Armando Castilla Galindo

CARTA ABIERTA A LOS CIUDADANOS SENADORES

Y DIPUTADOS FEDERALES

Y LOCALES.

Presentes.

“Con todo respeto”, como se acostumbra actualmente decir. Me dirijo a ustedes como representantes que son de los más altos intereses de los Estados y los ciudadanos mexicanos.

En primer lugar debo decirles, a quienes no me conozcan, que soy un abogado retirado del ejercicio profesional de ochenta y tres años de edad, pero aún preocupado por nuestro destino como país y como sociedad.

En seguida, como suele decirse, entremos en materia.

Nuestra Constitución Política, ha sufrido tantas modificaciones y enmiendas, como nuestra bandera y nuestro himno nacionales, según los vientos ideológicos que han soplado, por lo que no encuentro oportuno referirme, con exactitud, a esos cambios, ya que podría llevarme a cometer errores, pues no estoy actualizado en ellos, lo que carece de la menor importancia.

En ese contexto, los invito a analizar el significado de la palabra “lucro”, cuya primera acepción es: “obtener un beneficio o ganancia por algo que sucede”. En sentido más amplio, puede decirse que el lucro es de muy diversas índoles, desde económicas hasta amorosas, políticas o familiares.

El Presidente de la República que desgraciadamente tenemos, en una de sus llamadas “conferencias”, que no son otra cosa que propaganda y exaltación a su persona, narcisismo puro, dijo algo que me causó no solo indignación sino asco, y que entraña una grave ofensa a todo lo bueno que los mexicanos aún tenemos: vergüenza y solidaridad, sin importar nuestra condición económica, color, creencias, cultura o lugar de domicilio.

El presidente, no por tonto sino por perverso, dijo: “…que el coronavirus, le cayó como anillo al dedo, para afianzar su proyecto político, que por ningún motivo  va a cambiar…”. Luego entonces, al Presidente le importan muy poco los muertos y los enfermos, las empresas modestas que quebrarán y las personas que quedaran sin trabajo, porque los patrones sin ingresos y atosigados por sus esbirros fiscales, no podrán pagarles sus salarios y prestaciones, pues lo único que quiere es lucrar políticamente con esas desgracias, para afianzar sus proyectos y rendir culto a su personalidad.

Qué pensaría alguien con tres dedos de frente, y no incondicional del actual y dañino “tlatoani”, si algún empresario sea comerciante, minero, periodista, agricultor, banquero o profesionista, llegara a decir: “Que bueno que llegó esta pandemia, ya que para mí será como un anillo al dedo, pues a cambio de los bienes o servicios que yo presto, podré obtener un beneficio o ganancia mayor”. Sin lugar a dudas ese hipotético individuo sería linchado y sus instalaciones justicieramente quemadas.

Señores representantes de los Estados y de la ciudadanía, como saben, los ciudadanos no podemos reclamar nuestros derechos políticos directamente, sino solo por conducto de ustedes, razón por la que les dirijo esta carta, pues de nada han servido las marchas populares, por impresionantes que hayan sido.

Por lo anteriormente expuesto, les suplico buscar la forma legal que exista, o debiera existir, para detener las acciones del orate que lleva al país al precipicio, como ha sucedido en otros lugares, entregados “democráticamente” a dictadores de cuarta categoría.

No sirvan de cómplices, a quien ha demostrado con toda claridad, que es cordial amigo de los delincuentes, y feroz enemigo de sus víctimas y de quienes trabajan honestamente.

Ojalá no llegue a pasar en México lo que sucedió en Venezuela, y entonces ustedes puedan ver a los ojos llorosos de sus seres queridos, cuando se acaban de comer el cuerpo de su mascota, y decirles: “yo no tuve la culpa de esto, pues en su momento hice todo lo que pude por evitarlo”.

Luis Neftalí Dávila Flores