Territorios palestinos se visten de Clown

Internacional
/ 3 noviembre 2010

"Nosotros lo que vemos en los talleres es que es una sociedad con una represión terrible y con mucha falta de cariño", dicen Ale y Javi, dos de los voluntarios.

Nablus, Palestina.- Han pasado apenas una semana en los territorios palestinos pero ya los conocen, los esperan y los persiguen por las calles de la ciudad a la que llegan. ¡Son ellos!, gritan los niños corriendo detrás esperando que las bolas de malabares, los juegos y la magia vuelvan a correr por los campos de refugiados y los rincones más castigados de una sociedad que arrastra y sigue dando a luz a generaciones sumidas en el trauma psicológico.

Los protagonistas de la historia son los niños, los jóvenes y las mujeres palestinas de Ramallah, Nablus, Jenin y Jerusalén Este. Los guionistas, cinco profesionales del "clown" españoles que durante quince días ofrecen voluntariamente talleres de clown, circo y risoterapia a modo de calentamiento para el Festival de clown palestino que tendrá lugar el año que viene.

¿Por qué la figura del clown? "El clown es un personaje que está abierto a todo. Es el símbolo de la persona que está siempre bien porque acepta lo que le está pasando. Le afectan las cosas, a veces está serio, decepcionado, pero no tiene vergüenza de enseñar sus frustraciones y al final se sobrepone a ellas", explica Oscar a sabiendas de que esa definición encaja perfectamente en el grupo de jóvenes entre 18 y 23 años con el que trabaja hoy en Nablus.

"Los niños y los jóvenes de la ciudad vieja de Nablus tienen traumas a causa de la ocupación israelí, algunos tienen pesadillas recordando las incursiones de noche  en sus casas, otros han visto a sus padres morir con sus propios ojos. La gran mayoría viven en un ambiente tenso y difícil y acaban desarrollando comportamientos violentos y problemas sociales", dice Ali Nobami, psicólogo del centro Human Supporters de Nablus. "Ellos nos han llenado de energía", añade.

Agilidad, ritmo, coordinación y capacidad de comunicación se ponen a prueba en cada taller. Juegos acompañados de frases y canciones inventadas sobre la marcha que acaban resultando en un particular cancionero popular sólo para "clowns" y que consiguen sacar en pocos minutos al niño y al payaso que todos llevan dentro, dejando de un lado a su personaje real y provocando risas y aplausos de los demás.

"La magia está en la mirada, aprender a comunicar lo que sentimos a través de ella", insiste Oscar a sabiendas de que muchos de los jóvenes que le escuchan sufren problemas de comunicación y pasarán un rato difícil cuando se coloquen una nariz roja y salgan a escena "sencillamente a mirar". "Se trata de conectar y crear un hilo que nos una a los demás con nuestros ojos", dice.

"Ejercicios como estos les hacen recuperar la alegría. Lo que vemos después de experiencias así es que los chicos se vuelven más sociales y más activos en la sociedad", dice el psicólogo Ali Nobami.

"Nosotros lo que vemos en los talleres es que es una sociedad con una represión terrible y con mucha falta de cariño", dicen Ale y Javi, dos de los voluntarios. "Aquí se tienen hijos porque hay una guerra demográficacon Israel, pero luego no se da a los niños la atención que necesitan. Nos hemos encontrado con chavales que no tienen ni saben lo que es la alegría", añade Javi.

"¿Cómo estás?", pregunta Javi a un niño del barrio de Silwan en Jerusalén Este. "Triste", responde el pequeño. "Bueno, hoy nos vamos a reír". "Sí, pero mañana estaré triste otra vez", sabe el niño.

"Llevo 20 años haciendo lo mismo todos los días y llevaba meses sin reírme", exclama una mujer palestina todavía excitada después de un taller de risoterapia en el campo de refugiados de Al Amari en la ciudad de Ramallah.

Estas dos reacciones son sólo algunos de los muchos recuerdos que Javi, Ale, Oscar, Claudia y Ernest se llevan de su paso por los territorios palestinos, donde casi nadie viene con el ánimo de arrancar sonrisas y sacar a los jóvenes de una rutina marcada por la desunión familiar, las restricciones al movimientos y a veces el maltrato o la explotación infantil.

Sus 15 días de talleres conforman la primera de las cuatro caravanas de clown que a lo largo de todo este año pasará por los territorios palestinos. Un proyecto coordinado por la organización gallega Pallasos en Rebeldía (Payasos en Rebeldía, en castellano) que ha dejado algo muy serio en los territorios palestinos: lágrimas de risa y sentido del humor.

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