SEMANARIO: ENTREVISTA: 2 de octubre: Las heridas abier tas
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Para Gilberto Guevara Niebla, dirigente del movimiento estudiantil de 1968, las naciones se construyen con la memoria y la masacre de Tlatelolco no se olvida
Gilberto Guevara Niebla nació en Culiacán, Sinaloa y tenía 22 años cuando estalló el movimiento estudiantil de 1968. Como estudiante de Biología, fue representante de la Facultad de Ciencias de la UNAM en el Consejo Nacional de Huelga. Después del 2 de octubre, fue preso político en el Palacio Negro de Lecumberri (hoy Archivo General de la Nación) hasta el 5 de mayo de 1971, cuando con otros compañeros recibió la libertad a condición de salir del país, trasladándose a París.
Ahora es especialista en temas de educación; es autor del libro La libertad nunca se olvida. Memoria del 68 (Ed. Cal y Arena), donde comenta su testimonio y análisis sobre el movimiento estudiantil. En el sexenio de Ernesto Zedillo fue subsecretario de educación. Actualmente es profesor en la UNAM.
Sin preguntas preestablecidas, en esta entrevista Guevara Niebla expresa su experiencia y sus reflexiones heterodoxas al respecto de aquel movimiento social y político -del que aun hoy se perciben sus efectos- y de aquel fatídico "2 de octubre. No se olvida".
J.G. ¿Cuáles son las primeras influencias que generaron la inquietud y la creatividad de aquella juventud estudiantil de 1968?
G.G. En la generación de jóvenes del movimiento de 1968, influyeron muchos factores históricos y generacionales de contexto. México estaba en la cima, vivía momentos de apogeo económico y al mismo tiempo el sistema político había agotado todas sus posibilidades. Bajo la apariencia de un gran poder de control, se ocultaba una gran debilidad para enfrentar a una disidencia política independiente y esa disidencia fue la que configuraron los estudiantes en el 68.
Pero hay muchos otros factores, culturales como los Beatles, la música de protesta, además de los movimientos estudiantiles en todo el mundo: en Europa, en Estados Unidos, en Sudamérica. Era un gran momento de efervescencia universitaria estudiantil y los valores estaban cambiando. La juventud se volvió contra los sistemas sociales, en concreto contra el sistema social capitalista y demandó mayores libertades, mayor capacidad de autorrealización, que yo creo que es la profundidad del movimiento.
J.G Se puede afirmar entonces que esas influencias fueron toda una amalgama de factores.
G.G. Yo diría que hay una cosa muy rudimentaria y que se suele olvidar, que José Agustín recuerda en la Tragicomedia mexicana, y es que los jóvenes en los años 60 eran muy hostigados. La sociedad se había estructurado para la vida adulta y los jóvenes eran perseguidos por su indumentaria, por la forma de usar su pelo, por mil motivos. Si uno revisa la prensa de los años 60 en la ciudad de México, es muy frecuente encontrar choques entre policías y jóvenes; la policía realizaba razzias contra los adolescentes, lo que ahora ya no se conoce, era como un estado de sitio en la ciudad de México impuesto por los jefes de la policía Cueto y Mendiolea. De tal manera que si un grupo de jóvenes de más de 10 individuosse encontraba reunido en la colonia Portales a las diez, once de la noche, sin mediar motivos o anuncio llegaban los granaderos y los dispersaban. Había una persecución, ser joven era un delito.
J.G. ¿El movimiento estudiantil surge espontáneamente?, ¿se puede afirmar que como movimiento social se convirtió en un movimiento político?
G.G. En realidad el motivo por el cual explota la rebelión estudiantil fue por un exceso de violencia que ejercía la policía contra los jóvenes. Desde el principio el movimiento estudiantil se propuso luchar por la libertad, luchar contra la represión.
Estas son las dos caras del movimiento del 68: libertad y represión. La organización estudiantil se configuró rápidamente en un movimiento político que demandaba al Estado mayor libertad, mayor respeto por las leyes, por la Constitución y lo que demandaban los jóvenes era el castigo para quienes habían reprimido con violencia a los jóvenes estudiantes.
El argumento del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz era increíblemente estúpido; interpretaban que lo que ocurría en las calles de la Ciudad de México era un complot, una conjura fraguada por los comunistas desde Praga, Checoslovaquia, lo cual era absurdo. Este movimiento tenía sus orígenes muy locales, aunque no hay que negar que en la cultura universitaria se habían recogido las protestas europeas y estadounidenses. Evidentemente no se trataba de un movimiento comunista, fue básicamente liberal. Los muchachos que participaron en el movimiento del 68 no era gente muy politizada, era gente inexperta políticamente, pero con un sentido enorme de responsabilidad.
Sin embargo, los jóvenes son muy influenciables. Yo sí creo que hubo una dimensión de manipulación por la Secretaría de Gobernación en la organización estudiantil en 1968. Algunas evidencias confirman que algunos líderes estudiantiles estaban actuando de acuerdo con el Gobierno.
J.G. ¿Está usted planteando que el movimiento estaba infiltrado y que no era precisamente de izquierda?
G.G. El movimiento nunca fue de izquierda, fue un movimiento democrático, rudimentariamente liberal, no marxista, no revolucionario, en el seno del movimiento actuaban grupos marxistas que eran minoría y actuaban personas, hay evidencias, que eran policías encubiertos en las filas estudiantiles. Estos se comportaban muy radicalmente, ¿Cuál era la idea? La estrategia de enfrentar estos movimientos mediante la infiltración de personas, estas estrategias fueron utilizadas desde la época de Roma cuando Nerón mandó quemar a la ciudad para acusar a los cristianos, también cuando Hitler quemó el Reichstay para acusar a los comunistas. La idea es fácil: la infiltración para que un movimiento democrático desborde los límites de la legalidad y se comporte como un movimiento no democrático, rompa sus propias premisas y se aísle de la sociedad. Los agentes encubiertos tenían una tarea muy clara, que era la de radicalizar el movimiento, que brincara las trancas de la legalidad para convertirlo en un movimiento violento y romper al fin su imagen pública.
J.G. ¿Esta infiltración se percibía en las reuniones, en las juntas del Comité Nacional de Huelga?
G.G. Cuando uno escuchaba hablar a Sócrates Amado Campos Lemus, este personaje utilizaba un lenguaje impresionantemente sucio, que era totalmente ajeno al de todos los líderes para dirigirse a la figura del presidente de la República -el chango Díaz Ordaz, el gorila Díaz Ordaz-, lenguaje vulgar que no tenía nada que ver con el lenguaje propio del movimiento estudiantil.
El movimiento era totalmente legal, la protesta era legal, era una protesta por el exceso del autoritarismo, del desborde de los límites legales de la propia policía, el movimiento estaba defendiendo la legalidad, pidiendo que se respetaran las garantías individuales, los derechos fundamentales marcados en la Constitución, esa fue la bandera del movimiento.
Durante mucho tiempo, los gobiernos de la Revolución mexicana se dedicaron a distorsionar este movimiento presentándolo como un movimiento revolucionario, marxista, comunista, sobre todo Díaz Ordaz, sus amigos y sus seguidores, digamos la línea dura del PRI, pero la verdad es otra y ya se ha comprobado.
J.G. Pero pedir la derogación del artículo 145 bis, ¿no fue ir contra la legalidad establecida?
G.G. Lo que se estaba pidiendo era la derogación del artículo 145 bis del Código Penal, que establecía el delito de disolución social. Este delito fue creado por el Congreso en 1942, para combatir cualquier asonada o intentona de subversión de la Alemania nazi fascista en México. Terminó la Segunda Guerra Mundial y ese artículo no lo suprimieron, lo mantuvieron en el cuerpo del Código Penal y después lo aplicaron en sucesivas ocasiones, ya en 1956 contra los estudiantes, en 1958 contra los ferrocarrileros y en 1960 contra los maestros. Fue usado como un instrumento de represión contra la oposición de izquierda y entonces los estudiantes del 68 pedían el alto a la represión, castigo a los responsables, e incluyeron en sus demandas la libertad a los presos políticos y la derogación de dicho artículo por antidemocrático, que por cierto, ya desapareció del cuerpo del Código Penal.
Eso demandaba el movimiento. Nunca se aplicó ese artículo a los estudiantes del 68, aunque otros como Nicandro Mendoza, líder estudiantil del Politécnico en 1956, estuvo preso casi durante tres años acusado de disolución social.
J.G. ¿Se han construido mitos en relación al movimiento del 68?
G.G. El movimiento del 68 fue un movimiento poco informado, fue una primera expresión muy primitiva del carácter libertario, del carácter democrático. El mito ha consistido en exagerar las consecuencias de la masacre de Tlatelolco. El mito ha consistido en hacer ver un movimiento comunista y violento, como lo dijo el Gobierno de Díaz Ordaz. Pero por otro lado, pretender que en Tlatelolco hubo 500 o 300 muertos es exagerado, aproximadamente hubo unas 60 u 80 personas muertas, y no justifico esas muertes. La cuestión no es hablar del movimiento del 68 sin conocer los pormenores y los objetivos. En mi libro de memorias La libertad nunca se olvida describo con detalle lo que sucedió en el 68 y el comportamiento de cada uno y del Consejo General de Huelga.
J.G. ¿Había efervescencia aun sin una formación política?
G.G. Hubo una especie de revelación. Los muchachos de repente se vieron a sí mismos como ciudadanos de un país, de una democracia y se pusieron el saco de ciudadanos y actuaron como ciudadanos responsables. Con una interesante lucidez armaban sus discursos en defensa de la libertad, del derecho. Fue algo muy propio de los fenómenos colectivos, una especie de revelación, de mutación de la conciencia.
El espectáculo era único, masas enormes en las calles apoyados por los intelectuales, por padres de familia, por la clase media.
J.G. ¿La década de los 60 se puede caracterizar como explosiva, creativa, libertaria?
G.G. Las protestas en México fueron en todo el horizonte democrático. La década fue culturalmente muy compleja, y fue un fenómeno mundial. En Estados Unidos empezaron las protestas en 1963, en la Universidad de Berkeley, había una escalada de movimientos que para el 67 en los Estados Unidos se produjeron masacres, era impresionante, era la época del mito del Che Guevara, el funk de Bob Dylan y las drogas, pero también una de las formas de acabar con las protestas en Estados Unidos y en México era distribuir, regalar la droga. Recuerdo que en ciudad universitaria regalaban la marihuana después del 68 como una medida estratégica. El movimiento Black Panther de Estados Unidos fue destruido haciendo que, las zonas como Oakland, donde se daban los movimientos más radicales, la droga circulara de manera significativa.
J.G. ¿Cómo se integró usted al movimiento, cómo llegó a esa dirigencia, al CNH?
G.G. Yo era un estudiante de biología, de formación y perfil científico, era un buen estudiante, con buenas calificaciones, vocación científica indiscutible. En 1968 ,cuando el movimiento, los compañeros de la Facultad me eligieron como delegado al Consejo Nacional de Huelga y yo, que ya había participado como presidente de la sociedad de alumnos en la Facultad, acepté y esto significó un cambio determinante en mi desarrollo personal, porque a partir de esa experiencia, que fue muy intensa, me desempeñé como representante y luego fui preso junto con cientos de estudiantes.
Los procesos del 68 incluyen algunas 300 personas, entre maestros y estudiantes. Fuimos condenados a 21 delitos, en mi caso once federales, 10 del fuero común y fuimos encarcelados, exiliados, fuimos corridos del país en 1971, pues se nos otorgó la libertad pero con la condición de abandonar el país.
Todo esto cambió mi vida. Abandoné mi vocación científica para dedicarme al campo de la educación, que yo veía y veo como un campo muyfértil para buscar cambios positivos en la realidad social de México. Esa fue la manera de involucrarme, una experiencia muy dolorosa, muy intensa. Yo fui torturado en el campo militar, durante muchos años viví una serie de efectos traumáticos de las torturas, secuelas, depresión e incluso inclinación autodestructiva, crisis, esas condiciones postraumáticas,
Ahora lo tomo con mayor tranquilidad, tengo 63 años, con la cabeza fría después de haber superado los traumas del 68.
J.G. ¿Nos puede mencionar algunas anécdotas vividas o que le hayan impactado como persona, como joven en aquellos tiempos?
G.G. Recuerdo cuando una vez llegamos a una manifestación al zócalo. La masa de estudiantes, alrededor de 3 mil, inducida probablemente por algunos provocadores, comenzó a golpear una puerta de Palacio Nacional, al ver eso un amigo y yo tratamos de ponernos entre la multitud y la puerta, cuando logramos que aquello se detuviera la puerta ya se había roto, había una abertura más o menos de dos metros de altura y de dos pulgadas de ancho, me asomé por esa abertura y adentro tendidos e hincados sobre el piso estaban entre 50 y 100 soldados apuntando hacia la puerta, las consecuencias hubieran sido funestas. Ese momento dramático no lo olvido.
Otro de los momentos traumáticos fueron las torturas en el campo militar, el abuso contra personas físicamente débiles. No puedo dejar de decir que los militares que nos recibieron en el campo eran unos verdugos, unos criminales.
Recuerdo también cuando entramos a la cárcel. Nos enviaron a Lecumberri después del 2 de octubre, aproximadamente el 11 ó 12 de octubre, y escuchábamos en la radio aquella canción inglesa que decía those were the days, my friend (fueron los días, mi amigo) de 1969, y llorábamos. Aquellos eran los días que pensábamos que no iban a terminar, eran días de alegría, de entusiasmo, es una canción nostálgica, algo que ya pasó, exuberante y maravilloso.
J.G. Pasado el tiempo ¿cuál es su opinión sobre los efectos y la secuelas del movimiento estudiantil del 68? G.G. Me he dado cuenta de que ese conflicto fue muy significativo en la historia de México, se le ve como un "parte aguas" que abrió el cauce de la democracia que ahora tenemos. Pero por otro lado y al mismo tiempo fue un movimiento derrotado en el sentido del corto plazo, fue aplastado por la violencia mediante recursos, impresionantemente tramposos por parte del Estado, y esa represión contra los estudiantes tuvo lamentablemente un efecto muy funesto sobre la juventud, sobre las universidades, sobre la educación superior.
Yo creo que las universidades dejaron de proveer cuadros directivos al Estado. La conexión que había entre el Estado y la educación se rompió y se generaron en la escena política camadas enteras de militantes políticos resentidos, con un gran odio y sed de venganza, gobernados por actitudes emotivas, más que por programas racionales y de orientación democrática. Las generacionesque vivieron los efectos al 68, posteriores del 68, fueron generaciones muy amargadas de jóvenes resentidos.
La misma guerrilla, que se ha querido glorificar fue un triste espectáculo de violencia, que ahondó las divisiones entre los mexicanos y que redujo las posibilidades de raciocinio, de inteligencia en la vida pública de México.
Decía Renan que `las naciones se construyen con el olvido' y yo digo que las naciones se construyen con la memoria, es decir, lamentablemente mientras vivan en la memoria esos actos tan arbitrarios, violentos, salvajes del Estado mexicano contra la sociedad, mientras sobreviva esa memoria, va a ser muy difícil hacer una vida política que ponga sobre los intereses particulares el bien común, los intereses de la nación.
Esta atmósfera que hoy percibimos entre los políticos, tiene mucho que ver con esa experiencia negativa que dejó la masacre de Tlatelolco, la cárcel, la persecusión y sobre todo el trauma que vivieron decenas de personas que fueron golpeadas, encarceladas, perseguidas. Y por otro lado, la política de crear organismos masivos de policías, de grupos paramilitares que fueron sin duda alguna escuelas de entrenamiento para el delito, para la delincuencia, por ejemplo ¿dónde están esos 10 mil halcones que atacaron a los estudiantes en el 71?, no están en la policía o en el ejercito, están asaltando, están en la delincuencia.
J.G. ¿Qué les puede comentar a los jóvenes, qué exhortación puede hacer a los universitarios de Coahuila? G.G. Para la juventud después del 68 hubo una serie de desplantes, la mayor parte demagógicos como en el caso de Luis Echeverría, aunque bien intencionados, para apoyar a la juventud, pero ahora creo que la juventud está muy abandonada. Por ejemplo, si vemos la cantidad de campos deportivos o lugares a dónde ir a bailar, son muy pocos en el país.
Da tristeza ver los centros comerciales llenos de jóvenes merodeando sin saber qué hacer, el problema de los jóvenes es el aburrimiento, se aburren y al aburrirse quiere decir que el sentido de la vida, el gozo, el gusto por la vida y darle sentido a la existencia, se ha convertido en un importante problema para los jóvenes. La juventud debe prepararse para luchar por este país, pero hacerlo principalmente en el foro público democrático, como ciudadanos, en segundo lugar como intelectuales, como gente capaz de contribuir al conocimiento científico, al desarrollo tecnológico, a la prosperidad de las empresas o al mejoramiento de las comunidades pobres, pues este país necesita de gente preparada.