La producción de amapola se desploma 75% en el Triángulo Dorado
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La producción de amapola en el llamado Triángulo Dorado, región montañosa donde convergen los estados de Sinaloa, Durango y Chihuahua, habría registrado una caída de aproximadamente 75 por ciento
La caída de los cultivos de amapola en la región que históricamente ha sido uno de los principales bastiones del narcotráfico mexicano evidencia la profunda transformación del mercado de drogas.
El desplome, reportado por Milenio, ocurre en un contexto marcado por la pérdida de rentabilidad de la heroína, el avance del fentanilo y los cambios en las estructuras de producción del crimen organizado.
La producción de amapola en el llamado Triángulo Dorado, región montañosa donde convergen los estados de Sinaloa, Durango y Chihuahua, habría registrado una caída de aproximadamente 75 por ciento, de acuerdo con información publicada por Milenio los días 9 y 10 de agosto.
La magnitud del descenso resulta especialmente relevante porque esta zona ha sido durante décadas uno de los principales centros de cultivo de amapola en México y un territorio históricamente vinculado al Cártel de Sinaloa.
La amapola constituye la materia prima de la goma de opio, utilizada posteriormente para la producción de heroína. Sin embargo, el mercado de esta droga ha sufrido una transformación radical durante los últimos años, principalmente por el crecimiento de los opioides sintéticos, particularmente el fentanilo.
Un territorio históricamente ligado a la amapola
El Triángulo Dorado se extiende por zonas de la Sierra Madre Occidental en Sinaloa, Durango y Chihuahua. Su geografía accidentada, las grandes extensiones rurales y el difícil acceso han favorecido históricamente la presencia de cultivos ilícitos.
Informes anteriores de Naciones Unidas y del Gobierno mexicano identificaron precisamente esta región como una de las principales áreas de producción de amapola del país.
Durante décadas, la goma de opio representó una fuente importante de ingresos para productores rurales y organizaciones criminales. La cadena incluía la siembra, recolección de la resina, intermediación, procesamiento y posteriormente el tráfico de heroína hacia Estados Unidos.
Por ello, una reducción tan pronunciada de los cultivos no representa únicamente un cambio agrícola: puede ser un indicador de una transformación más amplia de la economía criminal en la región.
La heroína perdió terreno frente al fentanilo
Uno de los factores centrales para entender el fenómeno es el cambio en el mercado estadounidense de opioides.
El fentanilo es un opioide sintético que puede fabricarse sin depender de extensas superficies agrícolas de amapola. Esta característica representa una ventaja considerable para las organizaciones criminales: elimina buena parte de los riesgos asociados con la producción agrícola, como las condiciones climáticas, los ciclos de cultivo, la erradicación de plantíos y la necesidad de movilizar trabajadores hacia zonas serranas.
Un reportaje publicado recientemente por El País documentó cómo los cambios en el mercado de drogas norteamericano contribuyeron al deterioro del negocio de la amapola. El precio de la goma de opio habría descendido de manera drástica respecto de los niveles registrados durante la década de 2010, reduciendo los incentivos económicos para mantener los cultivos.
La misma investigación señala que el mercado mexicano de la goma de opio se vio afectado tanto por el crecimiento del fentanilo como por modificaciones en la estructura de comercialización de la producción.
El desplome no necesariamente significa el fin del narcotráfico
La caída de la amapola debe interpretarse con cautela.
Una reducción de los cultivos de esta planta no significa necesariamente una reducción equivalente de las actividades del crimen organizado. Las organizaciones criminales pueden abandonar determinados mercados mientras expanden otros.
De hecho, investigaciones recientes han señalado que el modelo criminal asociado al Cártel de Sinaloa ha evolucionado desde una economía basada en cultivos tradicionales hacia cadenas de producción y distribución de drogas sintéticas.
Milenio ha documentado este cambio al describir un nuevo eje del narcotráfico en el noroeste mexicano, integrado por Baja California, Sonora y Sinaloa, vinculado principalmente a las cadenas de distribución y producción de fentanilo.
Esto ayuda a explicar por qué la disminución de la amapola puede coexistir con una fuerte actividad del narcotráfico.
¿Una pérdida histórica para el Cártel de Sinaloa?
Si el descenso del 75 por ciento señalado por Milenio se confirma mediante datos oficiales o estudios independientes, representaría un golpe significativo para una de las actividades históricas vinculadas al Cártel de Sinaloa.
Pero el impacto económico debe analizarse dentro de la transformación general del mercado.
La organización criminal no depende exclusivamente de la amapola ni de la heroína. Durante años ha diversificado sus actividades y sus mercados, mientras que el tráfico de drogas sintéticas ha adquirido una importancia creciente.
Por ello, la disminución de la producción de amapola podría significar menos ingresos provenientes de la heroína, pero no necesariamente una pérdida proporcional del poder económico o territorial de las organizaciones criminales.
¿Por qué está cayendo la producción?
Hasta ahora, el dato del 75 por ciento debe manejarse con cautela porque no están suficientemente documentados, en la información pública disponible, el periodo exacto de comparación ni la metodología utilizada para calcular esa disminución.
Existen, sin embargo, varios factores que podrían contribuir al descenso:
1. La pérdida de rentabilidad de la goma de opio.Si el precio que reciben los productores disminuye considerablemente, sembrar amapola deja de ser una actividad tan atractiva.
2. El crecimiento del fentanilo.A diferencia de la heroína, el fentanilo no depende del cultivo de una planta. Esto permite a las organizaciones criminales reducir su dependencia de las zonas agrícolas de la Sierra Madre Occidental.
3. Las campañas de erradicación.Las autoridades mexicanas llevan décadas realizando operaciones para localizar y destruir plantíos de amapola. Históricamente, la erradicación ha sido una de las principales estrategias contra estos cultivos.
4. Cambios en las estructuras criminales.El control de la producción y comercialización puede modificar los incentivos de los campesinos. Cuando existen menos compradores o se impone un precio menos favorable, algunos productores pueden abandonar el cultivo.
5. Transformación del mercado internacional.El consumidor final y las organizaciones que abastecen el mercado estadounidense han ido desplazando parte de la demanda de heroína hacia opioides sintéticos.
El costo para las comunidades rurales
La caída de la amapola tampoco puede analizarse únicamente desde la perspectiva del narcotráfico.
Durante décadas, numerosas comunidades serranas han desarrollado economías informales alrededor de estos cultivos. En regiones donde existen pocas alternativas económicas, la producción ilícita puede convertirse en una de las principales fuentes de ingresos disponibles para las familias.
Por eso, cuando el mercado desaparece o pierde rentabilidad, el efecto puede trasladarse directamente a las comunidades.
Investigaciones recientes en Chihuahua han documentado además condiciones extremas de explotación laboral relacionadas con los cultivos ilícitos, incluidos casos de personas reclutadas o trasladadas bajo coerción para trabajar en zonas de producción.
La reducción de los cultivos, por tanto, podría tener efectos contradictorios: puede disminuir una actividad ilícita, pero también puede profundizar la crisis económica de comunidades que históricamente han dependido de ella.
Un cambio de modelo
Más que representar simplemente el final de la amapola, el desplome registrado en el Triángulo Dorado puede ser interpretado como el final de una etapa del narcotráfico mexicano.
Durante buena parte del siglo XX y principios del XXI, la imagen del narcotráfico en esta región estuvo estrechamente relacionada con los campos de marihuana y amapola, los productores serranos y la fabricación de heroína.
Hoy el escenario es diferente.
El mercado internacional de drogas se ha desplazado progresivamente hacia sustancias sintéticas que requieren menos superficie agrícola y pueden producirse de manera más flexible. Esa transformación reduce la importancia económica de determinadas zonas rurales sin eliminar necesariamente el poder de las organizaciones criminales.
El propio Milenio ha señalado que el antiguo Triángulo Dorado —Sinaloa, Durango y Chihuahua—, asociado históricamente con la amapola y la heroína, ha perdido parte de su centralidad frente a un nuevo eje relacionado con el fentanilo.
Lo que todavía falta por conocer
La caída de la amapola en el Triángulo Dorado constituye, en principio, una señal importante. Pero sería un error interpretar automáticamente el fenómeno como el debilitamiento general del Cártel de Sinaloa o del narcotráfico mexicano.
Lo que parece estar ocurriendo es algo más complejo: la economía criminal está cambiando de producto, de tecnología y de territorio.
La amapola fue durante décadas una pieza fundamental de ese modelo.
El fentanilo y otras drogas sintéticas han reducido su importancia y han hecho menos indispensable la producción agrícola tradicional.
Así, el dato del 75 por ciento podría terminar siendo recordado no solamente como una caída histórica de los cultivos de amapola, sino como uno de los indicadores más visibles de la transición entre el viejo negocio de la heroína y el nuevo modelo de drogas sintéticas.