Una llamada cambió todo: desde La Laguna lucha por salvar el hogar de su prometido en Venezuela

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Coahuila
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Mientras los apoyos se concentran en las zonas más devastadas por los terremotos, Nora impulsa desde La Laguna una colecta para ayudar a la familia de George, quien perdió su empleo y hoy permanece con su familia en una vivienda que amenaza con colapsar

Cuando la tierra comenzó a sacudirse y rugir bajo sus pies, George Ramírez no pensó en sus pertenencias ni en el edificio donde trabajaba. Corrió cuesta arriba hasta la casa donde viven ocho integrantes de su familia, entre ellos cuatro menores de edad y un adolescente. Del otro lado de la distancia, en Gómez Palacio, Nora Núñez apenas alcanzó a escuchar unas cuantas palabras antes de que la comunicación se interrumpiera.

—Está temblando.

Aquella llamada cambió todo.

Hoy, a más de cuatro mil kilómetros de distancia, ambos libran la misma batalla desde frentes distintos. Él intenta mantener en pie la vivienda donde permanece junto a su familia, en Los Teques, Venezuela. Ella organiza desde La Laguna una campaña para reunir recursos que permitan reforzar la estructura de una casa que, después del terremoto, quedó al borde del colapso.

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LA HISTORIA ANTES DEL TERREMOTO

La historia de Nora y George comenzó mucho antes de que la naturaleza alterara sus planes. Se conocieron por internet hace más de un año y, con el tiempo, una conversación cotidiana terminó convirtiéndose en una relación de pareja. En diciembre pasado pudieron verse por primera vez en persona, durante un viaje de Nora a Venezuela.

Desde entonces mantienen una relación a distancia. Mientras esperan que George pueda obtener una visa para viajar a México, ambos comenzaron a construir un proyecto de vida juntos. Ninguno imaginó que, apenas unos meses después, un terremoto pondría a prueba esos planes.

El pasado 24 de junio, una serie de terremotos de magnitud 7.1 y 7.5 sacudió el norte de Venezuela. En los días siguientes continuaron registrándose réplicas que mantuvieron en alerta a la población. Las autoridades reportaron miles de personas fallecidas y lesionadas, además de decenas de miles de damnificados y severos daños en viviendas, edificios públicos e infraestructura.

$!Los desprendimientos de tierra registrados en la zona incrementan el riesgo para las viviendas construidas sobre las laderas de Los Teques.

Aunque las imágenes que dieron la vuelta al mundo se concentraron en las zonas con mayor devastación, la tragedia también alcanzó comunidades como Los Teques, capital del estado Miranda. La ciudad, ubicada en una zona montañosa a unos 30 kilómetros de Caracas, es el lugar donde George permanece junto a su familia.

”LA MONTAÑA SE MOVÍA COMO SI FUERA OLAS”

Durante una videollamada realizada con VANGUARDIA, la conexión se interrumpió en repetidas ocasiones. La señal de internet era inestable y George tuvo que recurrir a sus datos móviles para mantener la comunicación. Detrás de él aparecían las montañas que rodean la comunidad donde vive, un paisaje que, después del terremoto, adquirió un significado completamente distinto.

$!Como la de George, otras viviendas vecinas quedaron severamente dañadas tras el sismo. En la comunidad, varias construcciones presentan afectaciones estructurales y permanecen en riesgo.

En varios momentos giró la cámara de su teléfono para mostrar el entorno. La vivienda se encuentra sobre una pendiente pronunciada. A pocos metros pueden observarse desprendimientos de tierra y un muro de contención que preocupa a la familia. Mientras la imagen se congelaba por segundos, George insistía en explicar que ese lugar, pese a todo, sigue siendo su hogar.

”Se sintió demasiado fuerte”, recuerda.

”La montaña se movía como si fueran olas. No sabía de dónde agarrarme. Mi preocupación fue subir inmediatamente a la casa porque ahí estaba toda mi familia”.

Lo que encontró al llegar fue una vivienda con nuevas grietas, desplazamientos en el terreno y una estructura todavía más frágil de lo que ya era.

$!La familia de George continúa habitando la casa pese a las grietas, filtraciones y el temor de que nuevas réplicas comprometan aún más la estructura.

La casa donde hoy viven ocho personas no era una construcción nueva ni estaba libre de problemas antes del sismo. George explica que el inmueble perteneció a un familiar. Su familia decidió habitarlo después de haber sido desalojada de otra comunidad, donde además los menores sufrían constantes episodios de acoso.

La situación económica nunca permitió realizar las adecuaciones necesarias. Con el paso de los años, la vivienda fue acumulando daños. El terremoto agravó todo. El terreno comenzó a ceder. El muro de contención quedó comprometido y las paredes presentaron nuevas fisuras.

Cuando llueve, el agua entra al interior de la vivienda. La familia coloca cubetas para intentar contener las filtraciones y proteger sus pertenencias. En algunos espacios ya no es posible dormir con tranquilidad porque existe el temor permanente de que la estructura continúe debilitándose.

”Cada vez que llueve nos inundamos. Lo que más nos preocupa es que la casa pueda terminar de colapsar”, explica.

Las fotografías compartidas con VANGUARDIA muestran un talud desprendido detrás de la vivienda, humedad permanente, pisos cubiertos por agua y una construcción levantada sobre una pendiente que hoy representa un riesgo constante para quienes permanecen ahí.

La familia no contempla abandonar el lugar. No porque no exista miedo, sino porque simplemente no tiene otro sitio a dónde ir.

”NO HAY A DÓNDE IR”

En la vivienda viven ocho personas. Cuatro son menores de edad y uno más es adolescente. Todos dependen, en buena medida, del ingreso que George aportaba a la casa. Sin embargo, esa fuente de recursos desapareció después del terremoto.

El edificio donde trabajaba sufrió daños durante el sismo y colapsó, dejándolo sin empleo en medio de la emergencia. ”Me quedé sin trabajo. El edificio donde laboraba se vino abajo”, cuenta.

A la pérdida del ingreso se sumó otro golpe. Mientras intentaba atender las afectaciones que sufrió la vivienda, George se lesionó la espalda. Aun así, continúa realizando los trabajos que puede para evitar que el deterioro avance.

”No tenemos otra opción. Hay que reparar la casa porque no hay otro lugar a dónde ir.”

$!El terreno cedió en distintos puntos de la comunidad tras el terremoto. Habitantes temen que nuevas lluvias o réplicas agraven los daños existentes.

Durante toda la conversación, George nunca transmitió resignación. Tampoco enojo. Hablaba con serenidad. A momentos la imagen se congelaba y el audio desaparecía. Cuando la conexión regresaba, retomaba la conversación exactamente donde la había dejado.

Siempre volvía a la misma idea: salvar la casa. Explica que abandonar la vivienda significaría dejar sin techo a toda su familia.

LA AYUDA NO HA LLEGADO

Aunque Los Teques también registró daños y cientos de réplicas después del terremoto, George asegura que la ayuda institucional, gubernamental, prácticamente no ha llegado a su comunidad.

”Ha habido más de 400 réplicas. Nosotros seguimos sintiéndolas. Pero los apoyos se concentraron en las zonas donde hubo más edificios colapsados y mayor cantidad de población afectada.”

Aclara que entiende por qué las autoridades priorizan las áreas con mayores pérdidas humanas y materiales. Sin embargo, dice, eso no cambia la realidad que enfrenta su familia ni la de muchos vecinos que también resultaron afectados.

”La casa de unos vecinos fue pérdida total. Nosotros seguimos aquí porque no tenemos otra alternativa.”

Durante la videollamada mostró parte de ese riesgo. Detrás de la vivienda pueden observarse desprendimientos de tierra que dejaron expuesto el talud. En el interior, las filtraciones recorren el techo y las paredes. Cuando llueve, el agua entra a las habitaciones y obliga a improvisar recipientes para evitar que las pocas pertenencias que conservan terminen dañadas.

Los menores continúan viviendo ahí. También los adultos de la familia. Cada nueva lluvia representa una preocupación adicional y cada réplica revive el temor de que la estructura pueda ceder.

UNA PROMESA QUE CRUZÓ FRONTERAS

Mientras George intenta sostener la vivienda desde Venezuela, Nora hace lo propio desde Gómez Palacio.

$!La pareja mantiene el proyecto de reunirse en México, pero hoy su prioridad es conseguir recursos para reforzar la vivienda donde permanece la familia de George.

La distancia entre ambos supera los cuatro mil kilómetros. Sin embargo, la emergencia los obligó a acercarse de una manera distinta. Ella pasa buena parte de sus días respondiendo mensajes, compartiendo la campaña de recaudación y buscando que más personas conozcan la historia de la familia.

La iniciativa fue creada en la plataforma GoFundMe bajo el nombre ”Sismo Venezuela, 24 de junio de 2026”. El objetivo es reunir recursos para reforzar la estructura del inmueble y atender los daños que dejó el terremoto.

Al cierre de esta edición, la campaña había reunido 5 mil 611 pesos, equivalentes al 29 por ciento de la meta de 20 mil pesos, gracias a nueve donaciones.

Nora explica que la mayor parte del apoyo ha provenido de familiares, amigos y personas cercanas que conocían previamente su historia. ”Han sido personas que nos conocen. Gente que decidió ayudar porque sabe quiénes somos.”

Aclara también que cada peso recibido tiene un destino específico. El dinero será utilizado para comprar materiales de construcción que permitan estabilizar la vivienda y disminuir el riesgo de un colapso mayor.

Incluso, mientras la plataforma libera los depósitos, ha enviado recursos propios para atender las necesidades más urgentes de la familia. ”Lo importante era que ellos pudieran empezar. No podíamos esperar.”

La meta inmediata no es construir una casa nueva. Lo urgente es hacer habitable la que ya existe. Que vuelva a ser un lugar seguro para ocho personas que, desde hace varios días, viven sin saber cómo responderá la estructura ante una nueva réplica o una lluvia intensa.

MÁS ALLÁ DE LOS TITULARES

Las cifras del terremoto hablan de miles de personas fallecidas, lesionadas y damnificadas. También de edificios colapsados y comunidades enteras que intentan recuperarse. Pero detrás de cada número existe una historia distinta.

La de George no apareció en los grandes noticieros. Su casa no fue una de las imágenes que recorrieron el mundo. Su comunidad tampoco encabezó los reportes internacionales.

Sin embargo, el terremoto modificó por completo su vida. Perdió el empleo. Su hogar quedó comprometido. La familia continúa viviendo en una estructura vulnerable y la única alternativa que hoy encuentra para comenzar a reconstruir es la solidaridad de personas que nunca ha visto en persona.

A lo largo de la entrevista, George nunca pidió compasión. Habló de trabajo. De su familia. De la casa donde crecieron sus hermanos menores. Nora tampoco habló de caridad. Insistió en que lo único que buscan es una oportunidad para comenzar a reconstruir.

”UN PEQUEÑO ACTO PUEDE CAMBIARLO TODO”

Durante la conversación, se repitió varias veces una palabra: esperanza.

No porque la situación sea sencilla. Al contrario. La incertidumbre continúa todos los días. Las réplicas no han cesado por completo. La vivienda sigue presentando daños estructurales y cada lluvia representa un nuevo riesgo para la familia.

Aun así, insiste en mirar hacia adelante. ”Lo que necesitamos es reforzar la casa. Esa es la prioridad. No queremos perderla porque es el único lugar donde podemos vivir.”

Explica George que, antes del terremoto, la economía familiar ya era complicada. Vivían con recursos limitados y la vivienda ya requería reparaciones que nunca pudieron costear.

”Siempre ha sido una situación económica complicada. Nosotros vivíamos en otro sitio, pero nos desalojaron. Después nos vinimos para acá porque esta casa fue una herencia de la familia. Aquí vivimos todos.”

Recuerda que, tras el terremoto, además de intentar proteger a su familia, tuvo que subir y bajar constantemente por la pendiente para revisar las afectaciones del terreno y de la vivienda. Fue durante esas labores cuando terminó lesionándose la espalda.

Para George, el apoyo que pueda llegar desde México representa mucho más que una ayuda económica. Es la posibilidad de conservar el hogar donde viven ocho personas.

”De verdad, cualquier apoyo suma. No tiene que ser algo grande. Un pequeño acto puede valer más que mil palabras.”

Nora escucha esas palabras desde Gómez Palacio. Aunque la distancia entre ambos se mide en miles de kilómetros, asegura que nunca ha sentido tan cerca a George como durante estos días.

Cuenta que, desde que ocurrió el terremoto, buena parte de sus jornadas transcurren compartiendo la campaña, respondiendo dudas de posibles donantes y manteniéndose en comunicación permanente con él para conocer cómo evoluciona la situación.

Dice que nunca imaginó vivir una emergencia así desde otro país. Tampoco imaginó descubrir cuántas personas estaban dispuestas a ayudar. ”La mayoría de las personas que nos han apoyado son amigos, familiares o gente cercana. A todos les agradecemos muchísimo porque cada aportación hace una diferencia.”

Aclara que la meta económica no busca construir una casa nueva. Lo urgente es reforzar la estructura existente para disminuir el riesgo de un colapso y permitir que la familia pueda permanecer en ella de manera más segura.

Para quienes deseen apoyar a Nora, George y su familia, pueden hacerlo vía Go Found Me:

Mientras tanto, George continúa esperando una oportunidad para volver a trabajar. La familia sigue viviendo en la vivienda. Los niños continúan durmiendo ahí. Cada día comienza prácticamente igual: revisando si aparecieron nuevas grietas, esperando que no llueva y confiando en que la tierra permanezca quieta.

SEGUIR EN PIE

Antes de despedirse, la conversación dejó de girar alrededor del terremoto. Por unos minutos volvieron a hablar de aquello que los unió mucho antes de la tragedia: su futuro.

George mantiene el deseo de viajar algún día a México para comenzar una vida junto a Nora. Ella conserva la esperanza de recibirlo cuando las condiciones lo permitan.

Ni la distancia. Ni los trámites migratorios. Ni ahora un terremoto han cambiado ese plan.

Quizá por eso, cuando se les pregunta qué les gustaría decir a quienes han decidido ayudarlos, ambos responden con algo más grande que una petición de apoyo.

”Somos imparables juntos. Así como George y yo hemos salido adelante, creo que México y Venezuela también pueden demostrar que la solidaridad no conoce fronteras”, dice Nora.

Porque, al final, el terremoto destruyó edificios, arrebató empleos y dejó miles de familias intentando reconstruir sus vidas. Pero no pudo romper la promesa que comenzó hace más de un año con una conversación por internet.

Hoy esa promesa sigue viva. Solo que, antes de pensar en una boda o en un nuevo hogar juntos, ambos tienen una prioridad mucho más urgente.

Lograr que la casa donde ocho personas esperan cada noche vuelva a ser un lugar seguro.

Reportera de Saltillo con experiencia en medios de radio, televisión y prensa digital desde el 2017. Ha sido reconocida con el Premio al Periodismo Cultural Armando Fuentes Aguirre y participado en diversas exposiciones, talleres y proyectos académicos relacionados con la comunicación, la historia y el arte.

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