El señor Donald Trump sigue siendo una caja de pandora que no parece tener fin en cuanto a sorpresas, y cada día nos demuestra que jamás estuvo preparado para enfrentar la responsabilidad, quizás la más grande del mundo, de ser el Presidente de los Estados Unidos de América.

El bombardeo a posiciones sirias, el primero de su administración, habría sido forzado, según fuentes norteamericanas, reproducidas en algunos medios de comunicación, cuando los altos mandos militares le dijeron que los ataques con armas químicas que había realizado el régimen de Assad, tenían que ser contestados, sí o sí.

De acuerdo a estas versiones Trump habría dicho a sus generales, que él no quería intervenir en el conflicto, y menos generar una tensión mayor con los rusos, también participes del problema, donde el Estado Islámico es la manzana de la discordia.

No le dieron opción. Habría que contestar, o la OTAN (la Organización del Tratado del Atlántico Norte) empezaría a prescindir del liderazgo militar norteamericano.

Lo acorralaron, dijeron algunas voces.

Esto no es jugar a escoger muñequitas, como en los concursos de Miss Universo, dijeron otros. Y no solo es combatir, es atacar con armamento, y seguir atacando con la diplomacia. Con los medios, con las redes, con los aliados, y con todo lo que se pueda.

El Presidente norteamericano en su vida placentera, a la que siempre estuvo acostumbrado, no había previsto que en la oficina oval se tienen que estar tomando decisiones riesgosas, y que en muchas de ellas está en juego no solo la seguridad de su país, sino la estabilidad y la paz mundial.

El entorno mundial de nuestros días es tan complejo, que solo los eruditos académicos que tienen toda su vida dedicado a ello, son capaces de ir entendiendo y analizando los conflictos de potencial o ejercicio bélico en todo el mundo.

Trump es evidentemente una persona poco enterada de la realidad mundial. Ya ha dado múltiples muestras de eso. Para empezar el no saber medir las consecuencias de sus bravatas contra México. 

Las cuales muy probablemente terminen en el ridículo de que no podrá realizar su soñado muro en la frontera que nos divide.

Así como no entiende a sus vecinos, tampoco muestra capacidad para procesar la complejidad del problema y amenaza mundial que representa Corea del Norte, aunque en ocasiones quiera abordar el temo como si le entendiera. 

El encuentro que acaba de tener con el líder Chino también fue evaluado como una fallida aventura diplomática, porque no logró sacar ningún acuerdo sustantivo con quien es el gran competidor económico y comercial de Norteamérica.

Pareciera en ocasiones que Trump no solo no disfruta su presidencia, sino que por el contrario se le indigesta.

En cualquier momento podrán seguir surgiendo conflictos bélicos que extiendan el desastre que originan los gobiernos dictatoriales en África, Asia o incluso Oceanía, por ya no decir medio oriente, o el mundo árabe.

Trump seguirá tropezando una y otra vez.

Entonces se empezará a dar cuenta que el verdadero problema de Estados Unidos no está en los inmigrantes, ni en los mexicanos, ni en los asiáticos, o los musulmanes, sino en la desarticulación de un aparato de relaciones exteriores, que desde el Departamento de Estado vigilaba y tranquilizaba al mundo con alta eficiencia hasta hace apenas unos meses.

En el gobierno norteamericano, en sus fuerzas armadas, en su clase política, en sus medios de comunicación, y en su opinión pública, y quizás hasta en las redes sociales, hay mucha sabiduría política acumulada, para ser más claros, hay mucho colmillo, mucha astucia y destreza, para ejercer el papel de liderazgo que le corresponde a Estados Unidos, del que los hechos, y las palabras, demuestran Donald Trump tiene poca capacidad de ejercer. Alguien ocupará el espacio y el papel que debería tener en el mundo de hoy. La pregunta es quién será.