Un pie y una cerveza: el misterio de Serena Williams

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Deportes
/ 2 septiembre 2010

    Sólo a Serena Williams puede pasarle algo así. O incluso ni siquiera a ella, porque muchos de sus compatriotas no terminan de creer la fabulosa historia que derivó en la ausencia de la estadounidense en el US Open.

    Nueva York, EU.- Una noche en Múnich, una botella que estalla en mil pedazos, una número uno del mundo caminando sobre los vidrios y el tenis femenino que se queda por varios meses sin su mayor figura.

    Sólo a Serena Williams puede pasarle algo así. O incluso ni siquiera a ella, porque muchos de sus compatriotas no terminan de creer la fabulosa historia que derivó en la ausencia de la estadounidense en el US Open.

    "Honestamente, no leo la prensa. No sé lo que dicen, sólo veo las fotos", dijo molesta Williams a la edición de hoy de "USA Today" cuando se le mencionó el escepticismo que hay en torno a su historia.

    Una historia, la de su accidente en la noche del 7 de julio en Múnich, que la tenista relató por primera vez en detalle tras semanas de silencio.

    "Salíamos de un restaurante y, de repente, sentí dolor. Pero al rato seguí caminando. Y me dolió más. Miramos al piso y había vidrios por todas partes. Le dije a mi sobrino, que estaba con nosotros, que fuera cuidadoso. Entonces a mi sparring se le cayó su celular y vimos que había una enorme mancha de sangre".

    "Me dije: '¡Oh mi Dios! No creo que esto sea bueno...".

    Williams recibió una curación de urgencia en un hospital de Múnich, en el que la sometieron a una sesión de rayos X. El balance final fue de seis puntos en el pie derecho, otros tantos en la parte superior de ese mismo pie y seis en la planta del pie izquierdo.

    "Ése sí que dolió, fue justo en la zona del arco. No sé cómo pasó, honestamente supongo que a alguien se le cayó algo".

    "Pensaba vestir botas altas esa noche, y en lugar de eso vestí sandalias. Lo que me sucedió te pasa una vez en un trillón de veces, pero a mí, desafortunadamente, me tocó esa vez".

    Para los escépticos, dos datos: al día siguiente Serena jugó una exhibición con Kim Clijsters en Bruselas, y cinco días más tarde fue fotografiada en Los Angeles en la inauguración de su nueva casa vistiendo zapatos de altísimos tacos.

    "Tuve mucho dolor en Bélgica, pero pensé que se me iba a pasar", explicó. "Y amo los zapatos de tacos altos, soy adicta. Me saqué fotos con ellos y luego me puse unos zapatos planos para el resto de la noche".

    "Serena debe dar una explicación acerca de su lesión", había reclamado días antes de su "confesión" de hoy "The New York Times".

    Pero a Serena no le preocupa, ya lo dejó en claro, lo que diga la prensa. Sí le preocupó, en cambio, ver que el dedo gordo de su pie derecho estaba flojo, como colgando sin vida, debido a que en el accidente se rompió un tendón.

    "Mi médico me dijo que no necesariamente tenía que arreglarlo, pero que tendría el dedo gordo colgando en mi pie derecho por el resto de mi vida. Lo pensé y decidí que era mejor operarme, por mi carrera y por mi vida".

    Muy consecuente con la forma en que la menor de las Williams entiende desde siempre el tenis y la vida. Mañana, cuando visite Nueva York para ver jugar a su hermana Venus, quizás añada nuevos detalles a la última de sus historias fantásticas.

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