Cada cierto tiempo se repiten las mismas leyendas contra esta legumbre. Aquí están las respuestas frente a los mitos más populares

Desconozco el motivo por el cual de vez en cuando sale algún artículo alarmista sobre el consumo de soya, que se hace viral rápidamente. 

Tampoco entiendo por qué la soya es un alimento que despierta el rechazo más absurdo en los consumidores, desde el temor a sufrir la feminización si eres hombre, hasta referirse a todo tipo de peregrinas tropelías que al parecer causa esta especie de frijol.

Sus características

La soya es una legumbre, lo que quiere decir que produce sus granos en una vaina. Todas las plantas con esa característica son agrupadas en la familia de las leguminosas. Es el caso del frijol, el chícharo y las lentejas.

Todas las leguminosas son ricas en proteínas, pero los granos de soya son también ricos en aceite, lo que la califica además como una oleaginosa. Y es tan rica en calcio, que con sus granos se puede elaborar una bebida muy nutritiva, que hoy llena los anaqueles de los lácteos, donde compite con la leche y el queso.

No hay razón para excluirla

Teniendo en cuenta que no hay ni un solo organismo competente y ni un solo Departamento de Salud de ningún país que hayan lanzado una alerta sobre el consumo de soya a ninguna población ni grupo de edad, este fenómeno es francamente curioso. Casi se presta a elucubraciones sobre intereses encubiertos tras toda esa mala prensa.

La soja es un alimento recomendable desde el punto de vista nutricional, como el resto de las legumbres, y no hay ningún motivo para excluirla de la dieta en la población en general.

De hecho, alimentos con recomendaciones claras que indican limitar su consumo, como es la carne procesada o los productos ricos en azúcar añadido, generan mucha menos reticencia y se consumen a diario en un porcentaje elevadísimo de familias sin ningún tipo de reparo. 

¿Cuántos niños desayunan leche de soya chocolatada con galletas a diario?). Hasta el alcohol tiene defensores de su consumo frecuente a pesar de que la única dosis de consumo exenta de riesgo es ‘cero’. Pero pon atención, porque lo importante es mantener el ojo sobre la soja


Una proteína muy versátil

La soya (o soja, como también se le llama) es un alimento recomendable desde el punto de vista nutricional, como el resto de las legumbres, y no hay ningún motivo para excluirla de la dieta de la población en general. 

Es la campeona en contenido proteico de su grupo, siendo además su proteína de muy alta calidad. Como el resto de legumbres es rica en fibra y en otros nutrientes. 

Además, es muy versátil ya que da lugar a muchos derivados tradicionales que son gastronómicamente muy apreciados, pasando por el tofú, la bebida de soya Ades y la salsa de soya, sin ir más lejos. Y otras opciones más modernas que incluyen la soya texturizada.

También se extraen de la soya compuestos muy usados en la tecnología alimentaria como las lecitinas que se usan como emulsionante.

Los mitos más socorridos

Veamos a continuación algunos de los mitos más comunes asociados a la soya.

‘No quiero soya porque soy hombre’ y porque la soya ha sido acusada de ‘feminizante’.

Pues haces mal, porque de entrada el consumo de soja reduce el riesgo de cáncer de próstata. 

Otro de los principales miedos a la soya viene determinado por su alto contenido de isoflavones, un tipo de fitoestrógenos, y los supuestos efectos negativos que esos elementos  tendrían en nuestra salud hormonal, especialmente en el caso de los varones que se dice serían feminizados si ingieren esta leguminosa. 

Usando el sentido común, me remito a lo comentado arriba ¿realmente crees que el contenido en isoflavones de la soya perjudicaría a la población o causaría efectos feminizantes en los hombres, como se oye a menudo? Sí así fuera ¿acaso no habría una alerta sanitaria al respecto? (las tenemos por mucho menos) ¿o no estarían las consultas médicas a rebosar de hombres con problemas de ese tipo? ¿o no habría graves problemas de fertilidad las zonas donde el consumo de soya estuviera presente en la dieta diaria?

No afecta la testosterona

Solo con pasar la aseveración por la neurona de guardia, queda claro que algo falla. También podemos leer literatura científica reciente revisando este tema y concluyendo que los productos de soya son seguros. Hay pocos estudios de intervención que revisen el efecto de los fitoestrógenos en la fertilidad masculina, pero alguno podrás encontrar si deseas leer al respecto.

La soya tampoco afecta a la concentración de testosterona biodisponible en hombres, ni a otras hormonas. Dejemos de usar estudios hechos con suplementos de isoflavones a dosis absurdas, estudios de casos únicos o trabajos en ratones para lanzar mensajes alarmistas sobre la soya como alimento.

¿Y si le tengo que dar ‘fórmula de soja’ a mi bebé?

Sabiendo que la mejor opción para alimentar a un bebé es siempre la leche materna, en el caso de que por algún motivo debamos alimentarlo con ‘leche de fórmula’ elaborada a partir de soya (siempre con consejo del pediatra) está bien que sepamos que las fórmulas modernas de soya son seguras y que los niños que las consumen presentan excelentes patrones de crecimiento, salud y metabolismo óseo, reproducción, endocrina, inmunológica y un funcionamiento neurológico similar al de los niños alimentados con fórmula a base de leche de vaca o leche materna.

‘No quiero soya porque es cancerígena

Estad tranquilos.

Esta no solo es una afirmación rotundamente falsa, sino que es al contrario. Si hay una relación plausible entre la soya y el cáncer, sería protectora. 

La soya no aumenta el riesgo de cáncer gastrointestinal, ni el de endometrio (de hecho es protectora de cánceres ginecológicos y de mama), ni el de próstata como hemos leído más arriba.

Si preocupa que es un producto que está causando estragos en el ecosistema y en la vida de muchos agricultores, entonces lo que se debería dejar de consumirse es carne, no soya.

Tampoco está contraindicada en cánceres de mama en curso, ni interfiere con algunas medicaciones habituales, no obstante que el consejo de evitar la soya sigue siendo un clásico en consultas de oncología, pese a no tener base alguna sobre la cual apoyarse.

 Lo explica con detalle Luis Cabañas, dietista-nutricionista especializado en nutrición oncológica y Liliana Cabo, también compañera nuestra que realiza actualmente su tesis doctoral en la misma especialidad y que nos lo explicó aquí. Ambos artículos enlazan toda la bibliografía que los sostiene.

Más mitos sobre el cáncer

O podemos ir más rápido: la misma web del WCR (World Cancer Research) nos dice de forma clara y concisa que no hay ningún motivo para evitar la soya. De hecho, en sus recomendaciones para la prevención del cáncer no rechaza la soya en ningún momento, y en cambio alienta el consumo de más “cereales integrales, verduras, frutas y legumbres, como la soya”.

Si recurrimos al AIRC (American Institute for Cancer Research) podemos leer, en resumidas cuentas, que la soya es segura tanto para aquellos diagnosticados de cáncer como para los que no. 

En definitiva, preocuparse por si un consumo habitual de soya o de procesados saludables a base de soja,como el tofú, va a perjudicar a nuestra salud, no tiene base. 

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‘No quiero la soya porque es transgénica’

Si este fuera el caso, evitar la soya transgénica sría tan fácil como revisar el etiquetado de los alimentos. En la Unión Europea la legislación obliga a etiquetar los transgénicos de consumo humano. 

Es decir, si una bebida de soya, un tofú o una harina de maíz contienen transgénicos, lo tendrían que poner en el etiquetado. 
En los productos ofrecidos al consumidor final, debe constar la indicación ‘Este producto contiene organismos modificados genéticamente’. 

De manera que, en Europa, si esta leyenda no se pone en el etiquetado es porque no contiene transgénicos. A lo sumo podría contener trazas de transgénicos, siempre por debajo del 0.9%. Así es como lo establecen las normas alimentarias.

Es importante señalar que los motivos más poderosos para evitar los transgénicos no son necesariamente los relacionados con la salud... 

La defensa de la soberanía alimentaria, la conservación de los ecosistemas y la diversidad o la sostenibilidad del medio ambiente son también argumentos lo bastante potentes como para tomarlos en cuenta, sin necesidad de caer en mensajes de salud amarillistas o en decires absolutamente falsos.

‘No quiero soya porque deforesta el Amazonas’

Es loable no querer sostener el consumo de un producto que está causando estragos en el ecosistema y en la vida de muchos agricultores. 

No obstante, en este caso, lo que se debería dejar de consumir es la carne, no la soya, ya que es la ganadería la mayor responsable de la deforestación, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

Los grandes monocultivos de soya del continente americano, se destinan en su mayor parte a los alimentos para el ganado. Pero los productos de soya para consumo humano, son también adecuados y sostenibles.

La elección de alimentos es una opción política y ética. En otras palabras, no apoye modos de producción con los que no esté de acuerdo o no entiende.

La autora, Lucía Martínez Argüelles (@Dimequecomes), es dietista-nutricionista, máster en nutrigenómica y nutrición personalizada.  Bloguea en www.dimequecomes.com

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