Austria recuerda bicentenario luctuoso de Haydn

Internacional
/ 31 mayo 2009

    La Filarmonía Austro-Húngara interpretó en Eisenstadt el oratorio La Creación, como homenaje al compositor

    Viena.- El maestro húngaro Adám Fischer al frente de la Filarmonía Austro-Húngara Haydn rindió hoy en Eisenstadt un exquisito homenaje a Joseph Haydn (1732-1809), en el bicentenario de la muerte del genial compositor, con una magistral interpretación del oratorio La Creación.

    "Mi idioma se entiende en todo el mundo", ha sido la cita de Haydn elegida como lema de este evento, el punto culminante del jubileo 2009 de Haydn.

    Como solistas, en el papel del Arcángel, de Adam y de Eva, brillaron la soprano Annette Dasch, el tenor Christoph Strehl y el bajo barítono Thomas Quasthoff, todos ellos alemanes.

    Televisada a varios países por la emisora pública austríaca ORF, la interpretación de Fischer, sutil y aterciopelada, pero de ágil ritmo y llena de energía y amor al detalle, cosechó un entusiasta y prolongado aplauso del público.

    Para Fischer, La Creación es "la coronación" del rico legado de Haydn, que incluye 104 sinfonías, 18 óperas y 12 misas entre el total de más de mil 200 composiciones.

    "Cada vez que la interpreto, me alegro de vivir", señaló el maestro, un destacado especialista de la obra de Haydn, en declaraciones a la ORF tras el concierto.

    "Que esta obra, después de 200 años, siga teniendo un efecto tan fuerte prueba que es buena y revolucionaria al mismo tiempo", añadió el director de 59 años, que poco antes de la caída del Telón de Acero, en 1987, tuvo la idea de reunir a los mejores músicos de Hungría y Austria para dedicarse a la obra de Haydn.

    Fundó así, con miembros de la Filarmónica de Viena y de la Orquesta de Budapest, la llamada Filarmonía Haydn, al tiempo que lanzó el festival "Días Internacionales Haydn" que desde entonces se celebra cada año en septiembre, en el Palacio Esterházy, con músicos de primera categoría.

    En marzo de 1798, al frente de 400 músicos, Haydn estrenó personalmente y con gran éxito La Creación en el Teatro Real (Burgtheater) de Viena, y la obra fue desde entonces su "favorita".

    Tardó tres años en componerla, aparentemente inspirado en una visión que tuvo del universo tras contemplar planetas y estrellas desde un telescopio, y él mismo reconoció que rezaba a diario para poder llevar a buen término su propósito.

    El jubileo 2009 de Haydn pretende no sólo desempolvar muchas de las obras menos conocidas de este compositor, que ha pasado a la historia como "padre de la sinfonía y del cuarteto", sino destacar la importancia de su legado.

    Sus discípulos y amigos, especialmente Wolfgang Amadeus Mozart y Ludwig van Beethoven, lo admiraron y veneraron como su gran maestro e iniciador de la Escuela Clásica de Viena.

    Pero finalmente el esplendoroso brillo de éstos dos últimos genios dejó un poco a la sombra a Haydn.

    Injustamente, coinciden hoy todos los expertos, pues el autor del "Himno al Emperador" (cuya melodía conocen bien los aficionados al fútbol pues es el himno nacional de Alemania) no sólo allanó el camino a Mozart y Beethoven, sino que fue tan revolucionario que su influencia llega hasta nuestros días.

    "Definitivamente, fue renovador y revolucionario hasta el final. Fue un hombre muy inteligente y como tal acostumbraba a pensar por sí mismo y a cuestionar todo", señaló el director de orquesta austríaco Nikolaus Harnoncourt, abocado este año, entre otros, al monumental objetivo de interpretar todas las sinfonías de Haydn.

    Harnoncourt reconoció que la labor renovadora fue facilitada también por su mecenas y patrón, el Príncipe de Esterházy, un apasionado amante de la música que contrató al talentoso músico, dándole ingresos estables y una orquesta propia que le permitía experimentar libremente y no depender del éxito diario como le pasaba a muchos de sus colegas en la época.

    De familia modesta, hijo de un constructor y reparador de carruajes y de una cocinera, su talento fue descubierto pronto e inició a los 7 años, como niño cantor de la Catedral de Viena, una carrera que lo iba a convertir en el músico más famoso de su época, pues llegó a ser conocido desde Filadelfia a Calcuta.

    Haydn murió el 31 de mayo de 1809 a los 77 años de edad tras una larga enfermedad mientras Napoleón se apoderaba de Viena y sonaban los cañones de la guerra entre franceses y austríacos.

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