China recibiría el golpe más fuerte si la crisis económica se vuelve mayor
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China es el principal acreedor del mundo. Tiene la mayor cantidad de deuda pública de otras naciones. Es parte de su estrategia para crecer en su liderazgo político-económico global que hoy pone en jaque a sus finanzas
Si la crisis de deuda se profundiza el perjudicado número uno será China. Tiene US$ 3,19 billones de deuda pública de países extranjeros, según la última estimación del Banco Mundial.
Lleno de liquidez gracias al crecimiento cercano al 10% de la última década, China -a través de sus distintos brazos financieros soberanos- ha comprado bonos extranjeros para posicionarse política y económicamente en todo el mundo.
Así pasó a ser el principal acreedor de los EEUU. Detenta US$ 1,1 billón en bonos del Tesoro. En los días de máxima tensión en el Capitolio, Pekín fue la primera voz que pidió "responsabilidad" en el manejo del endeudamiento y la capacidad de repago estadounidenses.
Desde que se desató la incertidumbre sobre la deuda europea, China se mostró como el gran salvador. Compró bonos y comprometió inversiones en Alemania, Hungría y hasta en países muy complicados como Portugal y España.
China, englobada en el grupo Asia, Africa y otros, ha pasado en menos de diez años de ostentar el 2%, 1.839 millones de euros, al 18% que tiene en la actualidad, más de 37.600 millones de euros de la deuda española. En poco tiempo será su principal acreedor de España.
China compró el año pasado en dos ocasiones más deuda ibérica. Posee el 12,5% de la deuda del Estado español, es decir, aproximadamente 25.000 millones de euros.
Según el vocero del ministerio de Relaciones Exteriores de China, Hong Lei, la estrategia sigue un antiguo proverbio del país. "Un amigo aparece cuando un hombre está necesitado", dice el principio.
China sostiene a Europa desde lo financiero porque también la necesita desde lo comercial. El intercambio con la UE creció de US$ 3.000 millones en 2000 a 40.000 millones en 2010.
El mismo criterio se aplica para América Latina, pero la moneda de cambio es la inversión. China desembolsa sus fondos para asegurarse la provisión de energía y alimentos para su economía.
El dilema con la inversión en deuda se presenta si la crisis se profundiza y sus deudores comienzan a reestructurar o directamente deciden no pagar sus obligaciones. El cimbronazo sería global y el impacto llegaría a América Latina a partir de que China podría frenar su crecimiento y demanda de productos básicos.