Foto: Tomada de Internet
Fotos de torturados, evidencias de ejecutados, mensajes con subalternos y reportes de medios de comunicación guardaba el jefe de sicarios, presunto responsable de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa

Fotos de tortura con personas que sufrieron graves heridas en la piel o se les amputaron las extremidades, evidencias de ejecutados, hombres y mujeres, el retrato de una mujer acompañada de un par de niños, interrogatorios, armas y reportes de medios de comunicación sobre Guerreros Unidos son algunas de las cosas que las autoridades encontraron en el celular de Gildardo López Astudillo, El Cabo Gil, uno de los líderes de la organización cuando lo detuvieron hace cuatro años.

En el dispositivo también se encontraron imágenes, obtenidas por MILENIO, de distintos vehículos quemados y zonas acordonadas para peritajes forenses, saldo de enfrentamientos con otros cárteles como Los Rojos o La Familia Michoacana, con los que disputaba plazas en la llamada Tierra Caliente de Guerrero.

El Gil, como también se le conoce, controlaba desde su celular la actividad criminal de la zona, recuperó su libertad el 2 de septiembre pasado. Pese a las pruebas en su contra de los crímenes que cometió u ordenó a sus subalternos, este líder de Guerreros Unidos, implicado en la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, hoy está libre.

El pasado 30 de agosto un juez de Tamaulipas absuelvió a Gildardo López Astudillo, alias "El Gil", de participar en la desaparición de los 43 estudiantes en Ayotzinapa, Guerrero, en el 2014.

Gildardo López Astudillo, identificado por las autoridades como el Gil, era un mando medio de bajo perfil en la estructura del grupo delictivo Guerreros Unidos; un “lugarteniente”, como se dice en el argot criminal. Antes del caso Iguala, su nombre no figuraba en los objetivos prioritarios del gobierno federal

Pero el rol que jugó en la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa fue determinante.

La investigación de la Procuraduría General de la República (PGR) coloca al Gil o el cabo Gil, detenido la noche del pasado 16 de septiembre, como responsable de haber señalado que los normalistas eran del grupo antagónico de Los Rojos, y de haber ordenado que todos fueran “desaparecidos”.

En algunas de las conversaciones encontradas en el dispositivo, a las que MILENIO pudo tener acceso, se detalla el intercambio que presuntamente El Cabo Gil habría tenido con un contacto identificado únicamente como Tintán.

En un fragmento de dicha plática realizada a la medianoche del 5 de octubre de 2014, apenas una semana después de la desaparición de los 43, Gilberto López pide el número personal al contacto con el que conversa de manera fraterna.

Más adelante le envía a Tintán el extracto de una nota periodística en la que se menciona el hallazgo de fosas clandestinas en la comunidad de Pueblo Viejo, a unos 40 kilómetros de Iguala, donde se encontraron restos humanos presuntamente de los normalistas. Después le pregunta su opinión al respecto con un “Como ves este pedo”.

De acuerdo con fuentes federales, antes de su detención, El Cabo Gil era uno de las principales cabecillas del cártel de Guerreros Unidos, que es una escisión del cártel de los Beltrán.

Leyva, conformada tras su declive con el abatimiento o arresto de sus principales jefes. En la organización se encargaba de liderar a todos los comandantes y sicarios.

En la estructura de la organización delictiva estaban encima de él únicamente los hermanos Casarrubias, Sidronio El Chino y Mario El Sapo Guapo. Ambos detenidos por sus implicaciones en el caso Ayotzinapa. Sidronio también fue liberado recientemente.

En las declaraciones de algunos de sus subalternos se constata cómo la operación del grupo se apoyaba en el uso de servicios de mensajería instalados en sus teléfonos celulares.

“Nunca los van a encontrar, los hicimos polvo y los tiramos al agua”, es tal vez el mensaje más emblemático escrito por Gildardo López Astudillo, de acuerdo con la inteligencia mexicana.


Se lo envió a Sidronio Casarrubias, presuntamente refiriéndose a los normalistas a quienes señalaron hace cinco años de ser integrantes de Los Rojos. Supuestamente, la cúpula de Guerreros Unidos concluyó que ese 27 de septiembre había infiltrados en el contingente levantado en Iguala, los asesinaron a todos sin distinción para proteger la plaza que seis meses antes habían recuperado a balazos.

Con información de Milenio