Entre estampas y partidos, el Mundial estrecha lazos entre padres e hijos en Coahuila
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Padres e hijos aprovechan la fiebre mundialista para compartir tiempo juntos entre partidos, intercambios de estampas y la búsqueda de completar el álbum oficial
El fútbol suele ser uno de los lazos que más unen a un padre y su hijo, a través de momentos compartidos que se vuelven parte de su vida cotidiana. Desde aprender a patear un balón, seguir un partido en la televisión o emocionarse juntos con un gol que se grita en casa como si fuera en el estadio. Es un vínculo que se transmite con el tiempo y que, en muchos casos, se convierte en una tradición familiar que une generaciones alrededor del mismo juego.
En este Mundial de Futbol 2026, esa conexión ha encontrado una nueva forma de expresarse. La emoción de ver un partido, la sorpresa de que en el sobre aparezca una estampita de un jugador como Messi o Cristiano Ronaldo y el esfuerzo por completar el álbum se han convertido en pequeños festejos compartidos.
Cada página llenada no sólo marca el avance de una colección, sino también un recuerdo que quedará asociado a esta etapa del torneo vivido en familia.
Para Cidclay Gonçalves, originario de Brasil y residente en Coahuila desde hace cuatro años, el álbum se ha convertido en una forma de fortalecer la relación con su hijo João.
Entre el trabajo, la escuela y las actividades diarias, reconoce que no siempre es sencillo encontrar espacios para convivir. Sin embargo, la fiebre mundialista ha abierto momentos que ambos esperan durante la semana.
”Nos está ayudando mucho a tener más tiempo y dedicar más tiempo con él y esta actividad en común”, cuenta.
Los intercambios de estampas se han sumado a una rutina familiar que ya incluía entrenamientos y partidos de futbol los fines de semana. Ahora, además de pegar estampas, padre e hijo comienzan a seguir juntos los encuentros del Mundial, principalmente de Brasil.
Para Gonçalves, la experiencia tiene un significado especial porque revive recuerdos de su propia infancia en su país de origen.
”Yo me acuerdo mucho del tiempo que vi los partidos con mi papá. Es muy emocionante acordarme cuando tenía la edad de él y veía los partidos con mi papá, y ahora estoy haciendo lo mismo con él”, relata.
Mientras observa a João revisar sus estampas repetidas, imagina que dentro de algunos años esa tradición podría continuar en otra generación.
”Posiblemente va a crecer y en los próximos mundiales va a querer tener álbumes otra vez y posiblemente haga lo mismo con sus hijos”, dice.
EL ÁLBUM QUE UNE GENERACIONES
En otro punto de la ciudad, Tadeo Contreras ayuda a sus hijos Rafael y Santiago a buscar las estampas que les faltan. Reconoce que completar el álbum requiere tiempo, paciencia y algo de presupuesto, pero considera que vale la pena por la emoción que genera en los niños.
”Es bonito estar juntando las estampas, comprando sobres y ver la emoción de ellos cuando les sale un jugador que les gusta”, comenta.
Además de los intercambios, los partidos se han convertido en una actividad compartida. Entre la escuela, la natación y otras responsabilidades, calcula que el futbol les ha regalado horas adicionales a la semana para convivir.
Para él, la experiencia también tiene un componente nostálgico. Cuando era niño, su padre, Israel Contreras, le transmitió la afición por el futbol y los álbumes mundialistas. Hoy la tradición alcanza una tercera generación. Su padre, ahora abuelo de Rafael y Santiago, sigue participando en la aventura mundialista comprando sobres a sus nietos cada que va a la tienda.
”Desde chiquito mi papá me inculcó mucho el fútbol. Yo también juntaba estampas cuando era niño”, recuerda.
Mientras el Mundial se juega en las canchas de México, Estados Unidos y Canadá, para muchas familias también se vive en casa, entre álbumes, intercambios y partidos compartidos frente al televisor. Cada estampa pegada se convierte en un recuerdo que fortalece los lazos entre padres e hijos y que, con el paso de los años, terminará ocupando un lugar especial junto a los álbumes de generaciones anteriores.
MÁS ALLÁ DEL FUTBOL: EL VALOR DEL CONVIVIR
Para el doctor Gabriel Pérez Salazar, profesor-investigador de la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC), estas dinámicas reflejan un momento de transformación en la manera en que se ejerce la paternidad y en la forma en que los vínculos familiares se construyen en la actualidad.
El especialista explicó que se trata de un proceso de reconfiguración del papel de los hombres dentro de la familia, impulsado también por cambios sociales y por la discusión sobre nuevas formas de masculinidad.
“Estamos viviendo un momento muy interesante en función de la reconfiguración de el ser varón... los movimientos feministas han ido penetrando en la forma de pensar de muchos hombres que reconocen esta desigualdad y se plantean formas distintas de ejercer la paternidad”, señaló.
Añadió que históricamente el modelo de proveedor ha generado paternidades ausentes, lo que ha afectado tanto a hijos como a los propios padres, al limitar los espacios de convivencia cotidiana.
En ese sentido, consideró que actividades como las que genera el Mundial pueden funcionar como un punto de entrada para fortalecer la relación entre padres e hijos, siempre que se traduzcan en una convivencia más constante y no sólo durante el torneo mundialista.
“Durante el Mundial probablemente existen esos acercamientos y puede ser un punto de inicio, pero lo importante es la comunicación y el tiempo compartido”, apuntó.
Pérez Salazar también subrayó que estos vínculos no deben limitarse a estereotipos de género, al señalar que el futbol y otras actividades deportivas pueden ser también espacios de convivencia con hijas.
El investigador advirtió que la construcción de relaciones cercanas en la infancia tiene efectos a largo plazo, no sólo en el desarrollo emocional de niñas y niños, sino también de los propios padres, al fortalecer los vínculos afectivos y reducir la distancia emocional en etapas posteriores de la vida.
Finalmente, consideró que los cambios en las dinámicas familiares requieren también transformaciones estructurales, como mayores facilidades laborales para la convivencia familiar y una mayor corresponsabilidad en las tareas del hogar, con el objetivo de consolidar relaciones más equitativas dentro de la familia.