según contó "The New York Times", Buchan explicó a gente de su confianza que veía en Trump un agitador, a alguien capaz de arreglar las cosas, una persona que iba a llevar su ingenio de los negocios a la Casa Blanca y a alterar el statu quo del Gobierno. Coorganizó después unos 20 eventos para recaudar fondos para el republicano.

El rotativo neoyorquino informó ya en diciembre de las ganas de Buchan de ser embajador en España, aunque también había sonado su nombre para Argentina y Uruguay. "The Washington Post" volvía a hacer mención a él en febrero en un artículo en la sección de Estilo dedicada a los amigos y donantes del presidente estadounidense que buscaban un cargo de diplomático.

Que los donantes importantes de las campañas de quien luego se convierte en mandatario pidan una embajada no es algo que solo haya hecho él. Es una práctica habitual.

El diario "Politico" hablaba a sus lectores en enero de los "embajadores de cocktail", los generosos donantes a los que luego los presidentes envían como agradecimiento a puestos diplomáticos sin importancia estratégica, por lo general situados en Europa Occidental y el Caribe. Los dos embajadores que Obama tuvo en Madrid, Alan Solomont y Costos, habían sido también donantes de sus campañas.

Parece que Buchan guarda un gran recuerdo de sus tiempos de estudiante en Sevilla, en el sur de España. Licenciado en Economía y Español por la Universidad de Carolina del Norte y con un máster de la Escuela de Negocios de Harvard, también pasó por la Universidad de Valencia, según la escueta biografía que alberga la página de su empresa en Internet.

No solo habla español: también tiene "conocimientos prácticos" de catalán. La cultura y la literatura españolas, según afirma esa web, están entre sus pasiones, de las que también forman parte jugar al polo y las 60 variedades de tomates orgánicos que cultiva en la granja -realmente una mansión- que tiene en el norte del estado de Nueva York. No es su única residencia: tiene una casa en Palm Beach y un apartamento en la Quinta Avenida de la ciudad de Nueva York.

DPA

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