Tenemos pavor a los papás

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Politicón
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La semana pasada presenté una ponencia en un Congreso Internacional de Educación y al final de la conferencia se me acercaron varios directores de escuelas de Educación Básica; me comentaron: “Maestro, necesita que escriba algo con respecto a la actitud de muchos padres, no todos, con respecto a la educación de sus hijos. Un alumno de segundo de primaria se le recogió su celular porque no está permitido llevarlo a la escuela. Su madre nos gritó porque estamos atentando contra la propiedad privada y que nos iba a demandar”. “Un papá exigía que corrigiera la calificación de su hijo de tercero de secundaria y si no lo sacaría del colegio. El alumno copió textualmente todo el trabajo de Ciencias Sociales de una página de internet. Y claro, nunca lo sacó”. Los padres y la familia son el grupo más social más importante de una comunidad. Son los responsables más importantes en la crianza de los niños. Sin embargo, existe una gran confusión en su educación y disciplina.

La mayoría que somos papás, arriba de los 50 años, fuimos educados con un estilo firme y algunas veces con disciplina física. ¿Quién no recibió una pequeña nalgada de parte de nuestros padres o un coscorrón de un maestro? Creo que la mayoría recibimos algún tipo de castigo físico. Y no estoy afirmando que tenemos que regresar nuevamente a estas formas de disciplina. Hay una gran cantidad de estudios que nos indican que dejan una huella emocional negativa en nuestras mentes toda la vida. Sin embargo, la tendencia es irnos al otro extremo del péndulo. A los niños y adolescentes no hay que llamarles la atención y mucho menos que vivan pequeñas consecuencias de sus malas decisiones.

Surge una generación, en Estados Unidos, llamada “Papás Helicópteros”. Su misión es volar siempre arriba de sus hijos y cuando ven algún peligro bajan rápidamente y los rescatan. Esto se llama “sobreprotección”. Uno de los objetivos más importantes de los padres es solucionarles todos sus problemas. Pero ¿cuál es el mensaje que les estamos dando a nuestros hijos? “Hijito, tú no puedes, pero yo te lo resolveré” o “Tú eres incapaz y por eso yo te ayudaré”. El psicólogo americano Irving Weiner escribió: “Quien protege a sus hijos de pequeños eventos estresantes, evitarán que el niño enfrente sus miedos y no los podrá eliminar”. El problema se agrava porque no solamente los padres evitamos que nuestros hijos enfrente pequeñas adversidades sino además amenazan y minimizan la autoridad de los maestros y adultos. Crecerán con la creencia falsa que no importa su comportamiento y nunca recibirán ninguna sanción negativa.

Los niños que crecen con padres sobreprotectores su autoestima será muy frágil ante la inseguridad de su capacidad para resolver problemas y lograr metas por los mensajes que los padres le envían: “No eres capaz de sobrevivir sin nosotros”. Dejemos de resolverles todos sus problemas porque jamás serán capaces de enfrentarlos y dependerán de nosotros en cada uno de sus actos de la vida: “¿Me recomiendas que trabaje? ¿Qué sucede si no me gusta?” Y le contestaremos: “No te preocupes, hijito, si no te gusta, renuncia y te quedas en casa hasta que encuentres un trabajo digno para ti. Nosotros siempre te apoyaremos”. Y el “huercote” lo tendremos en casa como un bebito dependiendo y lactando de sus padres. El destete debió haber ocurrido hace ya años. Claro que nuestra función es cuidarlo, pero también entrenarlo para que resuelva sus propios problemas. Cuál será nuestro consejo o reacción ante la siguiente situación: Mamá ya no me gustó estar casado y ahora ¿qué hago?”. Nuestra respuesta será: “¿Hijito, regresa con nosotros o resuelve tu vida?”.

@JesusAmayaGuerr

jesus.amaya@udem.edu

Es licenciado en Educación con Maestría en Desarrollo Organizacional por la UdeM. Maestría en Psicopedagogía Clínica en España. Cuenta con doctorado en Currículum e Instrucción por la Universidad del Norte de Texas y estudios de Postrgrado en Educación, género, aprendizaje y cerebro en el programa de Velma Smichdt por la Universidad del Norte de Texas.

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