‘Polín’, el pintor de Vírgenes del Valle de las Flores en Saltillo

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Coahuila
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Arnoldo Sánchez Treviño tiene 44 años, de los cuales 28 tiene pintando rótulos e imágenes religiosas en colonias del oriente de la ciudad

Apareciste, Virgen de Guadalupe, en un muro. No fue la raza celestial la que imprimió tus ojos lindos en el Valle de las Flores, sino la mano diestra de “Polín”. Conoces su historia, su sonrisa y sus ojillos que se curvan como lunas menguantes en las que descansas. Se llama Arnoldo Sánchez, tiene 44 años y ha pintado tu rostro y tu manto y el coro de ángeles y paisajes en bardas del oriente de Saltillo.

La primera Virgen que “Polín” pintó se convirtió en su carta de presentación: en Rosales y Eulalio Gutiérrez, en Valle de las Flores. Eso fue hace 28 años, cuando empezaba en el oficio. A partir de entonces le cayó el jale: la gente preguntaba ¿quién pintó esa Virgencita? y la respuesta era: el “Polín”. Entonces todo el Valle fue marcado por su pincel.

Tu rostro, Morenita, es la marca de un amor violento en nuestro barrio. ¿Te acuerdas de todas las pandillas que afloraban en el Valle? ¿Te acuerdas de un morrito de nombre Arnoldo y luego bautizado “Polín”?

¿Recuerdas cuando cayó en la correccional? ¿Te acuerdas cuando necesitaba feria y aprendió un oficio? Seguro que sí conoces la tragedia que le obligó a cambiar el rumbo, luego de haber sido entambado y haberse hundido en la loquera. Pero salió. Y lo miraste y algo le dijiste con esa voz muda.

“Cuando estaba morrillo me valía Wilson la vida, pero uno ya va creciendo y se van acomodando las piezas. Estuve internado por drogas y por andar de travieso, pero te va enderezando la vida”.

El “Polín” aprendió a pintar gracias a un chilango que usaba pinturas de vinil, que son menos complicadas de utilizar, pero se opacan muy rápido. La anécdota es cotidiana: “Polín” estaba morrillo, se había casado a los 16 años, había procreado un chavalito y no tenía dinero. Entonces se arrimó con el rotulista y entre ambos pintaron bardas para anuncios de bailes y luego el chilango se fue y “Polín” decidió quedarse. Y luego tuvo una hija.

Bajaste al Valle, Guadalupana, y te manifestaste gracias a las manos de “Polín” en las colonias Morelos, Mirasierra, Zaragoza. Y con esos pinceles ha trazado dibujos en más sectores.

Debe haber algo en los trazos que conectan con el infinito y el consuelo. Y algún misterio encierra tu imagen que los vecinos se unen para pedirle a “Polín” que te pinte, que los ampare con esos brillitos celestiales en el muro. Y él no se raja.

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