Coahuila: ¿Es confiable el agua que sale de la llave?

Coahuila
/ 8 enero 2026

Aunque el líquido que emana de las plantas potabilizadoras cumple con la normatividad, el deterioro de redes, fugas y sistemas domésticos en mal estado contamina el agua antes de llegar a los hogares

Aunque el agua potable que se produce en las plantas de tratamiento en México cumple con la normatividad vigente, gran parte de ese líquido deja de ser confiable antes de llegar a los hogares. El deterioro de la infraestructura hidráulica, las fugas en las redes de distribución y el mal estado de cisternas y tinacos han roto la confianza ciudadana en su consumo directo.

Manifestaciones cotidianas como la presencia de sarro en electrodomésticos, sedimentos visibles en los vasos, regaderas que se tapan, calentadores con menor vida útil y agua con olor o sabor “extraño” son señales recurrentes de una calidad que se pierde en el trayecto final.

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Esta desconfianza tiene un impacto directo y medible. México se ha convertido en el mayor consumidor de agua embotellada del mundo, con un consumo que oscila entre 244 y 390 litros por persona al año, de acuerdo con datos de EcoHealth. Al mismo tiempo, se evidencia la fragilidad del sistema hídrico nacional: cerca del 40 por ciento del agua potable se pierde por fugas antes de llegar a los usuarios finales, según estimaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“El agua sale en condiciones óptimas de la planta potabilizadora, pero las tuberías con décadas de antigüedad —muchas de hierro galvanizado, materiales corroídos, cemento o asbesto— acumulan sedimentos y generan filtraciones que deterioran su calidad antes de llegar al consumidor”, explica Lucas Barrionuevo, cofundador de una empresa especializada en purificación de agua.

Las redes de distribución representan el eslabón más débil del sistema. Fugas, rupturas y conexiones irregulares permiten la entrada de contaminantes externos. A ello se suma el mantenimiento deficiente de cisternas y tinacos en los hogares, donde el agua puede permanecer estancada durante días, expuesta a bacterias y partículas de óxido.

De acuerdo con la UNAM, las pérdidas por fugas no solo implican desperdicio, sino que también afectan la calidad del agua que sí logra llegar a los domicilios. En zonas metropolitanas como Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, el deterioro del sistema impacta directamente en la percepción ciudadana. En Jalisco, por ejemplo, la satisfacción con la calidad del agua potable cayó de 62.6 a 40.7 por ciento en los últimos años.

En contraste, en noviembre de 2025 Saltillo fue reconocida a nivel nacional durante la Trigésimo Séptima Convención Anual Expo ANEAS, celebrada en León, Guanajuato, por sus campañas de concientización ciudadana, buenas prácticas en calidad del agua y políticas de transparencia. El evento reunió a organismos operadores, especialistas y autoridades federales del sector hídrico.

De manera paralela, la Fundación Gonzalo Río Arronte distinguió a la capital coahuilense mediante su programa “Toma Segura”, que evalúa y certifica la calidad del agua potable en distintas ciudades del país. Saltillo destacó no solo por la calidad del servicio, sino por las acciones de transparencia implementadas por AGSAL para informar a la población sobre procesos, parámetros de calidad y uso de recursos.

En Saltillo se localizan alrededor de 100 a 200 fugas ocultas de agua al mes, lo que significa 16 mil metros cúbicos que se pierden diarios.

“Cuando las personas dudan del agua que sale de la llave, la alternativa inmediata es el agua embotellada, con un alto costo ambiental y económico”, advierte Leandro Barrionuevo, también cofundador de Somos PURA.

Ante la falta de mantenimiento y la lenta renovación de la infraestructura pública, la purificación en el hogar se ha convertido en una respuesta creciente. Los sistemas instalados en el punto de uso actúan justo antes del consumo, eliminando contaminantes físicos, químicos y biológicos. No solo reducen bacterias, sino que filtran sedimentos, disminuyen el sarro y mejoran el sabor y el olor del agua.

Al intervenir en el punto final, estos sistemas elevan la experiencia cotidiana y reducen la dependencia del agua embotellada. Hoy, la calidad del agua ya no se valida únicamente en una prueba de laboratorio: se confirma —o se pierde— en el día a día, en el olor al cocinar, en los residuos que quedan en un vaso o en el sarro que se acumula en la regadera.

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Desde una perspectiva más amplia, el fenómeno refleja un modelo de consumo aún lineal en México: se extrae el agua, se envasa, se transporta, se consume y se desecha. La desconfianza en el agua que llega a los hogares ha sido uno de los principales motores de este esquema.

Actuar en el punto final del sistema permite modificar esa dinámica. Cuando las personas recuperan el control sobre la calidad del agua que consumen, disminuye la dependencia del agua embotellada y, con ello, el volumen de envases plásticos de un solo uso.

“Este enfoque coincide con la nueva Ley General de Economía Circular, actualmente en discusión legislativa, que plantea reducir la generación de residuos, promover su recuperación y alargar la vida útil de productos y materiales”, concluye Lucas Barrionuevo.

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