El viernes pasado se conmemoró el centenario del natalicio del primer actor mexicano Roberto Cañedo, nacido el 30 de marzo de 1918 en la ciudad de Guadalajara, Jalisco.

Cañedo, mejor conocido por su vasta trayectoria en el cine al haber rodado en poco más de 50 años de actividad fílmica más de 300 películas, tuvo una más limitada actividad en la pantalla chica, acumulando apenas 14 telenovelas a partir de la primera que se trató de “Claudia”, en 1960, junto a  María Elena Marqués, Manolita Saval, Raúl Farrell . María Teresa Rivas y Angelines Fernández, hasta la última que fue “Entre la vida y la muerte”, de 1993, que protagonizó al lado de Leticia Calderón, Fernando Ciangherotti, Irán Eory y la primera actriz coahuilense Beatriz Aguirre, entre otras.

Lo que pocos conocen de Don Roberto es su faceta como inventor, como lo comentó la también desaparecida primera actriz, Carmen Montejo a la revista “Somos” con fecha de junio del año 2000 dedicada a Roberto Cañedo en donde ella cuenta lo siguiente: “Tengo grabadas las charlas con Roberto, sobre todo le gustaba hablar de tres temas; el sindicalismo, su mujer y sus inventos. Amaba a su sindicato y si no llegó a secretario general de la ANDA fue porque nunca lo buscó, pero tenía los conocimientos para tomar las riendas. Respecto a su mujer, ¡estaba muy enamorado! Y por lo que toca a sus inventos, era inteligente y siempre se le ocurría algo qué hacer, ¡hasta inventó el apuntador electrónico!”.

El apuntador electrónico es el aparato que en la actualidad se conoce comúnmente como “chícharo” y es que prácticamente es del tamaño de uno para colocarse en los oídos de los actores de telenovelas para que alguien tras bambalinas les lea los textos y no los olviden, particularmente en producciones que van al día y cuyos libretos llegan a manos de los interpretes, a veces recién escritos y por lo mismo con la imposibilidad de memorizarlos y grabar el capítulo que se transmite en ocasiones la misma tarde o noche que realizan las grabaciones. 

Es por ello que independientemente de las pocas telenovelas que grabó Don Roberto, de las cuales confieso quizás sólo haberlo visto en una que fue clásica como fue el caso de “La venganza”, de 1977, al lado de los primeros actores Helena Rojo, Enrique Lizalde y Xavier Marc, entre otros, la cual, por cierto, dio lugar a dos refritos como “Marimar”, de 1994 y

“Corazón indomable” del 2013, gracias a este invento es que aunque de pronto el llamado “chícharo” se hace visible en las orejas de actores o actrices llegando a distraer la atención de los espectadores a la historia de la telenovela en cuestión, su legado para el género llegó para quedarse y sigue vigente mientras estas historias se sigan produciendo. Muchas felicidades y gracias por su legado.

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