México está lleno de peligros, afirma Carlos Salinas en su libro "La década Perdida"

Nacional
/ 4 mayo 2008

    México, D.F.- Carlos Salinas de Gortari, satanizado en los dos sexenios últimos, está de vuelta: describe al México actual en el desastre, rodeado por peligros, en medio de una gran polarización, y ante ello se pronuncia por dar "la batalla de las ideas", para que el país "retome el proceso de la modernización popular y soberanía".

    El llamado del ex presidente de México (1988-1994), es un replanteamiento de la ideología del liberalismo social ante el fracaso de lo que llama "la mancuerna perfecta" la alianza entre neoliberalismo y populismo autoritario.

    Cancelar "el gran viraje histórico" que significan esas dos tendencias que sepultaron su ideario de neoliberalismo social, es para Salinas de Gortari "una asignatura pendiente que reclama -escribe- un compromiso decidido, en las palabras y en los hechos, con las mejores causas históricas de México".

    En el libro "La Década Perdida", que sale a la luz pública en los próximos días, Salinas de Gortari expone "la urgencia de una nueva alternativa" para la modernización popular de México.

    El neoliberalismo que denuncia Salinas está representado en el texto por los ex presidentes Ernesto Zedillo Ponce de León y Vicente Fox Quesada, en tanto que el populismo autoritario está protagonizado por Andrés Manuel López Obrador.

    A sus dos sucesores Salinas no los menciona directamente en el libro, sólo mediante referencias de tiempo, lugar y papel, y por nombre, de manera indirecta, en citas de otras fuentes. En el caso de López Obrador, se refiere de manera expresa al ex jefe de Gobierno del Distrito Federal.

    Neoliberales y populistas, agrega, causaron entre 1995 y 2006 decepción, desesperanza y menos voluntad nacional, así como "una gran ansiedad por el destino de la próxima generación".

    En el epílogo de su libro menciona a los miles de mexicanos que realizaron esfuerzos honestos a favor de la nación, en los gobiernos que enjuicia y en los partidos políticos principales. "Fueron avasallados en sus nobles propósitos", expone.

    Ante el desencanto de la población, una meta es "recuperar la capacidad de creer y curar la vergüenza de haber tenido fe" en el trabajo y su valía.

    "La Década Perdida" es el segundo libro de Salinas en el autoexilio. En 2000 publicó "México; un paso difícil a la modernidad", una memoria de gobierno, del desastre financiero de las primeras semanas de su sucesor, el encarcelamiento de su hermano Raúl.

    Relata que en 1992, el PRI adopta el ideario de liberalismo social, "como la vía para promover las transformaciones sociales en el país", cuando ya se disputaban la nación las otras dos alternativas. Aquella es la quinta etapa de promoción de libertades y justicia social, explica, que arranca con los postulados de la Constitución de 1957.

    Finaliza el libro del 2000 con la perspectiva, que deposita en manos de las siguientes generaciones, "de construir una oportunidad para que se abra un nuevo capítulo del liberalismo social".

    En el texto, que estará pronto en las librerías, estudia lo ocurrido desde que dejó Los Pinos con base en teorías de politólogos; argumenta con base en informes de organismos, artículos periodísticos, entrevistas y registros hemerográficos de los acontecimientos.

    Lo que en el 2000 fue la apertura de un compás de espera, esta vez constituye un exhorto de Salinas:

    "Hay que volver a creer en nuestra capacidad cívico-política, es decir, en el futuro del país".

    En una sociedad desorganizada, la han reducido neoliberales y populistas, señala, "el camino `a la modernidad' será únicamente el de la dependencia extranjera".

    Ya no es posible ocultar el desastre en la economía, la sociedad, la política y en la moral. Y entonces revela una determinación: "Por eso se ha tenido que luchar y resistir".

    Salinas dice que la situación nacional obliga a aportar una "pronta respuesta", diferente del falso dilema, presente en el país desde 1995, de escoger entre el mercado y el Estado.

    El momento crucial del periodo que analiza Carlos Salinas es el "error de diciembre" de 1994, un problema mal manejado que, señala, se convirtió en la peor crisis económica y social desde la Revolución de 1910.

    La burocracia que falló antepuso su protección al salvamento de las familias, empresas y el interés superior de la nación, y al pedir ayuda al extranjero aceptó la imposición de políticas y dio "un viraje de proporciones históricas".

    Al lado de los neoliberales, los grupos tradicionalistas se abocaron a recuperar las cuotas de poder perdidas por las reformas salinistas. A ellos los llama la Nomenklatura del PRI, que se beneficia del populismo autoritario.

    Convierten a Salinas en chivo expiatorio de la crisis para conseguirlo, utilizan la justicia como una herramienta que declara inocentes y culpables a discreción.

    Otras víctimas de estos abusos son políticos, empresarios, luchadores sociales, comentaristas. Son prácticas habituales la fabricación de culpables, soborno a testigos, con el afán de encubrir errores que llevaron al país a sufrir consecuencias funestas, relata Salinas.

    Zedillo y Fox pactaron protección y alianza, tras la derrota del PRI en la elección presidencial del 2000. El presidente entrante encubrió desviaciones del periodo anterior, calló la crítica situación en que recibió al país por mantener la estabilidad macroeconómica; escondió el fracaso de la lucha contra la pobreza y en la educación.

    El encubrimiento con el que se engañó a la nación lo reveló Jorge Castañeda en enero de 2003, expone Salinas. Prefirieron el encubrimiento a un ajuste de cuentas, sentar las bases de un mayor crecimiento del país a partir de la conducción soberana de la nación.

    El binomio Zedillo-Fox dejó la herencia nociva del liberalismo: la fractura de la confianza de los mexicanos en sí mismos; el populismo autoritario de quien se comparó con Jesús, como Mesías, debilitó la organización popular. Y frustró, deplora, una alternativa moderna de izquierda.

    Con Zedillo aumentó la corrupción en el país

    Encubrir errores de los sexenios neoliberales de Ernesto Zedillo y Vicente Fox desencadenó el incumplimiento de la ley en la investigación de abusos y delitos en el Fobaproa, el ataque a la delincuencia común y organizada, mientras que el sistema de Justicia fue dominado por procuradores, jueces, magistrados ineptos para la defensa del estado de derecho.

    Autoridades y delincuentes están a la par en impunidad, en México, destaca el ex presidente Carlos Salinas de Gortari, en su revisión del estado de derecho, entre 1995 y 2006, el periodo, dice, neoliberal.

    Dicho tema forma el capítulo cinco del libro "La Década Perdida" y lo dedica "a la memoria de mi hermano Enrique", a quien Salinas de Gortari lo recuerda como una víctima del sistema de justicia viciado, que operó a la discreción de los fiscales y procuradores en turno.

    Sobresalen dos asuntos de impunidad en el estudio del ex presidente de la República: que México es el único país con rescate bancario sin castigo a los culpables, y la permisibilidad para que Andrés Manuel López Obrador actuara sobre la ley, cuando era dirigente en Tabasco y candidato a la jefatura del Gobierno del Distrito Federal.

    Advierte "descomposición de la procuración de justicia", y dice que se trata de uno de los resortes del disparo de la inseguridad y de la proliferación del crimen organizado.

    Los periodos sexenales de Zedillo y Fox fueron de procuradores con agendas políticas, manifiesta, y los acusa de haber promovido a los fiscales más corruptos y oportunistas.

    La impunidad, concluye Salinas, más que la pobreza o la falta de empleos, fue el factor que elevó la delincuencia en los dos gobiernos que analiza. La probabilidad de ser condenado por un delito es de 1%, la más baja del mundo.

    Los problemas del sector Justicia radican en la ineptitud de los procuradores, explica Salinas, los ministerios públicos y los jueves, como resultado de que "a lo largo de la década neoliberal hubo un atropello constante del Estado de derecho".

    La impunidad la ejemplifica Salinas de Gortari, con la intervención del gobierno federal para rescatar de la justicia a Andrés Manuel López Obrador, en dos ocasiones.

    Relata: en febrero de 1996, jueces federales fincaron cargos de despojo, sabotaje, conspiración y daño en propiedad ajena a 54 personas, por bloquear el campo petrolero Sen, en Tabasco. Finalmente, el gobierno central obligó a los impartidores de justicia a desistirse de los cargos. Y López Obrador salió en libertad.

    En el 2000, otra vez López Obrador, en el análisis de Salinas: el candidato del PRD al gobierno de la ciudad de México, no cumplía el requisito de residencia. Pese a ello, "el gobierno federal facilitó el registro ilegal de su candidatura.

    De allí la conclusión de Carlos Salinas de que hay "una singular alianza" entre López Obrador y Zedillo, por encima de la ley.

    `Es AMLO un populista autoritario'

    Andrés Manuel López Obrador es miembro de la Nomenklatura del viejo Partido Revolucionario Institucional (PRI), que defiende cuotas de poder real, asegura el ex presidente Carlos Salinas de Gortari, y sostiene que el tabasqueño, lejos de ser un político de izquierda, es un populista autoritario afecto a las prácticas más arcaicas del clientelismo.

    El caso de López Obrador es el de un populismo ejercido desde el poder, como jefe de Gobierno del Distrito Federal, de donde tomó recursos públicos para la promoción de su imagen, financiar su campaña por la Presidencia y, luego, el conflicto post electoral. Con todo ello, dañó al Partido de la Revolución Democrática (PRD).

    Salinas de Gortari dedica un capítulo al estudio de López Obrador, como gobernante de la Ciudad de México, con la premisa de que sus acciones de gobernante plasman su verdadera propuesta de nación.

    La tarea del gobierno de López Obrador se parece al "populismo barato", al equivalente de demagogia, comenta. Al lado del populismo ruso del siglo 19, o de los movimientos de masas de América Latina y México, anteriores a la Segunda Guerra Mundial, el que practica el tabasqueño, "resultaría un insulto", comenta. Es uno de los atrasados del hemisferio.

    La alternativa populista de López Obrador fue posible en México, por el desaliento que se manifestó en el periodo de Ernesto Zedillo, explica Salinas de Gortari.

    Una de las consecuencias de ejercer el populismo desde el poder, ha sido "el debilitamiento de la participación popular" y de su propio partido político.

    Es la primera vez que Salinas ocupa un amplio texto para referirse al ex candidato presidencial, quien escaló posiciones públicas con severas críticas a quien gobernó México de 1988 a 1994. En reciprocidad, Salinas insiste en que el tabasqueño perdió la elección de 2006 por sus propios errores.

    En análisis de Salinas sobre el perfil populista de López Obrador cubre las seis características que, anota, distinguen a los gobernantes de esa tendencia en América Latina en la segunda parte del siglo 20.

    Los gobernantes populistas, expone, llegan al poder en elecciones y desde el gobierno violan la ley y los animan deseos reeleccionistas.

    Debilitan a las instituciones, partidos y sociedad, ya que suplantan la voluntad popular mediante el maniqueísmo.

    En ese sentido, el actual líder del Frente Amplio Progresista es encuadrado por Salinas, como un hombre que desprecia al PRD, "que se formó en las tradiciones más ortodoxas del viejo PRI, como miembro de su nomenklatura".

    Se beneficia de intimidar adversarios, movilizar masas, con el uso de recursos públicos.

    En el alegato del complot amedrentó medios de comunicación, con la receta antigua de "plata o plomo", ya que dispuso de abundantes y no fiscalizados presupuestos.

    Para la movilización de simpatizantes en marchas y mítines del desafuero, campaña y conflicto posterior, dispuso de abundantes recursos financieros, que en parte provenían, expresa, de extorsiones a taxistas, vendedores ambulantes y de un "cochinito".

    El clientelismo del periodo de López Obrador se expresó en toda su magnitud en el creciente comercio ambulante de la ciudad de México y en los programas de vivienda.
    La dádiva de recursos públicos fue la política social, con mecanismo de control de los grupos populares que volvieron dependientes del PRD.

    Los beneficiarios de apoyos a la tercera edad eran citados a las manifestaciones de López Obrador y se les pasaba lista de asistencia; a la par brindaban apoyos a madres solteras, incapacitados, y se repartía leche para bebé y útiles escolares.

    Cada dádiva estaba vinculada a López Obrador y su partido, sin previo estudio de la condición de los beneficiarios, y de esos manejos no hubo rendición de cuentas. Todo quedó como "confidencial". La información de los grandes presupuestos de la ciudad de México fueron bloqueados como secretas, y se conoció, en el 2006, como la entidda más corrupta.

    De esa manera, el clientelismo que fomentó López Obrador fue similar a las peores épocas de del PRI, y con ello se "debilitó el capital social.

    El perfil populista se completa con símbolos de pureza, que esconden problemas y debilidades personales, y comportamientos de comparación con una especie de Mesías, con lo que copió uno de los más atrasados populismos de América Latina: el que se considera la encarnación de la voluntad popular, considera Salinas de Gortari.

    `Pemex casi en la quiebra'

    En el saldo de la década neoliberal figura Pemex prácticamente en la quiebra, debilitada "para facilitar su entrega", subraya el ex presidente Carlos Salinas de Gortari, al evaluar los que considera daños a la economía del país, entre 1995 y 2006, producidos por los gobiernos de Ernesto Zedillo Ponce de León y Vicente Fox Quesada.

    Culpa a su sucesor de ejecutar un proyecto que entregó a extranjeros áreas estratégicas, como lo es el sistema de pagos, y de haber cancelado las reformas indispensables para consolidar la modernización de México.

    Salinas compara el quebranto del Fobaproa con la pérdida de la mitad del territorio nacional, tras la intervención estadounidense de 1846-1847. A partir de 1995, señala, ya no perdimos territorio, pero el saqueo bancario se pagó con el presupuesto público.

    De Petróleos Mexicanos (Pemex) cuyo destino se encuentra en el debate político actual, Salinas expone cifras de su declive y concluye: "el valor contable de Pemex se volvió negativo durante el neoliberalismo".

    El estudio de Salinas apunta a que Pemex fue llevada al abismo, de manera sistemática por las direcciones de la paraestatal en los dos sexenios anteriores.

    La debilidad de Pemex reside en que paga elevados impuestos, y usa el resto en pago de sueldos, salarios e intereses, sin disponibilidad de recursos para inversión, en sus diversas áreas.

    Reporta que en su sexenio, la plantilla de trabajadores de Pemex se redujo en 100 mil puestos, pero con aumento en la producción. En una década se elevó el personal de Pemex y la productividad se estancó.

    "El debilitamiento de Pemex fue una política deliberada del neoliberalismo", aun cuando en 2005, en la última parte del sexenio de Fox, el petróleo representaba 40% de los ingresos del sector público, cuando al inicio de la administración, alcanzaban 23.5%.

    En ese sentido, se precipitó un incremento en la vulnerabilidad económica de México, por la dependencia de los ingresos petroleros, lo que llamó la atención del Fondo Monetario Internacional (FMI), en 2004. Y dos años después, el mismo organismo reiteró su enfoque de dependencia del petróleo con una nueva agravante: el agotamiento de las reservas probadas de hidrocarburos.

    "Las finanzas públicas dependen excesivamente de un flujo de ingresos petroleros incierto".

    Las ecuaciones se complican sise agrega el factor constante, desde 1995: la deuda derivada del "error de diciembre", que Salinas llama en su estudio "saqueo bancario".

    Retrocede la izquierda mexicana

    Retrocedió la construcción de una izquierda moderna y progresista en México, al adoptar las prácticas de un populismo alejado de las verdaderas luchas populares, durante el periodo del 2000 al 2006, asegura el ex presidente Carlos Salinas de Gortari en "La Década Perdida".

    El ex presidente ocupa un capítulo para estudiar el populismo y plantear si éste es una alternativa de progreso popular, lo cual descarta, al considerar esta tendencia como una expresión demagógica.

    Explica el surgimiento del populismo, como una respuesta a la década de resultados fallidos del neoliberalismo, en la que cundió el desánimo entre la población por la falta de progreso, seguridad, justicia.

    Surgió la alternativa de "acción dominante y omnipresente del Estado", en el gobierno de la Ciudad de México, que incurrió en el abuso de esta práctica en los campos económicos, políticos y sociales.

    El populismo mexicano, al inicio del siglo 21, "aspira al poder desde el poder", y en esa condición sus actores rechazan la esencia de sus acciones y se dicen de izquierda.

    Salinas de Gortari dedica una de las dos partes de su libro "La Década Perdida", a la revisión de los abusos desde el Estado.

    La investigación lo lleva a destacar que el grupo de dirigentes políticos que se apuntaló en el poder de la ciudad de México, entre 2000 y 2006, se formó en el populismo de los años setentas.

    El populismo mexicano fue determinante en la ideología del PRI y sus ideas de estatismo, corporativismo, control vertical de los movimientos populares.

    Para los populistas, la política era un medio de compra-venta de favores, de protección a favorecidos de la industria local, en un esquema de regulaciones excesivas, que favorecía pactos de grupos.

    En la época de los setentas, los populistas se apropiaron de las decisiones públicas, por medio de componendas privadas, y se vendían a intereses particulares, relata Salinas de Gortari, al detallar las formas de control de la Nomenklatura.

    En lo político, los populistas imponían la "democracia" desde el Estado, al promover liderazgos de caudillos y caciques. Para ellos, la justicia se alcanzaba mediante un estado grande y con acciones paternalistas. El pueblo era objeto y no sujeto del cambio. Ellos decidían qué y a quienes dar.

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