¡Amárrenlo! Trump, Venezuela y la amenaza sobre México
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México no puede estar tranquilo. Hay pecados no menores, especialmente en el terreno de la seguridad y la evidente connivencia de muchos gobiernos con el crimen organizado
¡Amárrenlo! Expresión coloquial que alude a la conducta sin contención de las personas, asociada a la de los animales, particularmente los caninos bravos. Lo dicho es para referirse a la reacción post-Venezuela del presidente Donald Trump. Dada la ilegalidad del operativo, el éxito en el cometido inmediato –esto es, la detención del dictador Nicolás Maduro con un mínimo de violencia–, y ante la incertidumbre global por la actuación unilateral con fuerte despliegue militar, lo natural era que mediara la mesura y una visión para que la idea de hegemonía político-militar, que reivindica sobre su hemisferio, no implicara lo mismo para China y Rusia en sus respectivas regiones.
No fue así; al contrario. Cuba y Colombia, en América, están en jaque. Para México se cierne una amenaza que se interpreta como presión. Una locura reclamar derechos territoriales sobre Groenlandia, que ha levantado la alerta a Europa y rechazo de sus principales aliados. Trump está dispuesto, al menos en sus palabras, a todo. La cuestión es que la acción militar en Venezuela prueba que el accionar del impopular presidente va más allá de lo razonable, imaginable y pensable.
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El presidente Trump enfrenta resistencia política en su propio país porque tal empresa debió requerir apoyo del Congreso, o al menos la consulta de algunos de sus comités. Argumenta la falsedad de que está cumpliendo una orden judicial para aprehender a un narcotraficante: Nicolás Maduro. Ridículo resultado de ostensible despliegue militar, inédito para la región. La Unión Europea, incluidas Inglaterra y Canadá, los dos más importantes aliados históricos de Norteamérica, han repudiado las pretensiones expansionistas sobre Groenlandia.
Trump, con su incursión en Venezuela, se ha vuelto el mayor factor en la desestabilización del orden mundial. Debe entender que su margen de maniobra puede ser reducido por resoluciones de la Suprema Corte, porque sus acciones y decisiones más relevantes las emprende sin autorización del Congreso. Además, la elección intermedia de noviembre anticipa un resultado adverso, con consecuencias desastrosas para su presidencia.
México no puede estar tranquilo. Hay pecados no menores, especialmente en el terreno de la seguridad y la evidente connivencia de muchos gobiernos con el crimen organizado. Debe recordarse que el asunto del contrabando de combustibles fue denunciado inicialmente en EU y las indagatorias condujeron al alto mando de la Marina –los dos sobrinos del secretario Rafael Ojeda– como articulador de todo el proceso, involucrando al conjunto del sistema de seguridad. No sólo era la importación ilegal, también el transporte, la distribución y la venta a través de la red de distribuidores.
Pero no acaban allí los problemas, también es el caso de la “venta” de combustibles a Cuba. México es el principal proveedor de la isla, y en el cálculo de Trump, Venezuela es el principio para llevar al colapso de la dictadura cubana. México ha estado del otro lado de la historia y el obradorismo, al igual que el chavismo, tendrá que conceder para prevalecer.
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Los problemas más graves de México se asocian a la complicidad de prominentes políticos y destacados militares con el crimen organizado. Pesa, además, la fuerte adicción de siempre de Morena al dinero en efectivo. El testimonio de los capos entregados o detenidos en EU puede aportar más que evidencia: declaraciones a la medida del interés del Departamento de Justicia, poco avenido a México y a la presidenta Sheinbaum. La especulación da para mucho y es posible que la información se utilice como recurso de presión para tener concesiones en el plano de los intereses económicos, entre otros, revertir el régimen estatista en materia de energía y un control aduanal a la medida de los intereses norteamericanos.
La revisión del acuerdo comercial entre Canadá, México y EU habrá de realizarse bajo un entorno sumamente incierto y complicado. El primero ha emprendido una estrategia de resistencia y, al parecer, está dispuesto a un escenario de confrontación, incluso de ruptura. Cuenta con cartas, aunque sería sumamente costoso. México no tiene ese margen y, a pesar de la postura ideológica del obradorismo, debe jugar con mayor cuidado. Una debacle económica llevaría al colapso del régimen político fundado en significativas transferencias monetarias a amplios segmentos de la población. La dependencia de México es abrumadora. De cualquier manera, se puede llegar a un buen acuerdo, pero con significativas concesiones, porque un Trump en el desenfreno y arrinconado es una seria amenaza.