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De cuando los Dorados de Villa pasaron por Saltillo y de los desmanes que hicieron

Coahuila
/ 8 mayo 2022

Luego de vencer al Ejército Federal y hacerlo huir, los villistas hicieron de las suyas en la ciudad

En mayo de 1914, tras la estrepitosa derrota de las fuerzas federales por el bando revolucionario, la decisiva batalla tuvo como escenario los llanos cercanos de la estación de Paredón, Coahuila. Los pelones se vieron obligados a evacuar Saltillo, no sin antes por supuesto, arrasar a su paso con saqueos, destrucción, muerte y para cerrar con broche de oro, la quema del edificio del Casino de Saltillo.

El responsable de aquellos siniestros y asesinatos de gente pacífica fue el gobernador huertista de Coahuila, el general José Joaquín Arnulfo Orión Maas Águila, conocido como El Príncipe Heredero, además flamante sobrino del usurpador Victoriano Huerta Márquez, conocido popularmente con el acertado mote de “El Chacal”. ¡¡Vaya joyas!!

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Las tropas federales se dieron gusto al saquear varios comercios, entre los cuales se contaron: la tienda de ropa ubicada en la calle de Zaragoza llamada El Puerto de Liverpool, propiedad del francés Feliciano Groues, otra tienda más fue la de Román de León Flores, una talabartería que estuvo ubicada en Zaragoza y Ocampo, el dueño desafortunadamente opuso resistencia, los militares no dudaron en matarlo en el acto.

A su salida se detuvieron en otro comercio de abarrotes de la calle Guerrero y De la Fuente, el saldo; destrucción, estantes vacíos y muertes.

Las fuerzas de Francisco Villa entraron a Saltillo casi pisando los talones de los federales. Los villistas ocuparon la plaza sin resistencia. El general Francisco Villa llegó a la ciudad con Jesús Acuña, quien traía la consigna de hacerse cargo de la Secretaría de Gobierno y ocupar de manera provisional la silla del Poder Ejecutivo del Estado, entretanto arribará el primer Jefe de la Revolución Constitucionalista, don Venustiano Carranza, en ese entonces se encontraba en Durango.

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A SUS ANCHAS

Los oficiales revolucionarios de alto y medio rango ocuparon las más elegantes residencias de la ciudad, ya que sus dueños habían abandonado la ciudad semanas atrás por la inestabilidad política y Francisco Villa ocupó la casa del empresario textil Francisco Arizpe y Ramos, aun lado de la Catedral, Hidalgo y el callejón de Santos Rojo.

Villa utilizó dicha propiedad como cuartel, centro de operaciones y cárcel durante la corta estancia que permaneció en la ciudad. Otra residencia ocupada por los villistas fue la de don Crescencio Rodríguez, ubicada en Hidalgo y el antiguo callejón del Truco, hoy General Ildefonso Vázquez.

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Otros inmuebles que albergaron a las fuerzas revolucionarias fueron: El edificio del Banco de Coahuila, la magnífica residencia del millonario empresario minero don Gabriel Flores, justamente ese espacio fue convertido en el Museo de la Revolución hace más de diez años.

La casa que se encuentra en la parte sur de la hoy Plaza de Armas, en otro tiempo llamada Edificio Juárez, fue habitada por su propietario el señor Eugenio Aguirre y su hija Dolores. Se decía que la mansión estaba repleta de finos muebles estilo francés, valiosos tapetes orientales. Los armarios estaban repletos de finísima ropa y trajes traídos de París y Nueva York, vestimenta de ocasión de la señorita Lolita Aguirre, sin dejar de mencionar varios lotes de brillantes y costosas joyas.

DIVERSIÓN A LO LINDO

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La casa no pasó desapercibida por los jefes y oficiales villistas. Los famosos Dorados forzaron las cerraduras y se introdujeron en la casona. Noche a noche se divertían como en ningún otro lugar.

Las juergas eran constantes, el ruido y escándalo rayaban en lo mayúsculo.

En una fresca noche de mayo organizaron un gran baile, invitaron a toda clase de mujeres de la vida galante. Entre las protagonistas de aquella francachela, estuvieron: la famosa Félix Chacón de obeso cuerpo y toscas facciones, vestida con traje largo, amplio escote, ataviada de collares de perlas, anillos de brillantes y aretes de esmeraldas.

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De igual manera hizo presencia Abigail Jiménez también de talla extragrande, con traje largo y un amplio escote que dejaba ver sus grandes atributos.

LA ESTRELLA DE LA NOCHE

Otra simpática morena de ojos negros, la célebre María Muro. Aquella noche lució elegantísima, su coqueto rostro lo dejaba entrever con el vaivén del abanico de plumas de avestruz, sin dejar de mover los brazos para lucir pesada pedrería.

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Otras mujeres más humildes se ataviaron con atuendos y joyas, toda propiedad de Lolita Aguirre. Los vestidos y joyas terminaron en manos de las muchas damas asistentes, es decir se los robaron.

NUNCA ANTES VISTO EN SALTILLO

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Los Dorados, en su papel de grandes potentados, se divirtieron como nunca. El baile fue amenizado por una gran orquesta que no paró de tocar hasta la mañana siguiente.

Vinos y hasta champagne corrieron en abundancia para todos. Las copas de más empezaron a surtir efecto entre los asistentes. Los gritos hicieron crecer el alboroto, ante tamaño jolgorio varios curiosos se congregaron en la plaza.

Los mirones horrorizados quedaron atónitos y perplejos, varios soldados junto a sus respectivas damiselas, salieron al balcón para hacer gala de una exhibición pública de su desvergüenza y cinismo. Eche usted a volar su imaginación.

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Al día siguiente, la noticia sobre el baile que se salió de control se extendió por todos los rincones de la ciudad. Los incrédulos y reprobatorios hechos causaron indignación, sobre todo entre muchas mujeres: “Nunca se había visto semejante barbaridad, y frente de la Catedral, válgame, Jesucristo”, comentaban sin dejar de hacer velozmente y en varias veces la imaginaria cruz al persignarse.

¿POR QUÉ DORADOS?

Según el periodista Juan de Dios Olivas. “Sobre el origen de Los Dorados se desconoce a la fecha su significado. Algunos creen que fue por la insignia dorada que llevaban en el sombrero, otros por las monedas de oro con las que pagaban lo que adquirían y otros más como analogía con el famoso grupo de bandoleros llamado Los Plateados”.

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La estancia de Los Dorados en Saltillo fue breve, abandonaron la ciudad para trasladarse a Torreón. El recuerdo de aquel baile no duró mucho, la calma regresó al pacífico y conservador Saltillo del año de 1914.

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