Moscú y Teherán advierten a Al Assad

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Internacional
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La mayor parte de los observadores árabes creen que tanto Rusia como Irán están intentando dar un giro en Damasco.

Estambul, Turquía.- Los países árabes han dado la espalda al presidente sirio, Bashar al Assad. Europeos y estadounidenses piden su dimisión. Sólo Moscú y Teherán siguen enviando delegaciones a Damasco, donde son recibidas como salvadores por los seguidores del régimen. Pero ¿han ido realmente para apoyar a Al Assad? ¿O intentan quizás impulsar su retirada?

La mayor parte de los observadores árabes creen que tanto Rusia como Irán están intentando dar un giro en Damasco, buscando una solución política, sin recurrir a la violencia, pero a ser posible también sin Bashar al Assad.

Uno de los analistas del diario árabe "Al Sharq Al Awsat" comparó la visita al presidente sirio por parte del ministro de exteriores ruso, Sergei Lavrov, con la de Jevgenij Primakov a Sadam Hussein en 1990. El político ruso intentó entonces convencer al iraquí para sacar las tropas de Kuwait para evitar una intervención occidental. Parecido a la actual llegada de Lavrov, precedida por una gran operación militar en Homs.

Según el comentarista, el ministro ruso advirtió al régimen sirio que debe llamar al orden a sus tropas e introducir "verdaderas reformas". De no ser así, la visita de Lavrov sólo habría tenido un sentido: servir como despedida.

Sin embargo, no parece tan sencillo un escenario como el yemení, en el que Al Assad entregue el poder a su vicepresidente y se exilie. Sobre todo teniendo en cuenta que el régimen sirio se asienta en un culto personalista, en el que el actual mandatario es considerado como sucesor de su padre, el presidente Hafiz al Assad.

La baza con la que el presidente sirio juega ahora a su favor es el hecho de que a los países occidentales se les estén acabando las medidas de presión, teniendo en cuenta que rechazan una intervención militar. Algo parecido les ocurre a las naciones árabes, que han retirado a sus embajadores de Damasco pero no saben cómo impulsar la caída de Al Assad.

A las golpeadas poblaciones de Homs, Daraa, Idlib y Hama apenas les queda más que confiar en el opositor consejo de transición y en los desertores. "Para la oposición es importante contar con un Ejército unido y con una cúpula militar", explicó la portavoz del consejo Basma Kadmani.

Sin embargo, algunos opositores que no pertenecen al consejo temen que la falta de unidad de los activistas pueda prolongar artificialmente la vida del régimen. Otros, como el opositor cristiano Michel Kilo, parte del exilio en Estados Unidos, creen que Egipto es un ejemplo poco recomendable para las minorías: allí los islamistas se han servido de los movimientos de protesta para allanar su camino hacia el poder.

Para Kilo es también indignante que los islamistas y otros grupos ya intenten posicionarse para los puestos de pobre en la tan ansiada "era post-Assad". El régimen todavía es fuerte, advierte, por eso nadie debería cometer el error "de vender la piel de oso antes de cazarle".


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