SEMANARIO: Saltillo ¿la mejor capital de méxico?

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    Con una mirada crítica, que brota del más elemental sentido común, no solamente de los saltillenses, sino también del no muy frecuente turista que visita la ciudad y recorre sus principales calles; propios y extraños notan la dejadez y el abandono en que se tiene a ese espacio urbano que sirvió de solaz y esparcimiento a muchas generaciones que habitaron en la ciudad, antes de que se entronizara el "progreso", tutorado por la industrialización, en ella.

    Sin pretender asumir una actitud romántica y siendo lo más pragmático posible, es innegable que las condiciones urbanas que privan en el centro de la ciudad son deprimentes, y que se han venido empobreciendo con el paso del tiempo. Su proceso urbano decadente bien podría recordar a aquellos enclaves mineros del país, que al desaparecer su principal actividad económica, su centro histórico, también feneció junto con ellos.

    El alumbrado mortecino, en el mejor de los casos; las accidentadas banquetas; el caserío deshabitado y franqueado por cerros de escombro; los puestos ambulantes; la basura; los frecuentes embotellamientos de automóviles; bares que no logran superar la categoría de "piqueras"; la multiplicación de casas de empeño y de las llamadas tiendas de conveniencia, han configurado la nada envidiable imagen urbana de la ciudad.

    No obstante, el problema del centro urbano no es irresoluble, otras localidades, como Barcelona y su barrio gótico, la ciudad de México y su emblemático centro histórico, Monterrey y su macro-plaza; Aguascalientes y su amplio zócalo y San Luis Potosí y su centro embellecido por majestuosos edificios del siglo XVIII y principios del XIX, entre otras muchas ciudades nacionales y extranjeras, han encontrado las formas de restaurarlo y hacerlo atractivo para todos, y por añadidura, rentable para la inversión privada.

    Cuando las ciudades inician un crecimiento urbano acelerado y desordenado, sus centros tradicionales de actividades económicas y de esparcimiento se ven rebasados, su capacidad es insuficiente para absorber el crecimiento económico.

    A partir de allí, el crecimiento de la cuidad generalmente rompe con la antigua traza urbana española-mexicana, y adopta la configuración de la mayoría de las ciudades estadounidenses, con crecimientos horizontales; los enlaces entre los mercados de comercio y servicios se diseñan en función del automóvil, dejando en segundo plano el transporte público. Los nuevos mercados (alternos), que van construyéndose en las áreas periféricas de la mancha urbana, compiten ventajosamente con el centro tradicional de la ciudad; a éste se le dejan las actividades económicas residuales. En el caso de Saltillo, sería atender las demandas de la población rural que habita en las rancherías cercanas a la capital de Coahuila, que más por tradición que por comodidad siguen acudiendo al centro, también marginalmente se ofrecen mercancías y servicios a un grupo de demandantes de baja capacidad adquisitiva, que generalmente realizan todas sus compras, mediante crédito o al contado, pagando sus transacciones comerciales en efectivo.

    El dilema para las oficinas de planificación de los gobiernos municipales, siempre ha sido, ¿cómo mantener una sana convivencia (cohabitación equilibrada) entre los mercados emergentes que surgen a raíz del crecimiento urbano y el centro tradicional? La respuesta, cualquiera que fuere, indudablemente trataría de orientar las actividades económicas en función del mercado.

    La "vocación" casi natural del centro histórico, en el caso de Saltillo, apuntaría hacia actividades culturales, turísticas, de servicios y comerciales, acondicionadas a ese espacio de la ciudad, aprovechando sus antiguas instalaciones (museos, templos, plazas, callejones, etc.). Obviamente el fomento de este tipo de actividades, que pueden ser rentables para cualquier empresario, requerirá de la participación de la iniciativa privada y de los gobiernos federal, estatal y municipal, en los proyectos de inversión que comprenderían desde la tasación de los predios, pasando por la formulación de programas que destraben las propiedades intestadas, hasta la concesión de estacionamientos al sector privado. Tal vez con el logro de ello, la frase `Te amo Saltillo', sonaría menos política y más autentica.

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