¿Cada cuánto debes cambiar el rastrillo?... riesgos graves y consejos de higiene
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Usar el rastrillo por demasiado tiempo puede causar infecciones y cortes. Descubre cada cuánto cambiarlo y cómo mantener una buena higiene
La frecuencia ideal para cambiar el rastrillo depende del tipo de hoja, la zona que se afeita y la frecuencia de uso. En términos generales, los especialistas recomiendan reemplazarlo cada 5 a 10 afeitadas para evitar daños en la piel.
Cuando la hoja pierde filo, el rasurado se vuelve más agresivo. Esto obliga a presionar más la piel, aumentando el riesgo de cortaduras, irritación y vellos encarnados, incluso si se utiliza espuma o gel.
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Si el rastrillo se usa en áreas sensibles como axilas o zona íntima, el cambio debe ser más frecuente, ya que la piel es más delicada y propensa a infecciones.
RIESGOS DE USAR UN RASTRILLO VIEJO
Un rastrillo desgastado acumula bacterias, células muertas y residuos de jabón. Aunque se enjuague después de cada uso, la humedad favorece la proliferación de microorganismos.
El uso prolongado puede provocar foliculitis, infecciones cutáneas, enrojecimiento persistente y sensación de ardor. En personas con piel sensible o defensas bajas, el riesgo es mayor.
Además, las hojas oxidadas o dañadas pueden causar microlesiones invisibles que facilitan la entrada de bacterias, complicando la cicatrización y generando molestias prolongadas.
SEÑALES DE QUE YA DEBES CAMBIARLO
Existen señales claras que indican que un rastrillo ya no es seguro. Ignorarlas puede derivar en problemas dermatológicos innecesarios.
Si notas que el rastrillo jala el vello, deja zonas mal rasuradas o genera ardor inmediato, es momento de reemplazarlo. El desgaste no siempre es visible, pero se siente en la piel.
Otro indicio es la presencia de manchas, óxido o residuos persistentes, incluso después de limpiarlo, lo que confirma que la hoja ya no está en condiciones higiénicas.
CONSEJOS DE HIGIENE PARA UN RASURADO SEGURO
Mantener una correcta higiene del rastrillo ayuda a prolongar su vida útil y proteger la piel. Un mal manejo puede anular incluso un cambio frecuente.
Después de cada uso, se debe enjuagar con abundante agua para retirar restos de vello y jabón. Es importante secarlo completamente antes de guardarlo para evitar la humedad.
Nunca se recomienda compartir rastrillos, ya que esto puede transmitir hongos, bacterias y virus. Cada persona debe usar uno propio, incluso dentro del mismo hogar.
RIESGO GRAVE POR NO CAMBIARLO
No cambiar el rastrillo con la frecuencia adecuada puede provocar infecciones cutáneas graves, ya que las hojas desgastadas acumulan bacterias como Staphylococcus aureus. Estas entran al cuerpo a través de microcortes invisibles y pueden derivar en celulitis, enrojecimiento extenso, dolor intenso e incluso fiebre, requiriendo tratamiento con antibióticos o atención hospitalaria en casos severos.
Otro riesgo importante es la foliculitis recurrente, que inicia como pequeños granos pero puede evolucionar a abscesos o forúnculos cuando se usa un rastrillo viejo. Estas infecciones profundas suelen ser dolorosas, tardan semanas en sanar y pueden dejar cicatrices permanentes, sobre todo si el rasurado continúa sobre la piel lesionada.
En personas con diabetes, defensas bajas o mala circulación, las consecuencias pueden ser aún más peligrosas. Un simple corte mal cicatrizado puede transformarse en una úlcera infectada, extenderse a otras zonas del cuerpo o, en situaciones poco frecuentes pero documentadas, causar infecciones sistémicas. Por ello, cambiar el rastrillo a tiempo es una medida básica de higiene y prevención en salud.
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DATOS CURIOSOS SOBRE EL USO DEL RASTRILLO
· Un rastrillo húmedo puede duplicar la cantidad de bacterias
· La piel recién rasurada es más vulnerable a infecciones
· El óxido acelera la pérdida de filo
· Cambiarlo a tiempo reduce la irritación hasta en un 60%