Ilustraciones: Vanguardia/Alejandro Medina

¿Quién ganó? Sobre el mismo acuerdo, y prácticamente con los mismos argumentos, desde el viernes por la noche se escuchan en México versiones que festejan “el triunfo” de la delegación mexicana en Washington, frente a otras que lloran “la derrota” de los nuestros.

¿Un caso más de quienes ven el vaso medio lleno o quienes lo ven medio vacío? Parece que será muy difícil ponerse de acuerdo sobre el estira y afloja que México y Estados Unidos tuvieron toda la semana sobre temas de aplicación de aranceles y freno a la migración centroamericana.

En efecto, la que inició como una -otra- desconcertante agresión de Donald Trump, pero en materia económica, la amenaza de la aplicación de aranceles de las exportaciones mexicanas a Estados Unidos a partir del lunes próximo desde la base de 5 por ciento, acabó como un diferendo político sobre la crisis migratoria de Centroamérica hacia la Unión Americana.

Al más puro estilo gansteril, Trump amenazó a México con un castigo económico si no le resolvía un problema político y social. El diario español El País aseguró que “una fuente de la cancillería mexicana que pidió no ser citada, resumió la estrategia Trump como ‘el arte de patear el perro y acariciarlo después’”.

Así, dueño de su silencio y practicante del emblemático signo hippie de “Amor y Paz”, el presidente Andrés Manuel López Obrador instruyó a sus negociadores a aceptar que la Guardia Nacional se estrene reforzando la frontera sur del País.

Esa acción obligó a AMLO a postergar, por no decir a renunciar, a sus principios sobre migración, que él ve como un problema social con origen en la pobreza que debe combatirse generando inversiones y oportunidades de educación y empleo, pero eso a Trump no le interesa.

A unos días del arranque oficial para reelegirse, al inquilino de la Casa Blanca, lo único que le interesa de México es el aumento significativo del control fronterizo y las deportaciones, para lo que se desplegarán 6 mil agentes de la Guardia Nacional para frenar la emigración irregular.

Debe reconocerse que la aplicación de aranceles a los productos mexicanos hubiera sido un golpe durísimo para la economía del País, así que en ese aspecto el acuerdo no es un remedio de efecto placebo. Punto para López Obrador.