Hacen pausa a hospitales y rutinas: celebran a la niñez con una nueva edición de “Pequeños Valientes”
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Más de 180 personas se reunieron en el festejo; la colecta superó lo esperado y permitió ampliar el alcance del evento
Entre luces, globos y música, niñas y niños que suelen dividir sus días entre consultas, terapias o contextos complejos tuvieron un espacio distinto: uno donde la rutina se detuvo por unas horas.
La agrupación Niños Pequeños Valientes Saltillo, en coordinación con otras iniciativas ciudadanas, realizó una nueva edición del festejo por el Día de la Niña y el Niño, logrando reunir a alrededor de 180 personas, entre menores y sus familias.
La actividad estuvo dirigida a niñas y niños que enfrentan enfermedades graves, procesos médicos prolongados, discapacidad o situaciones como la orfandad. Desde sus primeras ediciones, el objetivo ha sido generar un espacio de convivencia donde puedan salir, al menos por un día, del entorno hospitalario o de sus rutinas más exigentes.
En esta ocasión, la respuesta volvió a rebasar lo previsto. De acuerdo con Aracely Monjaraz Salinas, una de las organizadoras, además de lo reunido en la colecta previa, durante el evento continuaron llegando personas interesadas en apoyar con alimentos, juguetes y otros insumos, lo que permitió ampliar la atención a tres grupos de menores.
“Unos donaron piñatas, otros juegos, dulces, tiempo, traslados, sonrisas y abrazos. Y hoy, cada granito se convirtió en una montaña de alegría para nuestros Pequeños Valientes”, compartió la agrupación tras el evento.
El festejo se llevó a cabo en el salón El Teniente Western, donde desde temprano comenzaron a instalarse mesas, juegos y decoraciones, mientras familias y voluntarios llegaban al lugar.
Entre los apoyos, participaron distintos grupos y colaboradores. La empresa Eventos Lara Felkar llevó un robot interactivo que recorrió el salón entre luces y música, mientras que también se sumaron motoclubes de Saltillo y personajes caracterizados, incluidos luchadores, que convivieron con los menores.
La dinámica se mantuvo durante varias horas entre juegos, entrega de regalos y convivencia. A diferencia de otros eventos, aquí no hubo distinciones entre organizadores y asistentes: todos formaron parte de la misma jornada.
Con el paso de los años, el proyecto ha crecido. Lo que comenzó con un número reducido de familias ahora logra reunir a decenas de menores en cada edición, tanto en diciembre —con una posada— como en abril, con este festejo.
Al final, entre piñatas, fotografías y bolsas de dulces, el salón fue quedando en silencio. Afuera, cada familia regresó a su realidad cotidiana; adentro, quedaron los rastros de una jornada que, aunque breve, logró cambiar el ritmo de quienes estuvieron ahí.