SEMANARIO: El viborón
COMPARTIR
La madre de todas las batallas (electorales)
A muchos meses de distancia de la próxima elección, en los edificios del PRI y el PAN se respira un ambiente de campaña. Se reparten comisiones, se sortean sectores y colonias, se mandan imprimir lonas y camisetas. Hace tres años, eran algunos indivuos, a los que se empezó a llamar `calefactos', quienes buscaban adelantar vísperas. Al parecer, los calefactos son ahora los partidos políticos en pleno. La muy cantada guerra entre Rubén Moreira y el PAN ya ha comenzado.
Echar al vuelo las campañas
Parece una buena idea: que los funcionarios de gobierno, del nivel municipal y estatal, empleen algunas horas de sus días libres para barrer calles y repintar señales de tránsito. De manera semejante, antaño echaban mano de las horas de oficina para asistir a actos políticos de un partido, el PRI, que todavía entonces funcionaba como una agencia de empleos, y al que la caterva de funcionarios le debían el bienestar de sus familias. Parece una buena idea, insistimos, salvo por el hecho de que tiene, otra vez, toda la traza de un acto de campaña con fines políticos y partidarios.
Problemas privados, escándalos públicos
No sabemos todavía con exactitud dónde termina la vida privada de un político y dónde empieza su vida pública. El divorcio de Nicolás Sarkozy, el presidente de Francia, claramente influyó sobre la opinión pública de aquel país. A un nivel micro, empieza a comentarse que Ricardo Aguirre, alcalde de Ramos Arizpe, anda en las mismas, divorciándose. Y lo que empieza como un rumor, nunca sabe uno dónde termina. Insistimos: ¿cuál es la delgada línea que separa la vida privada y la pública en estos casos?