Coahuilenses llegan a la cima del Kilimanjaro junto a Karla Wheelock

Coahuilenses llegan a la cima del Kilimanjaro junto a Karla Wheelock

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La montañista mexicana reunió a un grupo de compatriotas para enfrentar la Ruta Machame y llegar al punto más alto de África, en una experiencia marcada por el esfuerzo y el trabajo en equipo

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La montaña volvió a ser punto de encuentro para Karla Wheelock. A principios de este año, la montañista mexicana convocó a un grupo de compatriotas para emprender una expedición al Kilimanjaro, en Tanzania, con un objetivo que iba más allá de alcanzar los 5 mil 895 metros sobre el nivel del mar: poner a prueba el cuerpo, la mente y la capacidad de avanzar como equipo.

La ruta elegida fue Machame, conocida como la “Whiskey Route”, un camino que atraviesa diferentes paisajes del Kilimanjaro, desde la selva tropical hasta las zonas volcánicas de mayor altitud y los alrededores de los glaciares próximos a la cumbre.

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El Kilimanjaro es la montaña más alta de África y su punto culminante es el Uhuru Peak, ubicado a 5 mil 895 metros sobre el nivel del mar. Alcanzarlo requiere más que preparación física. La altitud, el frío, el cansancio y las largas jornadas convierten cada tramo en una prueba de adaptación.

Para los integrantes de la expedición, el ascenso comenzó mucho antes de llegar a Tanzania. Durante meses tuvieron que prepararse para enfrentar las condiciones de la montaña y aprender a reconocer sus propios límites.

$!La expedición puso a prueba la preparación física y mental de los participantes, quienes tuvieron que adaptar su ritmo a las condiciones de la montaña.

Ya en la ruta, cada integrante encontró su ritmo. Hubo momentos de cansancio y dificultades, pero también una constante: la disposición para acompañarse durante el recorrido. En una expedición de este tipo, mantener el paso del grupo puede ser tan importante como la capacidad individual para seguir avanzando.

La experiencia tiene un significado particular cuando se observa desde la trayectoria de Wheelock. En 1999, la mexicana alcanzó la cima del Everest por la vertiente norte, una ruta menos transitada y con mayores exigencias en la parte superior de la montaña. Años después completó las Siete Cumbres, las montañas más altas de cada continente, y se convirtió en la primera mujer latinoamericana en conseguirlo.

En 2024, al hablar sobre los 25 años de su ascenso al Everest, Wheelock recordó que llegar a aquella cima no representó el final de un proceso. Para ella, fue el comienzo de una etapa en la que adquirió el compromiso de compartir lo aprendido en la montaña.

Esa filosofía estuvo presente en la expedición al Kilimanjaro. La idea no era solamente llegar, sino hacerlo entendiendo que cada persona enfrenta de manera distinta la altitud y el esfuerzo.

$!La expedición puso a prueba la preparación física y mental de los participantes, quienes tuvieron que adaptar su ritmo a las condiciones de la montaña.

COAHUILA EN LA CUMBRE

Entre los integrantes que alcanzaron el objetivo estuvieron dos coahuilenses: Eleni Gibert Lambros y Christian Collier de la Marliere Subealdea.

Ambos llegaron al Uhuru Peak y llevaron la bandera de México hasta el punto más alto del continente africano. La imagen resume una parte del propósito de la expedición: enfrentar un reto personal y, al mismo tiempo, compartirlo con quienes recorrieron el camino.

La montaña también dejó una enseñanza que Wheelock ha contado a partir de su experiencia en el Everest: llegar a una cima tiene otro significado cuando existe alguien con quien compartir el momento.

$!El Uhuru Peak es el punto más alto del Kilimanjaro y de todo el continente africano.

Durante aquella experiencia en el Himalaya, uno de sus compañeros la recibió con un abrazo después de completar los últimos pasos hacia la cumbre. Para Wheelock, aquel gesto terminó por darle un sentido distinto al esfuerzo realizado y reforzó su visión sobre el trabajo en equipo.

En el Kilimanjaro, esa misma idea acompañó al grupo. No siempre se trató de caminar más rápido. También fue necesario detenerse, esperar, ajustar el ritmo o ayudar a otro integrante.

A 5 mil 895 metros, Gibert y Collier llevaron la bandera mexicana hasta la cima. Pero el descenso también formó parte del desafío y del aprendizaje.

Porque en la montaña alcanzar el punto más alto no es el único objetivo. También está el regreso, la capacidad de reconocer los límites y la experiencia que cada persona lleva consigo después de completar el recorrido.

$!La expedición puso a prueba la preparación física y mental de los participantes, quienes tuvieron que adaptar su ritmo a las condiciones de la montaña.

Para los coahuilenses, el Kilimanjaro queda ahora como parte de su propia historia de montaña. Para el grupo, como una experiencia compartida. Y para Wheelock, como una nueva oportunidad de transmitir una idea que ha acompañado buena parte de su trayectoria: las grandes metas se construyen paso a paso y, en ocasiones, llegar más lejos depende de no avanzar solos.

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Co-editora de la sección de Extremo para web e impreso, con experiencia en investigación de temas deportivos y sociales.

Licenciada en Ciencias de la Comunicación en Producción de Medios por la Universidad Autónoma de Coahuila.

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