Involución: de La Volpe a Ferretti
COMPARTIR
A Ricardo La Volpe ya no le quedan muchos clubes en el país para replicar su particular filosofía. Tampoco se le ve muy animado para seguir reforzando conceptos en planteles poco receptivos al contenido de su doctrina.
Su descartable experiencia en Chiapas sólo le servirá para acumular más horas de vuelos a una trayectoria técnicamente apagada. La Volpe supo remover ideas e instalar otras en su época dulce en un México futbolero que le creyó y le comprobó todo. Sin embargo, ese mismo futbol ya no parece ocuparlo en una cancha.
A La Volpe se le ha acabado el discurso. Me cuentan que cada vez más le cuesta convencer y que de aquella rigurosidad que imponía en las cuestiones tácticas ha pasado a modular hasta sus ademanes. Ya no se “calienta” tanto por corregir los nervios elementales de su estilo.
De hecho, en medio de la paliza que le propinó Rayados hace unos días, apenas le quedaron ganas para ponerse de pie y gesticular con coraje ante la pasividad de su equipo. Intentó resistir con un reacomodo de futbolistas, pero todo en aras de reducir la estridencia de la humillación. Nada más.
La Volpe sí sabe dónde se ha metido, pero lo que no ha logrado es evitar su incineración. En el ocaso de su vida útil como DT, la pasó mal en Chivas —escándalo de por medio— y la lleva peor en Chiapas. Con tal de dirigir ha comenzado a abaratar su cartel.
¿La Volpe necesitaba colocarse en un club como Chiapas? Su actual campaña y por cómo responde el equipo, confirman que no. Quizás, tampoco Chiapas ocupaba un DT de la talla de La Volpe, un entrenador caro y exigente en cuanto a contrataciones, y que la realidad ha demostrado su incompatibilidad con los propósitos deportivos y financieros del club en cuestión.
Pero que La Volpe aún esté dando vueltas por los equipos mexicanos no es su culpa, sino de quienes insisten en darle oportunidad.
El detalle es que La Volpe dejó de progresar. Es otro técnico al que se lo ha tragado la evolución y ha pasado a vivir de sus rentas, con una carpeta bajo el brazo y con un silbato para validar su autoridad en los interescuadras.
La Volpe ha sido siempre un DT muy entregado al futbol, pero también hay que reconocer que, más allá de su sustancioso libreto, querer eternizarse en la profesión cuando ya no puede hacer más de lo que ha hecho, le resulta contraproducente.
Para La Volpe, el futbol es alegría y la única que ha tenido en Chiapas es haber podido debutar a su nieto de 17 años en un juego de la Copa MX. Lo demás, si de competitividad y productividad se habla, su insatisfacción fue brutal.
Quizás Ferretti, en Tigres, por el alcance de su cuadriculado formato y estilo esté igual, aunque disimulado por los quilates de un grupo de futbolistas que marcan diferencia en lo individual. En el fondo, la involución conceptual es la misma. Técnicos que han perdido frescura y se encasillan en un modelo que, sin variantes, colapsan por su previsibilidad.
Con un Ferretti en Chiapas y un La Volpe en Tigres, a lo mejor, todo sería lo mismo como hoy están. Puede que sea una equivalencia absurda, pero no tan alejada del contexto actual.
Un contexto donde, definitivamente, la vieja escuela debería dejar de obstaculizar para darle paso a nuevas generaciones de entrenadores que traigan fuego y no tengan tanto miedo a modernizarse, a cambiar, a innovar y, por sobre toda las cosas, a arriesgar.