En Tamaulipas, en un rancho abandonado a toda prisa, se encontraron 17 cuerpos mutilados a machetazos por una turba de “ahijados de Satán”. Era una pandilla de sicarios del cártel del Golfo y sus hazañas sangrientas combinadas con brujería les hizo ganarse el mote de 'Los narcosatánicos'
Foto: Tomada de Internet

Cuando la nota roja era el principal atractivo y el crimen “todavía no se organizaba como tal en 1989”, llamó poderosamente la atención la noticia de que, en Tamaulipas, en un rancho abandonado a toda prisa, se encontraron 17 cuerpos mutilados a machetazos por una turba de “ahijados de Satán”. Era una pandilla de sicarios del cártel del Golfo y sus hazañas sangrientas combinadas con brujería les hizo ganarse el mote de “Los narcosatánicos”.  

Sus integrantes principales fueron Adolfo de Jesús Constanzo, El Padrino y su secretaria y asistente, Sara Aldrete, La Madrina. A esa banda perteneció Álvaro Darío de León, El Duby, cuya incipiente carrera criminal rozó con otros criminales famosos de la época en el ala de los asaltos bancarios y después en el secuestro, donde se hizo amigo de Alfredo Ríos Galeana, Andrés Caletri, Roberto Malváez, El Brady y El Marino, con una cauda de 67 homicidios, entre otros pelafustanes. 

Ahora 30 años después, el profundo impacto de una de las peores bandas criminales, un culto pagano conocido como “Narcosatánicos”, ha cambiado por siempre el transcurso de la comunidad del sur de Texas, la familia de la víctima, y los investigadores involucrados.

EL CRIMEN

Kilroy y unos amigos aprovecharon su receso de primavera en 1989 para ir a Isla del Padre Sur, un popular destino entre estudiantes durante la temporada. Tras una noche de fiesta, los jóvenes cruzaron de nuevo al lado estadounidense donde habían dejado su vehículo estacionado. Pero Kilroy nunca regresó.

De alguna manera, el joven se había quedado. Según George Gavito, el exteniente del Departamento del Alguacil del Condado de Cameron, Kilroy se detuvo para ir al baño pero nunca se reunió con el grupo. Sus amigos lo esperaron cerca del auto antes de denunciar su desaparición.

“Sólo me dijo no te preocupes Carl, eres mi amigo. Y esas fueron las últimas palabras que me dijo y fue entonces que nos dijimos adiós y cada quien por su lado. Y esa fue la última vez que vi a Mark,” contó Carl Routh, amigo de Kilroy, sobre aquella noche.

La denuncia desató una intensa búsqueda contrarreloj, ya que todos los posibles testigos, la mayor parte estudiantes de vacaciones, iban a regresar a sus vidas cotidianas en menos de tres días.

Los padres de Kilroy viajaron lo más pronto posible de Houston a Matamoros para ofrecer una recompensa de $15,000 con la esperanza de encontrarlo.

Sin saberlo, autoridades estaban a punto de obtener las respuestas a todas sus inquietudes con el arresto de un Serafín Hernández, un joven estudiante de Texas Southmost College en Brownsville.

Hernández y otro tres hombres fueron detenidos después de que se encontrara droga en un rancho al norte de Tamaulipas.

El arresto, que no mostraba indicación alguna de estar relacionada a la desaparición de Kilroy, sería la clave que destaparía una banda dedicada al narcotráfico y la santería, liderada por Adolfo de Jesús Constanzo, un cubanoamericano conocido como “El Padrino”, creyente de la religión Palo Mayombe.  

Las creencias de Constanzo lo llevaron a ganar fama como curandero estableciendo relaciones con jefes policiacos y narcotraficantes.

El hallazgo

El 11 de abril de 1989 llegó la mala noticia. Al menos 17 cuerpos fueron encontrados en el rancho Santa Elena en Matamoros, Tamaulipas. A las víctimas, quienes habían sido sacrificadas en un ritual, se les habían sacado algunos órganos para preparar un brebaje para ser utilizado en ceremonias de santería.

“Era horrible. Honestamente, era como un matadero humano,” expresó Alex Pérez, exalguacil del condado Cameron.

Entre las víctimas del clan se encontraba Kilroy, el joven estudiante de Medicina que fue elegido al alzar por los narcosatánicos para ser sacrificado. Al parecer, Constanzo había ordenado el secuestro de un joven estadounidense e inteligente. Lo que convirtió a Kilroy en la victima perfecta.

Detrás de la muerte de Kilroy, estaba “El Padrino” y su discípulo Sara Villarreal Aldrete, quien era una joven divorciada y también estudiante de Educación Física de Brownsville. Villarreal Aldrete era amante de “El Padrino” y según las autoridades, tenía un papel protagónico en los rituales y reclutaba a nuevos miembros de la secta.

El 5 de mayo de ese año, Villarreal Aldrete fue detenida durante un operativo en un apartamento en Ciudad de México. En ese operativo, Constanzo pidió a uno de sus seguidores que le disparara y Sara habría quedado sola para encarar a la justicia.

Según investigadores, los sacrificios humanos eran para asegurar que los narcos tuvieran protección y así parecer “invisibles” ante las autoridades.

De acuerdo con Jim Mattox, exprocurador general de Texas, era para “obtener las bendiciones de los esfuerzos del vudú y continuar sus actividades de contrabando”.

El arresto

Tras el horrendo hallazgo, autoridades detuvieron a Sara Villarreal Aldrete, Serafín Hernández García, Sergio Martínez Salinas, David Serna Valdez y Elio Hernández Rivera. Hernández García confesó haberlo secuestrado y matado. Pero a lo poco, Hernandez García, Constanzo y Aldrete escaparon de las autoridades.

Días después Constanzo y Aldrete fueron localizados en un departamento en la Ciudad de México. 

Determinado a no ir a prisión, Constanzo ordenó a sus seguidores lanzar puñados de dólares por la ventana para distraer a los policías. Después de un par de horas de enfrentamiento, Contanzo, decidido a no ir a prisión, ordenó a uno de los discípulos que le disparara a él y a Quintana. Cuando la policía finalmente irrumpió, Constanzo y Quintana ya habían muerto. Sara Aldrete se declaró inocente y una víctima de la situación, la policía acreditó su complicidad con Constanzo, ya que era su amante y cómplice criminal. Fue sentenciada a purgar una condena de más de 600 años de prisión por su participación en el culto, los secuestros, torturas y asesinatos.

Con información de Telemundo