La favela tras las rejas: Sao Paulo y sus redes penitenciarias

Internacional
/ 14 octubre 2010

Brasil posee la cuarta población carcelaria más grande del mundo, con más de 470 mil personas. Sólo Sao Paulo tiene casi el 35 por ciento de los presos nacionales. La superpoblación, la corrupción y los malos trato son elementos estructurales del sistema que llevaron a los presos a organizarse y crear maneras de resistir.

Sao Paulo, Brasil. El sistema penitenciario brasileño lleva consigo dos grandes características: la de la grandeza y la de la precariedad. Grandeza porque confina casi a medio millón de personas en el final de la primera década del siglo XXI, número que fue alcanzado muy rápidamente, en el transcurrir de los últimos años - en 1988, la población de presos en Brasil no pasaba de 89 mil personas; para finales de 2009 ya sumaban más de 470 mil. El estado de Sao Paulo es uno de los mayores propulsores de esa explosión demográfico-carcelaria: en 1986, el estado más rico del país confinaba a poco menos de 25 mil personas; en 2009, ya eran más de 160 mil, casi 35 por ciento del total nacional.

Esos datos ubican a Brasil como poseedor de la cuarta población carcelaria más grande del mundo - después de Estados Unidos, Rusia y China - y al estado de Sao Paulo como una verdadera "potencia carcelaria" global, con un sistema penitenciario más grande que en cualquier país europeo. Esos números fueron logrados a través de una constante política de expansión de celdas. Entre 1997 y 2006 - siempre bajo la gestión de gobiernos del PSDB [partido que comanda el gobierno de Sao Paulo desde hace 15 años y el mismo que estuvo de 1992 a 2002 en la presidencia de la República con Fernando Henrique Cardoso] - más de una centena de instituciones fueron construidas en Sao Paulo, principalmente en el interior del territorio estatal.

La justificación para tal expansión es siempre virtuosa: la disminución de la superpoblación, la mejora de las condiciones del cumplimiento de pena, el aumento de la seguridad de la población. Sin embargo, acompañando la trayectoria histórica del sistema carcelario paulista, se observa que la superpoblación nunca fue siquiera disminuida, y las condiciones de cumplimiento de pena siempre fueron demasiado precarias.

Cada prisión inaugurada fue rápidamente superpoblada, de modo que el déficit de celdas nunca ha llegado cerca de ser resuelto, aunque exista una gran inversión. En realidad, mucho antes de existir el PSDB, esa ya era la tónica regular del desarrollo de las instituciones carcelarias paulistas: si son creadas celdas en nuevas prisiones, nunca lo serán para disminuir el sufrimiento de los detenidos que ya cumplen con su pena, sino para someter a más personas a esa misma penuria -siempre en nombre de la seguridad de la población.

Los mismos argumentos y "fracasos" acompañan la creación de la Casa de Corrección de Sao Paulo, en la década de 1850; de la Penitenciaría del Estado, en 1920; de la Casa de Detención, entre 1950 y 1960; y el reciente y masivo programa de expansión de celdas, capitaneado por el PSDB.

De este modo, si el crecimiento es una característica relativamente reciente del sistema carcelario, no se puede decir lo mismo en cuanto a su precariedad, ya que siempre lo ha acompañado desde las antiguas cárceles públicas dedicadas a esclavos fugados, mujeres sospechosas, locos, mendigos y marginados diversos.

¿Fracaso?

Se engaña doblemente quien piensa que esta precariedad representa un verdadero fracaso de las instituciones carcelarias y de sus gestores. Esta es el secreto de su "eficacia". Por un lado, se busca preservar la función de castigar ejemplarmente y disuadir a las personas de cometer crímenes.

Si el funcionamiento de las prisiones siguiera integralmente, las convenciones internacionales de derechos humanos que firman los gobernantes, seguramente, serían más atractivas en muchos barrios periféricos pobres de la región metropolitana.

Así que para que alguien descarte la hipótesis de cometer un crimen en un estado como Sao Paulo, hace falta que la amenaza de prisión sea más asustadora y opresiva que las pésimas condiciones de vida que ya vive esa persona en "libertad". Por otro lado, la prisión precarizada funciona como una "escuela técnica" que profesionaliza a un criminal, que lo torna accesible y útil para la operación de los diversos negocios que componen la renta de las elites más ilustradas.

Es por medio de la prisión que históricamente los más poderosos pudieron reclutar "trabajadores" para sus redes de prostitución; para operar el tráfico internacional de drogas, armas, órganos, personas; para hacer eliminar gente que "sabía demasiado"; o librarse definitivamente de sus enemigos.

 

Sobreviviendo en el Infierno

La creciente población carcelaria y aquellos más vinculados a ella - sus familiares y amigos - han ido forjando sus propias estrategias de sobrevivencia en esto contexto de adversidad perpetua. Un elemento que, junto a la precariedad y la violencia, acompaña la historia del sistema carcelario paulista es el "jumbo": el paquete de alimentos, ropas, artículos de higiene y cigarros, llevados periódicamente por los familiares a los presos, y fundamentales para la garantía de un mínimo de condiciones de vida en el interior de la prisión.

La importancia de la proximidad de la familia del preso, por lo tanto, supera el papel re socializador normalmente destacado; su relación con el sistema carcelario es aún más estrecha, porque garantiza, a través del "jumbo", una vida material mínimamente digna en el interior de la prisión.

La movilización de recursos privados y exteriores para la viabilidad de una vida carcelaria menos sufrida también ha asumido, históricamente, el aspecto de corrupción. Vale recordar que la precariedad del sistema carcelario no se reduce a las pésimas condiciones de vida de los detenidos, pero afecta también la vida de sus funcionarios, creando un ambiente propicio para un pujante comercio de bienes políticos variados.

En un ambiente de absoluta precariedad, una visita "extra", un jumbo "extra", una visita íntima, un baño de sol adicional, una consulta médica, una transferencia de celda, de pabellón, de penitenciaría se convierten en valiosas mercancías, de las cuales ciertos funcionarios pueden sacar algún lucro y algunos presos pueden atenuar el sufrimiento vivido.

 

¿Salidas?

Es sobre este suelo de estrategias y prácticas históricas que acompañan la trayectoria del sistema carcelario paulista que se debe insertar el problema del desarrollo de las facciones carcelarias, como el Primeiro Comando da Capital (Primer Comando de Capital PCC).

En primer lugar, una mayor coordinación de las diversas actividades inherentes a la población carcelaria (sean legales o ilegales), la instauración de un código de conducta, de mecanismos autónomos de resolución de conflictos (internos y externos) acaban por promover mejores condiciones de vida en la precariedad. Son muchos los relatos que testimonian la reciente disminución de las muertes y conflictos en el interior del sistema carcelario, no obstante el continuo aumento de la población carcelaria.

En segundo lugar, la extrapolación de la facción hacia afuera, su marcada incidencia en mercados legales e ilegales, su notable capacidad de movilización de recursos, terminan por debilitar económicamente la red de familiares y amigos de presos que (a través del "jumbo", o por la corrupción) tenían una significativa parcela de sus parcas rentas alimentada por el sistema penitenciario. Además, no solo puede debilitar esas redes, sino pasa a apoyarlas, direccionando recursos para algunos de sus puntos más vulnerables.

Sin embargo, la "salida" de la precariedad a través de la estructuración de la facción también tiene sus costos para los presos. Principalmente, en lo relativo a un mayor compromiso con los "negocios del crimen" (la principal fuente de recursos de esa red), traduciéndose en una siempre presente posibilidad de prolongamiento de la pena, o de breve y amargo retorno a los precarios pabellones del sistema carcelario, o incluso la muerte precoz.

Sobre la misma precariedad constitutiva, y al lado de las redes ya citadas, otras dos redes sociales se estructuran, buscando minimizar, con los recursos que disponen y movilizan, el sufrimiento de sus integrantes presos: la de religiosos evangélicos y la del hip hop.

La red de religiosos evangélicos, los "creyentes", que viven un mundo cotidiano separado dentro de las prisiones, dedicado integralmente a la alabanza religiosa. En los últimos años, la conversión se consolidó como una de las únicas vías de salida de la "vida del crimen" legitimadas por la población carcelaria paulista. Convirtiéndose, un preso se exime de sus querellas con el "crimen" y entra en sitios de convivencia, redes de sociabilidad y apoyo totalmente diversos.

En primer lugar, una mayor coordinación de las diversas actividades inherentes a la población carcelaria (sean legales o ilegales), la instauración de un código de conducta, de mecanismos autónomos de resolución de conflictos (internos y externos) acaban por promover mejores condiciones de vida en la precariedad. Son muchos los relatos que testimonian la reciente disminución de las muertes y conflictos en el interior del sistema carcelario, no obstante el continuo aumento de la población carcelaria.

En segundo lugar, la extrapolación de la facción hacia afuera, su marcada incidencia en mercados legales e ilegales, su notable capacidad de movilización de recursos, terminan por debilitar económicamente la red de familiares y amigos de presos que (a través del "jumbo", o por la corrupción) tenían una significativa parcela de sus parcas rentas alimentada por el sistema penitenciario. Además, no solo puede debilitar esas redes, sino pasa a apoyarlas, direccionando recursos para algunos de sus puntos más vulnerables.

Sin embargo, la "salida" de la precariedad a través de la estructuración de la facción también tiene sus costos para los presos. Principalmente, en lo relativo a un mayor compromiso con los "negocios del crimen" (la principal fuente de recursos de esa red), traduciéndose en una siempre presente posibilidad de prolongamiento de la pena, o de breve y amargo retorno a los precarios pabellones del sistema carcelario, o incluso la muerte precoz.

Sobre la misma precariedad constitutiva, y al lado de las redes ya citadas, otras dos redes sociales se estructuran, buscando minimizar, con los recursos que disponen y movilizan, el sufrimiento de sus integrantes presos: la de religiosos evangélicos y la del hip hop.

La red de religiosos evangélicos, los "creyentes", que viven un mundo cotidiano separado dentro de las prisiones, dedicado integralmente a la alabanza religiosa. En los últimos años, la conversión se consolidó como una de las únicas vías de salida de la "vida del crimen" legitimadas por la población carcelaria paulista. Convirtiéndose, un preso se exime de sus querellas con el "crimen" y entra en sitios de convivencia, redes de sociabilidad y apoyo totalmente diversos.

TRADUCCION: CAROLINA CASELLA/DESINFORMÉMONOS.ORG

Somos un medio de comunicación digital e impreso con cinco décadas de historia; nos hemos consolidando como uno de los sitios de noticias más visitados del Noreste de México.

Como medio multiplataforma, nos distinguimos por ofrecer contenidos confiables y de alta calidad, abarcando una amplia gama de temas, desde política y estilo de vida hasta artes y cultura. Además, ofrecemos artículos de análisis, entretenimiento y recursos útiles a través de formatos innovadores en texto, fotografía y video, que permiten a nuestros lectores estar siempre bien informados con las noticias más relevantes del día.

Nos enorgullece tener un equipo editorial compuesto por periodistas especializados en Derechos Humanos, Deportes y Artes.

Selección de los editores